REDACCIÓN ELONCE
La principal avícola del país aplicó un esquema de reducción de jornadas y recorte salarial en sus plantas. La medida busca sostener el empleo en medio de una crisis financiera y productiva que afecta a toda la compañía.
La crisis en Granja Tres Arroyos impactó de lleno en la actividad y el salario de sus trabajadores, con un esquema de reducción de faena y recorte salarial que la empresa implementó para evitar despidos masivos en sus plantas.
La medida ya se aplicó en establecimientos clave como Concepción del Uruguay y La Lonja, donde se disminuyeron los días de trabajo semanales y se establecieron pagos parciales para las jornadas no trabajadas. El objetivo central fue sostener los puestos laborales en un contexto de fuerte deterioro económico y caída de la producción.
El esquema implicó un cambio significativo en la dinámica laboral: los empleados continuaron en actividad, pero con menos días de trabajo y una reducción directa en sus ingresos mensuales, lo que reflejó el impacto concreto de la crisis en la economía cotidiana de los trabajadores.
Reducción de jornadas y acuerdos con gremios
En la planta de Concepción del Uruguay, donde se desempeñaban cerca de 1.000 trabajadores, se acordó un régimen de cuatro días de actividad semanal. Como parte de ese esquema, los lunes no hubo faena y esa jornada se abonó al 65% del salario habitual.
El acuerdo se alcanzó tras negociaciones con los sindicatos y con la intervención de la autoridad laboral, en un contexto de tensión generado por atrasos salariales y la incertidumbre sobre posibles despidos. Como contrapartida al recorte, la empresa se comprometió a preservar los puestos de trabajo.
Además, asumió la obligación de cancelar los haberes adeudados correspondientes al mes de marzo, lo que había motivado asambleas y reclamos por parte del personal en las semanas previas.
Un modelo de ajuste sin despidos
La misma lógica se replicó en la planta de La Lonja, aunque con condiciones aún más restrictivas. Allí se implementó un esquema de tres días de trabajo por semana, con pagos del 50% del salario en las jornadas no trabajadas.
Este modelo no implicó suspensiones totales, sino una modalidad intermedia que permitió mantener el vínculo laboral, aunque con ingresos reducidos. Los gremios aceptaron estas condiciones bajo el criterio de priorizar la continuidad laboral frente a un escenario de posibles cesantías.
De esta manera, la crisis dejó de expresarse únicamente en la cantidad de trabajadores y comenzó a impactar en la calidad del empleo, con menos horas trabajadas, menor salario y un incremento de la incertidumbre en el sector.
Impacto financiero y caída de la producción
El ajuste laboral se dio en paralelo a una compleja situación financiera. La empresa acumuló alrededor de 1.200 cheques rechazados por más de $20.100 millones, mientras que otras firmas del grupo también registraron elevados niveles de incumplimientos.
En conjunto, las principales sociedades vinculadas a la compañía concentraron casi 2.000 cheques rechazados por más de $26.400 millones, lo que evidenció la magnitud del problema de liquidez que enfrenta el grupo empresario.
Este escenario ya había tenido consecuencias en la operación productiva: la empresa redujo su red de productores integrados y disminuyó el volumen de faena desde aproximadamente 700.000 pollos diarios a unos 200.000, marcando una fuerte retracción en la actividad.
Reestructuración y perspectivas del sector
En medio de este panorama, comenzaron a circular versiones sobre posibles movimientos dentro de la estructura del grupo, especialmente en torno a empresas vinculadas como Wade, relacionada con la ex Cresta Roja.
Aunque no hubo confirmaciones oficiales sobre operaciones concretas, los antecedentes de reestructuración —como el caso de Avex, donde la empresa cedió un inmueble y continuó operando bajo alquiler— alimentaron las expectativas sobre nuevas decisiones estratégicas para sostener la actividad.
La estrategia actual de la compañía apuntó a ganar tiempo mediante la reducción de costos y el sostenimiento del empleo, evitando un ajuste más drástico. Sin embargo, el margen de maniobra se presentó limitado frente a una crisis que ya afectó tanto la producción como los ingresos de los trabajadores.
La evolución del conflicto y la capacidad de la empresa para estabilizar su situación financiera serán claves para determinar si este esquema de ajuste transitorio puede sostenerse o si será necesario avanzar en medidas más profundas en el corto plazo.