REDACCIÓN ELONCE
A casi dos décadas de la tragedia del avión Learjet Tango 21, una travesía en moto une Paraná con La Paz, Bolivia, para rendir homenaje a los seis tripulantes fallecidos. Tres eran entrerrianos. Un hermano y un primo de uno de ellos compartieron su emoción con Elonce en pleno viaje.
La travesía comenzó como una idea lejana, casi imposible, y hoy es una realidad en marcha. Luciano y Damián Brondi emprendieron un viaje en moto desde Paraná hacia Bolivia con un objetivo profundamente personal: recordar a Javier Amílcar Brondi, de 36 años, uno de los seis tripulantes del avión Learjet Tango 21 que se precipitó el 9 de marzo de 2006 en La Paz. Aquel episodio marcó para siempre a sus familias y a toda la comunidad entrerriana.
El jueves 9 de marzo de 2006, el avión Learjet Tango 21 de la Fuerza Aérea Argentina, matrícula FAG 046 y perteneciente a la II Brigada Aérea de Paraná, cayó a tierra en el pueblo de Kallutaca luego de cumplir una misión que había trasladado al entonces ministro de Salud de la Nación, Ginés García. La aeronave formaba parte de un operativo humanitario y había demorado su retorno por problemas técnicos.
El accidente ocurrió pocos minutos después del despegue desde el aeropuerto militar de El Alto, en cercanías de La Paz, en Bolivia. En la tragedia murieron el capitán Fernando Javier Franco, el teniente primero Matías Norberto Simonetti, el suboficial principal Juan José Otero (Gualeguaychú), el suboficial ayudante Jorge Horacio Peralta (San Benito), el suboficial ayudante Enrique César Ricardo Aimino (árbitro de fútbol en Paraná) y el suboficial ayudante Javier Amílcar Brondi (Tabossi), todos con fuertes vínculos con Paraná, lo que generó un profundo impacto en la región. No hubo sobrevivientes.
Un recorrido a pulmón y con memoria
“Esto empezó como esas cosas que uno dice, ‘Algún día voy a hacer y más convencido de que no va a pasar nunca’”, relató a Elonce Damián, primo de Javier. La idea, que surgió entre recuerdos y charlas, tomó fuerza con el tiempo hasta transformarse en una decisión concreta. “Mi primo medio que se empacó y me dijo, ‘Vos venite que nos vamos’. Y ahí ya no hubo planificación ni nada. Me fui a Tabossi y salimos”, agregó señalando que el partió desde Santa Cruz.
La travesía se realiza en dos motos, Honda Twister 250 y Jawa Rvm 250, avanzando con prudencia y esfuerzo. “A pulmón”, resumieron, dando cuenta de que el viaje fue financiado con recursos propios y mucha voluntad. “Javier, además de haber sido un gran profesional y apasionado por la aviación, también un amante de del motociclismo”, recordó Damián.
El recorrido contempla atravesar varias provincias argentinas antes de cruzar a Bolivia. “La idea era llegar esta noche en Pirané, Formosa. y es más o menos 300 o 400 km todos los días para no cansarse”, señalaron, priorizando el sentido del viaje por sobre cualquier urgencia.
Emoción, recuerdos y promesas cumplidas
Para Luciano, hermano de Javier, la travesía tiene un significado difícil de expresar: “Y no se puede explicar. Es una cosa muy linda, una emoción muy grande y es como un alivio después”.
El recuerdo se mantiene vivo en cada detalle. “No era mi hermano, era un amigo para mí”, dijo, evocando momentos compartidos que hoy se resignifican en cada kilómetro recorrido.
Damián aportó una mirada íntima sobre el objetivo del viaje: “No vamos a cerrar nada porque no hay nada que cerrar. Vamos a cumplir algo que nos prometimos a nosotros mismos”. La aventura es así una forma de sostener la memoria desde el movimiento.
Es en ese espacio donde surgen las palabras no dichas, las charlas inconclusas y los vínculos que, lejos de romperse, siguen vivos de otra manera. Allí aparece la sensación que resume todo: “A veces todavía suelo sorprenderme imaginando conversaciones que me quedaron pendiente con él”, afirmó Damián.
Con una bandera familiar que será llevada hasta el lugar del accidente del avión Learjet Tango 21, el homenaje adquiere un valor simbólico profundo. “Yo calculo que me debe estar esperando mi hermano y va a estar orgulloso de todo esto”, expresó Luciano.