Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Internacionales Nuevo estudio científico sobre envejecimiento

Una bacteria intestinal podría explicar la pérdida de memoria con la edad

Un estudio publicado en Nature reveló que una bacteria intestinal puede alterar la comunicación entre el intestino y el cerebro, afectando la memoria durante el envejecimiento.

12 de Marzo de 2026
La pérdida de memoria y los intestinos
La pérdida de memoria y los intestinos

Un estudio publicado en Nature reveló que una bacteria intestinal puede alterar la comunicación entre el intestino y el cerebro, afectando la memoria durante el envejecimiento.

Una bacteria intestinal podría explicar la pérdida de memoria con la edad, según reveló un estudio científico publicado en la revista Nature. La investigación detectó que cambios en el microbioma intestinal afectan la comunicación entre el intestino y el cerebro, lo que termina deteriorando la capacidad de formar recuerdos.

 

El trabajo fue realizado por un equipo internacional de científicos que analizó el envejecimiento de ratones de laboratorio. Los resultados mostraron que, a medida que los animales envejecían, aumentaba la presencia de una bacteria específica llamada Parabacteroides goldsteinii, capaz de interferir en la señal que el nervio vago envía hacia el hipocampo, una región clave del cerebro para la memoria.

 

Los investigadores observaron que cuando esta comunicación se debilita, el hipocampo responde menos a estímulos nuevos. Como consecuencia, los animales presentan dificultades para reconocer objetos o recordar información reciente.

 

Experimentos que vinculan bacterias y memoria

Para comprender el fenómeno, los científicos realizaron una serie de experimentos con ratones jóvenes y viejos. En uno de los ensayos, colocaron animales jóvenes en las mismas jaulas que ratones envejecidos para analizar si el microbioma podía transmitirse entre ellos.

 

Tras un mes de convivencia, los ratones jóvenes comenzaron a mostrar problemas de memoria similares a los de los animales más viejos. En pruebas cognitivas, exploraban objetos nuevos y conocidos sin diferenciarlos y tardaban más tiempo en resolver laberintos.

 

Sin embargo, cuando los ratones jóvenes carecían de microbiota —es decir, no tenían bacterias intestinales— ese deterioro no aparecía, lo que permitió a los científicos confirmar que el efecto estaba relacionado con los microorganismos presentes en el intestino.

La bacteria que altera la comunicación con el cerebro

Los investigadores identificaron a Parabacteroides goldsteinii como una de las especies bacterianas que aumentan con la edad y se transmiten con facilidad entre animales. Cuando esta bacteria fue introducida en ratones jóvenes, su memoria se deterioró.

 

Por el contrario, cuando los científicos eliminaron la bacteria en ratones viejos mediante intervenciones dirigidas al intestino, el rendimiento cognitivo mejoró y los animales volvieron a comportarse como ejemplares jóvenes en las pruebas de memoria.

 

El estudio también detectó que esta bacteria produce metabolitos llamados ácidos grasos de cadena media, que funcionan como mensajeros químicos capaces de alterar la comunicación entre el intestino y el cerebro.

 

El papel del nervio vago en la memoria

Los investigadores observaron que estos compuestos provocan una reacción inflamatoria en tejidos cercanos al intestino. Ese proceso reduce la actividad del nervio vago, una de las principales vías de comunicación entre los órganos internos y el sistema nervioso.

 

Cuando la señal del nervio vago se debilita, el hipocampo se activa menos ante estímulos novedosos, lo que dificulta la formación de recuerdos.

 

El equipo científico comprobó que estimular artificialmente esa vía nerviosa podía revertir el problema. En algunos experimentos, bastó activar determinadas neuronas sensoriales para que los ratones recuperaran su memoria.

 

Posibles tratamientos en el futuro

Los científicos también probaron distintas estrategias experimentales para revertir el deterioro cognitivo. Entre ellas, utilizaron bacteriófagos —virus que atacan bacterias— para modificar el microbioma intestinal de los ratones.

 

Otra opción consistió en bloquear un receptor llamado GPR84, presente en células inmunes. Al inhibir ese receptor, los efectos negativos de los metabolitos bacterianos desaparecieron y la memoria de los animales mejoró.

 

Estos resultados sugieren que en el futuro podrían desarrollarse terapias que actúen sobre el intestino para tratar o prevenir problemas de memoria asociados al envejecimiento.

Qué podría ocurrir en humanos

Aunque el hallazgo abre nuevas posibilidades para comprender el envejecimiento cerebral, los investigadores advirtieron que los resultados todavía se limitan a modelos animales.

 

Si bien el circuito que conecta el intestino, el nervio vago y el cerebro también existe en los seres humanos, todavía se necesitan estudios clínicos para confirmar si los mismos mecanismos influyen en la memoria de las personas.

 

Los científicos consideran que futuras investigaciones podrían evaluar si modificar el microbioma intestinal, reducir ciertos metabolitos o estimular la señal nerviosa entre el intestino y el cerebro ayuda a preservar la memoria con el paso de los años.

Temas:

memoria envejecimiento microbioma intestinal Cerebro estudio científico bacteria intestinal
Seguí las noticias de Elonce.com en Google News Seguinos en Google News

Comentarios

Tu comentario ha sido enviado, el mismo se encuentra pendiente de aprobación... [X]
Avatar
600
Avatar
ver más
El comentario se encuentra deshabilitado

Denunciar comentario

Spam o contenido comercial no deseado Incitación al odio o a la violencia, o violencia gráfica Acoso o bullying Información errónea
Cancelar Denunciar
Reportar Responder
Tu comentario ha sido enviado, el mismo se encuentra pendiente de aprobación... [X]
Avatar
600
Respuestas
Ver más respuestas
Ver más comentarios
IMPORTANTE: Los comentarios publicados son exclusiva responsabilidad de sus autores Elonce.com se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes o discriminadores.

Teclas de acceso