Adolfo “Fito” Bernardes cumplió una promesa personal tras la recuperación de su hija Cecilia. Recorrió solo 615 kilómetros en bicicleta, desde Arrecifes hasta Miramar, como forma de agradecimiento por la vida y por un proceso que marcó a toda su familia.
Adolfo Bernardes tenía 74 años cuando decidió cumplir una promesa íntima, nacida en uno de los momentos más difíciles de su vida. Tras la recuperación de su hija Cecilia, que había sido diagnosticada con cáncer de colon, eligió agradecer con un acto concreto y exigente: recorrer en bicicleta 615 kilómetros, desde Arrecifes, Buenos Aires, hasta Miramar.
La travesía se extendió durante 14 días. Fito salió solo, con una bicicleta cargada con un pequeño horno de alcohol, algunas provisiones y una carpa. No se alojó en hoteles ni comió en restaurantes. Eligió dormir donde pudiera y avanzar a un ritmo constante, enfrentando el cansancio, el calor y la soledad de la ruta.
La historia familiar estaba atravesada por un antecedente doloroso. Cuarenta años atrás, el padre de Fito había muerto por cáncer de colon. Esa experiencia dejó una marca profunda y la convicción de realizar controles médicos periódicos. Por eso, cuando Cecilia cumplió 40 años, insistió en hacerse una colonoscopía, aun sin síntomas claros. El estudio reveló un tumor y cambió todo.
Mientras Cecilia ingresaba al quirófano, Fito revivió temores del pasado. Caminó durante horas por los pasillos del hospital hasta que el cirujano confirmó que la operación había salido bien y que el tumor estaba encapsulado. Ese alivio fue inmediato, pero también despertó en él la necesidad de hacer algo con esa experiencia.
La idea del viaje tomó forma con el paso del tiempo. Miramar no fue un destino elegido al azar: allí estaban los recuerdos de los veranos compartidos, de la infancia y la adolescencia de Cecilia, de una historia construida juntos. Durante dos años, mientras su hija atravesaba controles, tratamientos preventivos y estudios alentadores, Fito se preparó física y mentalmente.
El viaje fue austero. Comió lo que conseguía en almacenes de pueblos pequeños, se bañó pocas veces y durmió muchas noches a cielo abierto. Cada día implicó un esfuerzo adicional, sobre todo a su edad. Sin embargo, continuó avanzando, kilómetro a kilómetro, decidido a completar el recorrido.
Al llegar a Miramar, una sorpresa lo esperaba. Su hija, su hijo y sus nietas lo recibieron en la costanera con aplausos y carteles. El encuentro quedó registrado en un video que se volvió un recuerdo imborrable para la familia.
Hoy Cecilia tiene 42 años y los controles médicos son favorables. El temor no desapareció, pero la esperanza se mantiene firme. Fito cumplió su promesa: un gesto silencioso, físico y profundo, que transformó el agradecimiento en camino recorrido y en una historia que emocionó a todos.