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Sociedad La historia de Luis Medina y su sueño cumplido

A los 75 años se recibió de ingeniero y dejó una lección: “Todavía apuesto al futuro”

Luis Ángel Medina postergó durante décadas su sueño universitario por el trabajo y la familia. A los 75 años obtuvo el título de Ingeniero Civil en la UTN de Tucumán y ahora asegura que su próximo desafío será seguir estudiando.

27 de Junio de 2026
Ingeniería a los 75 años: la historia de Luis Medina.
Ingeniería a los 75 años: la historia de Luis Medina. Foto: (Infobae).

Luis Ángel Medina postergó durante décadas su sueño universitario por el trabajo y la familia. A los 75 años obtuvo el título de Ingeniero Civil en la UTN de Tucumán y ahora asegura que su próximo desafío será seguir estudiando.

La ingeniería a los 75 años dejó una historia de perseverancia que emociona e inspira. Luis Ángel Medina cumplió en diciembre de 2025 el sueño que había quedado inconcluso durante más de cuatro décadas: se recibió de Ingeniero Civil en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Tucumán. Rodeado por su esposa, hijos, nietos y bisnieta, celebró un logro que, según admite, todavía le cuesta creer. "Todavía apuesto a tener futuro", resumió, convencido de que el aprendizaje no tiene fecha de vencimiento.

El 12 de diciembre, tras defender su tesis, vivió el tradicional bautismo universitario entre huevos, harina y abrazos, igual que cualquier egresado. Sus compañeros, varias generaciones más jóvenes, lo incluyeron como uno más en una jornada que coronó un esfuerzo iniciado décadas atrás y atravesado por renuncias, sacrificios y segundas oportunidades.

 

En diálogo con Infobae, Medina recordó que debió abandonar los estudios apenas terminó la escuela primaria para ayudar económicamente a su familia. Sin embargo, nunca dejó de pensar que podía aspirar a algo más. "Siempre sentí que deseaba ser algo más que empleado y que no quería limitarme a un trabajo exclusivamente manual", afirmó.

 

Un sueño postergado por el trabajo y la familia

 

Mientras trabajaba descargando camiones en un depósito de golosinas y galletitas, decidió terminar el secundario en horario nocturno. A los 23 años obtuvo el título de perito mercantil, aunque pronto comprendió que las ciencias económicas no eran su verdadera vocación.

"Sentía que podía hacer algo más que simplemente trabajo físico. En ese momento era apenas un changarín, pero yo tenía otras aspiraciones", recordó. Esa inquietud lo llevó a inscribirse en Ingeniería Electrónica en la UTN.

 

Sin embargo, compatibilizar el estudio con largas jornadas laborales resultó imposible. Como sostén de familia, no podía abandonar el empleo. "Llegué hasta la mitad de tercer año y dejé. Agradezco lo que en ese tiempo me dio la universidad. Pero me concentré en el trabajo y ya las ideas son otras. Uno deja de pensar en un futuro profesional", explicó.

 

Una deuda que nunca desapareció

 

La historia volvió a repetirse pocos años después. Junto con su esposa —que también había iniciado una carrera universitaria— intentó nuevamente completar estudios superiores. Esta vez eligieron Ingeniería en Construcción.

"Nos iba muy bien, pero de nuevo apareció el tema económico. Eran años difíciles. Me resultó casi imposible seguir estudiando", relató. Aquella decisión significó renunciar, otra vez, a un proyecto personal para priorizar el bienestar de su familia.

 

Durante años trabajó en una empresa automotriz, manejó una combi de transporte de pasajeros y, más adelante, un taxi. Mientras tanto, la sensación de haber dejado inconclusa la universidad seguía acompañándolo. "Nunca olvidé lo aprendido en la facultad y siempre me rondaba el tema de haber dejado de estudiar como una deuda que tenía", confesó.

 

La conversación que cambió su vida

 

Ya jubilado, una pasajera del taxi terminó modificando su destino. La mujer viajaba con una pila de libros rumbo a la universidad y, al enterarse de que Luis había abandonado la carrera, le hizo una pregunta sencilla: "¿Por qué no la retoma? Si ahora tiene tiempo".

 

Aquella conversación quedó resonando durante semanas. "Como todo ser humano, tenía miedo, temores", admitió. El principal era sentirse fuera de lugar entre estudiantes mucho más jóvenes.

Finalmente regresó a la UTN, donde le reconocieron las materias aprobadas décadas atrás, aunque muchas debió volver a cursarlas como oyente para actualizar conocimientos. "Era mi deuda pendiente. Pero ahora no tenía la desesperación por llegar. Era un propósito personal", explicó.

 

El respeto de los jóvenes y el apoyo de los docentes

 

Contrariamente a sus temores, encontró una comunidad universitaria que lo recibió con afecto. "Mis compañeros eran todos veinteañeros. Pero me sentí un alumno más. Percibía el respeto que me brindaban todos", aseguró.

 

También destacó el acompañamiento permanente de los docentes, muchos de ellos profesionales que ejercían durante el día y enseñaban por la noche. "He recibido mucho apoyo de la gente de la facultad. Estoy agradecido a toda esa gente y a la vida. Tengo la suerte de haber llegado a esta edad con buena salud", expresó.

 

Incluso el tribunal que evaluó su tesis estaba integrado por antiguos compañeros de cursada de fines de los años 70, un detalle que transformó la defensa final en un emotivo reencuentro con su propia historia.

 

"La mente responde cuando se la exige"

 

Después de recibirse, Luis sostiene que el aprendizaje permanente es la mejor forma de mantenerse activo. "A la mente hay que exigirle. Si se le exige a la mente, ésta responde. Hay muchas cosas que suponía que no podría lograr, pero si uno le exige a la mente, se puede", reflexionó.

 

Reconoce que su trayectoria laboral, siempre ligada a resolver problemas concretos, contribuyó a mantener viva esa capacidad. "A mí no me gustaba el trabajo rutinario. Siempre me gustó mejorar las cosas, pensar, imaginar, resolver", afirmó.

 

Lejos de considerar cumplido su objetivo, asegura que todavía tiene nuevos desafíos. Uno de ellos será retomar el estudio del inglés y vencer otra barrera personal: incorporar las nuevas tecnologías. "Si usted se queda, se autolimita, lo pasan por encima", sostuvo.

 

Un mensaje para quienes creen que ya es tarde

 

Luis Ángel Medina asegura que su experiencia le permitió comprender que el principal obstáculo suele ser el miedo que uno mismo construye. "La persona no se tiene que poner límites. Cuando usted se pone límites se está encerrando. El conocimiento no tiene límites", afirmó.

 

Por eso, a quienes dudan de empezar una carrera o retomar un proyecto después de muchos años, les deja un mensaje sencillo. "Que se animen, que no tengan miedo. Hoy puedo decir que es maravilloso estar formado. Todavía me cuesta asimilar lo que hice porque, en forma inconsciente, yo también me ponía límites", reconoció.

 

Y concluyó con una reflexión que resume toda su historia y explica por qué, a los 75 años, continúa pensando en nuevos proyectos: "Hay que seguir estudiando. Eso nos mantiene vivos, hace que podamos tener sueños de futuro. Mi vida no ha terminado y voy a absorber todo lo que pueda".

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