Los científicos atribuyen la marca a la combinación entre el calentamiento provocado por la actividad humana y el fortalecimiento del fenómeno climático.
La superficie de los océanos alcanzó el pasado 22 de agosto una temperatura media diaria de 21,1 °C y estableció un nuevo récord global. El dato fue confirmado por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus y encendió nuevas alertas sobre la aceleración del calentamiento mundial.
La nueva marca superó los 21,09 °C registrados en marzo de este mismo año. El dato resulta particularmente excepcional porque los máximos de temperatura oceánica suelen producirse entre marzo y abril, después del verano en el hemisferio sur, y no durante agosto.
Los especialistas, que hablaron con Infobae, vinculan este escenario con la combinación del calentamiento global generado por las emisiones humanas y la intensificación de El Niño, patrón natural que eleva la temperatura del Pacífico tropical y altera las lluvias y las condiciones atmosféricas en distintas regiones.
El Niño podría seguir fortaleciéndose
Los modelos estacionales de la Organización Meteorológica Mundial y de la Oficina de Meteorología británica indican que El Niño podría ganar intensidad durante los próximos meses. Algunas proyecciones advierten que llegaría a niveles no observados en varias décadas.
El fenómeno se declara cuando las temperaturas del mar en el Pacífico tropical oriental se ubican al menos 0,5 °C por encima del promedio histórico. Su desarrollo modifica la circulación atmosférica y repercute en las temperaturas y precipitaciones a escala mundial.
Samantha Burgess, responsable estratégica de Clima del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo, explicó que el récord demuestra la creciente presión sobre los océanos. Además, aclaró que el fenómeno natural agrega calor a un sistema afectado por décadas de calentamiento de origen humano.
Las consecuencias del calentamiento oceánico
Los océanos desempeñan una función central en la regulación del clima porque absorben grandes cantidades de calor y dióxido de carbono. Cuando su temperatura aumenta, transfieren más energía y humedad hacia la atmósfera, lo que puede favorecer lluvias intensas y otros eventos meteorológicos extremos.
El calentamiento también genera la expansión térmica del agua y contribuye al aumento del nivel del mar. Este proceso incrementa el riesgo de inundaciones en comunidades costeras y amenaza especialmente a las pequeñas naciones insulares.
Además, las olas de calor marinas afectan arrecifes de coral, praderas submarinas y distintas especies. Según los especialistas, la cantidad de días con estos episodios se multiplicó por más de tres desde principios de la década de 1990.
Impacto sobre los ecosistemas y la alimentación
El deterioro de los ecosistemas marinos altera las cadenas alimentarias y reduce la productividad de actividades como la pesca y la acuicultura. A esta presión se suman otros problemas, entre ellos la contaminación y la sobreexplotación de los recursos.
El mar Mediterráneo también registró temperaturas excepcionales durante el verano de 2026. Una boya situada en la isla Dragonera, en Mallorca, marcó 33,02 °C, considerado el mayor registro documentado en aguas españolas.
Los científicos continuarán monitoreando la evolución de El Niño y de las temperaturas de los océanos para determinar si el aumento actual puede moderarse o si anticipa una tendencia todavía más intensa. Las próximas semanas serán decisivas para evaluar sus posibles impactos climáticos durante 2027.