La actriz, modelo y referente cultural falleció a los 92 años. Su trayectoria estuvo marcada por el éxito artístico, la militancia política, el exilio y una vida alejada de los privilegios. Su hija Juana Molina confirmó la noticia.
Murió Chunchuna Villafañe a los 92 años y con ella se apagó una de las personalidades más singulares de la cultura argentina. Modelo, actriz, militante social, arquitecta frustrada y referente de una generación, construyó una trayectoria que trascendió la belleza que la convirtió en un ícono de los años sesenta y setenta. La noticia fue confirmada por su hija, la actriz y cantante Juana Molina, a través de un emotivo mensaje publicado en redes sociales.
“Murió mi querida mamita. Era algo que esperaba y temía. Sucedió esta madrugada. Es un cocktail de sensaciones”, escribió Molina. En el mismo mensaje recordó las largas conversaciones que compartía con su madre y expresó el vacío que dejó su partida: “Cuando volví a su casa y vi su cama vacía me di cuenta de que la voy a extrañar mucho. Esa ausencia inmensa”.
La muerte de Villafañe cerró una vida atravesada por el arte, la política y una permanente búsqueda de autenticidad. A diferencia de muchas figuras de su tiempo, eligió alejarse de los estereotipos que la industria imponía y construyó una identidad propia, marcada por el compromiso social y una mirada crítica sobre la fama.
De la moda al compromiso social
Nacida como Elba Villafañe, provenía de una familia con raíces en el norte argentino y con figuras destacadas en la política y el arte. Su infancia estuvo marcada por los constantes traslados debido a la carrera militar de su padre, hasta que la familia se estableció definitivamente en Buenos Aires. Allí comenzó a desarrollar inquietudes culturales y políticas que la acompañarían durante toda su vida.
Siendo muy joven ingresó al mundo de la moda para ayudar económicamente a su familia. Su elegancia natural, su presencia y una personalidad distintiva la transformaron rápidamente en una de las modelos más reconocidas de la Argentina. Fue protagonista de campañas publicitarias que quedaron grabadas en la memoria colectiva y compartió proyectos con figuras internacionales como el actor italiano Ugo Tognazzi.
Sin embargo, mientras cosechaba éxitos en pasarelas y avisos publicitarios, desarrolló una fuerte conciencia social. Durante los años setenta colaboró con la obra del sacerdote Carlos Mugica en la Villa 31 y profundizó su identificación con el peronismo. Para Villafañe, esa tarea comunitaria tenía un valor mucho más profundo que los contratos millonarios que recibía en el ámbito publicitario.
Militancia, censura y exilio
Su compromiso político tuvo consecuencias directas sobre su carrera. En 1972 integró el histórico vuelo que acompañó el regreso de Juan Domingo Perón al país después de 17 años de exilio. Aquella participación la ubicó entre las figuras públicas identificadas con el movimiento peronista en un contexto de creciente tensión política.
Junto al padre Mugica, Marilina Ross, Leonardo Favio, Rodolfo Ortega Peña y Juan Carlos Gené, formó parte de una delegación que quedó asociada a uno de los momentos más trascendentes de la historia política argentina. Años después recordaría que fue el propio Perón quien la invitó a integrar aquella comitiva.
La llegada de la última dictadura militar modificó radicalmente su vida. Perseguida por sus posiciones políticas, debió abandonar el país junto al cineasta Fernando “Pino” Solanas, con quien compartía una relación sentimental y una visión ideológica común. Primero residieron en Madrid y luego en París, donde transitaron los años del exilio.
El reconocimiento en el cine
Aunque inicialmente alcanzó notoriedad como modelo, Villafañe desarrolló una sólida carrera actoral. Participó en películas emblemáticas del cine argentino y logró consolidarse como una intérprete respetada, lejos de cualquier encasillamiento vinculado a su imagen.
Uno de los momentos más importantes de su trayectoria llegó en 1985 con su participación en La historia oficial, dirigida por Luis Puenzo. La película se convirtió en la primera producción argentina en obtener el premio Oscar a Mejor Película Extranjera y abordó las consecuencias de la última dictadura militar, una temática que Villafañe conocía desde la experiencia personal.
Su actuación en ese film le valió reconocimientos internacionales, entre ellos el premio a Mejor Actriz de Reparto en el Festival de Cine de Chicago. Más tarde continuó participando en producciones cinematográficas, televisivas y teatrales, destacándose también en ciclos como Mujeres asesinas y Tratame bien.
Una vida alejada de los reflectores
En las últimas décadas eligió una existencia mucho más reservada. Se instaló en una amplia casa de Florida Oeste, en el partido bonaerense de Vicente López, diseñada por ella misma y remodelada en numerosas ocasiones. Allí desarrolló una intensa actividad vinculada a la decoración, la arquitectura y la jardinería, publicó La Nación.
Madre de Juana e Inés Molina, mantuvo una estrecha relación con sus hijas y con su nieta Francisca. Sus últimos años transcurrieron en ese hogar rodeada de recuerdos, libros, plantas y objetos que reflejaban su personalidad independiente y creativa.
En 2024, Juana Molina había contado públicamente que su madre padecía afasia de expresión, una condición que dificultaba su comunicación verbal, aunque conservaba el reconocimiento de sus seres queridos. “Ella vive en su casa, que es el lugar donde le gusta estar”, había relatado la artista.
El legado de una mujer libre
La figura de Chunchuna Villafañe trascendió las pasarelas, las cámaras y los escenarios. Fue parte de una generación que marcó una época en la publicidad y el modelaje argentino, pero también supo desafiar los límites que la sociedad imponía a las mujeres de su tiempo.
Su historia combinó éxito profesional, militancia política, compromiso social, exilio y una permanente búsqueda de coherencia personal. Nunca se identificó con el glamour superficial que muchas veces acompañó a la fama y eligió construir una vida guiada por sus convicciones.
Con su fallecimiento desapareció una protagonista fundamental de la cultura argentina contemporánea. Quedó el recuerdo de una artista talentosa, una mujer comprometida y una personalidad que eligió vivir lejos de las convenciones, fiel a sí misma hasta el final.