REDACCIÓN ELONCE
La violencia en internet y el impacto que tiene en la participación pública en redes sociales quedó reflejado en el informe Silencios Digitales, una investigación presentada por la organización DataGénero que analiza cómo los ataques, insultos y amenazas online generan autocensura en miles de personas. El estudio reúne datos, análisis y visualizaciones que buscan comprender de qué manera la violencia digital condiciona lo que usuarios y usuarias deciden publicar.
Según explicó Ivana Feldfeber, directora ejecutiva de DataGénero, el fenómeno va más allá de comentarios aislados y termina moldeando el comportamiento de quienes utilizan redes sociales. “Fue un relevamiento bastante amplio en todo el país. Hicimos un esfuerzo para tener representación de todas las provincias y que sea un estudio más federal”, aseguró a Elonce.
La investigación, basada en encuestas y análisis de experiencias en plataformas digitales, revela que muchas personas limitan lo que comparten en redes por miedo a recibir ataques, críticas agresivas o campañas de hostigamiento.
Autocensura y violencia en redes
Uno de los principales hallazgos es la presencia creciente de autocensura entre usuarios de redes sociales. De acuerdo con Feldfeber, el problema se vincula directamente con el clima de violencia que domina muchas plataformas.
“Hay mucha autocensura a la hora de publicar, sobre todo contenidos más políticos o temas que tienen que ver con opiniones. Mucha gente termina limitándose a subir alguna foto a Instagram o cosas en Twitter o Facebook”, detalló.
La directora de DataGénero explicó además que este fenómeno no afecta únicamente a mujeres o personas del colectivo LGBT, aunque sí se registra con mayor intensidad en esos grupos.
“Se amplía bastante más a muchos grupos, porque hoy en día funciona mucho esto de ‘funar’ o ‘escrachar’ a la gente por algo que subió: un video, una foto o un comentario”,señaló.
Acoso, amenazas y exposición pública
La investigación también señala que las agresiones en internet adoptan diversas formas, desde insultos hasta prácticas más graves como la exposición de datos personales.
“Vemos que, dentro de mujeres, niñas, adolescentes y personas LGBT, eso está un poco más acentuado, y las repercusiones tienen que ver justamente con aleccionar a las mujeres y a las diversidades. También ‘doxearlas’, que quiere decir poner su dirección públicamente para que la gente les mande amenazas”.
Feldfeber remarcó que muchas veces estas situaciones no son percibidas por las víctimas como violencia, lo que contribuye a que el problema permanezca invisibilizado.
“Hay mucha gente que no lo registra como violencia y se trata de violencia de género digital”, remarcó.
Mujeres expuestas y abandono de redes
Silencios Digitales también detectó que las mujeres con mayor exposición pública, como periodistas, influencers o dirigentes políticas, enfrentan niveles de acoso mucho más altos.
“Las mujeres que están expuestas públicamente en los medios, en la televisión o políticamente, también sufren un nivel de acoso que no es comparable con los hombres”.
En muchos casos, estas situaciones terminan provocando que las personas abandonen las plataformas o dejen de participar en debates públicos.
Falta de mecanismos efectivos de denuncia
Otro de los puntos críticos señalados por la investigación es la falta de herramientas eficaces para denunciar situaciones de violencia digital dentro de las propias plataformas.
“Nos encontramos con que la mayoría no denuncia porque los métodos de denuncia pocas veces llevan a algo. Las plataformas no tienen mecanismos tan aceitados de denuncia y cuidado”, sostuvo.
Según Feldfeber, aunque las redes sociales cuentan con sistemas para bloquear usuarios, estos mecanismos resultan insuficientes frente a agresores que pueden crear nuevas cuentas o utilizar otras plataformas para continuar con el hostigamiento.
“Vos podés bloquear un usuario, pero si después la misma persona se abre otra cuenta, aunque tenga la misma dirección IP, esa persona te puede hablar”, dijo.
Deepfakes y la exposición de menores
También se alerta sobre los riesgos derivados de las nuevas tecnologías, como las imágenes y videos generados mediante inteligencia artificial, conocidos como deepfakes. Feldfeber señaló que muchas veces estas herramientas se utilizan para poner rostros de niñas y adolescentes en contenidos sexuales, generando un daño directo a las víctimas.
“En muchos casos que niñas y adolescentes ven su rostro puesto en un video porno o en imágenes similares. La comunidad, la escuela e incluso sus familias terminan culpando a la víctima, que no hizo nada”.
La directora de DataGénero enfatizó que esta dinámica no solo reproduce violencia digital, sino que también genera consecuencias en la vida real, ya que la vergüenza y la culpa se destinan a la víctima, mientras quienes crean o difunden el contenido quedan impunes.
Por eso, a nivel institucional, no solo en la legislación, “es importante perfeccionar los mecanismos para proteger a estas víctimas y poder afirmar con claridad que esto es grave y puede arruinar la vida de muchísima gente o, incluso, llevarlas al suicidio”, añadió.
Datos que revelan la magnitud del problema
El relevamiento incluyó principalmente a mujeres y personas LGBT de distintas provincias del país y arrojó cifras contundentes sobre el impacto de la violencia digital.
“Relevamos a mujeres y personas LGBT. Fueron alrededor de 1500 que respondieron válidamente la encuesta, y vimos que tres cuartas partes de ellas, es decir, un 76% aproximadamente, no se sienten libres de publicar en redes lo que quieren”.
El informe también detectó que muchas personas no identifican como violencia situaciones que sí lo son, lo que contribuye a naturalizar el problema.
“Más de la mitad de esas personas dijeron: ‘Yo nunca sufrí violencia digital de género.’ Pero, cuando empezábamos a preguntar un poco más sobre violencias de género más específicas, alrededor del 70% dijo que sí”, relató.
Para la organización, visibilizar estas situaciones es clave para avanzar en políticas públicas, legislación y herramientas tecnológicas que protejan a las víctimas.
“Porque sea digital no quiere decir que no sea real. Eso es algo que queremos mostrar también. El silencio digital es parte del silencio real”, concluyó.
Al informe se puede acceder en Silencios Digitales.