El Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), impulsado por el Gobierno nacional para fomentar inversiones productivas en pequeñas y medianas empresas, recibió una valoración positiva de empresarios y especialistas, aunque también surgieron críticas vinculadas a los requisitos para acceder a los beneficios fiscales.
El esquema, vigente desde marzo y aún pendiente de reglamentación operativa por parte de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, contempla medidas como amortización acelerada en el impuesto a las Ganancias y devolución anticipada del crédito fiscal de IVA para inversiones en bienes de capital, tecnología y obras productivas.
Economistas y referentes pyme consultados por La Nación coincidieron en que el régimen representa una señal favorable para la inversión y mejora el flujo de caja de las empresas, aunque señalaron que los montos mínimos exigidos y el plazo de dos años para ejecutar las inversiones limitan el alcance de la herramienta.
Los requisitos establecidos contemplan inversiones mínimas de US$150.000 para microempresas, US$600.000 para pequeñas empresas y hasta US$9 millones para medianas tramo II. Solo algunas actividades vinculadas al agro quedaron exceptuadas de esos pisos, publicó La Nación.
El economista y empresario pyme Gustavo Lázzari consideró que el principal atractivo del RIMI es la amortización acelerada, ya que permite reducir el impacto del impuesto a las Ganancias durante los primeros años de la inversión.
En la misma línea, el asesor tributario Nicolás Boglione explicó que el régimen no implica una baja de impuestos, sino un adelanto del recupero fiscal que mejora la rentabilidad inicial de los proyectos y facilita la incorporación de tecnología y maquinaria.
Especialistas también destacaron la devolución anticipada del IVA como una herramienta relevante para reducir el capital inmovilizado en créditos fiscales, una problemática histórica para las pymes argentinas.
Desde el Fundación Mediterránea, el economista Marcos Cohen Arazi sostuvo que el régimen aparece en un contexto de relativa normalización financiera y dinamismo en sectores como minería, agro e hidrocarburos, aunque advirtió que las decisiones de inversión siguen condicionadas por la situación económica general.
Sin embargo, referentes industriales y empresarios pyme cuestionaron que el RIMI no modifique estructuralmente la presión tributaria. Guillermo Fasano afirmó que los beneficios son apenas “un alivio financiero temporal” y marcó diferencias con el RIGI, que otorga mayores garantías y estabilidad a grandes inversores.
El presidente de Industriales Pymes Argentinos, Daniel Rosato, cuestionó especialmente los montos mínimos exigidos para microempresas y sostuvo que muchas industrias manufactureras atraviesan una caída de actividad que dificulta concretar inversiones de esa magnitud.
Por su parte, el consultor Daniel Scandizzo señaló que el régimen mejora la liquidez de corto plazo, pero no resuelve el problema estructural del acceso al financiamiento. Además, advirtió que existen zonas grises respecto de inversiones en activos intangibles como software y patentes.
El analista económico Damián Di Pace consideró que el volumen de adhesiones podría ser limitado debido a las exigencias del esquema y propuso reducir los montos mínimos para incorporar a microempresarios y pequeños proyectos tecnológicos.
Otro de los cuestionamientos se centra en la incertidumbre sobre los cupos presupuestarios destinados a la devolución de impuestos, ya que dependerán de las partidas aprobadas en cada ley de presupuesto, lo que podría afectar la previsibilidad del régimen.
En ese contexto, la directora de Inteligencia de Mercado y Negocios de ABECEB, Soledad Pérez Duhalde, sostuvo que el RIMI debe entenderse como una herramienta financiera puntual y no como una solución integral para las pymes.
Según explicó, el régimen podría funcionar mejor en empresas ordenadas, con acceso a capital propio y proyectos concretos de expansión, aunque estimó que su impacto será “más selectivo que masivo” debido a las restricciones actuales.