Mientras la mayoría de las personas duerme, una panadera japonesa de 84 años ya está encendiendo los hornos de la panadería que fundó junto a su esposo hace 55 años. Su historia, retratada por el canal Japanese Food Craftsman, conmovió a miles de personas al mostrar el esfuerzo cotidiano que realiza para mantener abierto el negocio familiar.
Cada sábado, su jornada comienza antes de la medianoche y se extiende durante más de 12 horas, aunque asegura que en ocasiones llega a trabajar hasta 20.
"Definitivamente trabajo al menos 12 horas al día. A veces incluso 20", contó durante el documental.
Antes de abrir el local a las cinco de la mañana, prepara la masa, hornea, fríe salchichas, arma sándwiches y elabora entre 300 y 400 piezas diarias de unos 25 productos diferentes. Entre ellos se destacan panes de curry, hamburguesas, bollos de crema y éclairs, que vende a precios muy bajos para los estándares actuales.
Mantiene precios bajos pese al aumento de los costos
La propietaria explicó que, pese al incremento del precio de los huevos y otras materias primas, decidió conservar valores accesibles para sus clientes.
"Desde la época de mi esposo, hemos usado buenos ingredientes pero mantenido los precios bajos", afirmó. Reconoció que puede sostener esa política porque el local es propio y no debe afrontar gastos de alquiler.
Sin relevo generacional
La continuidad del negocio preocupa a la panadera. Sus nietos no tienen interés en continuar con el emprendimiento familiar, aunque ella asegura que seguirá trabajando mientras su salud se lo permita.
"Mis nietos no parecen interesados en hacerse cargo de la tienda. Así que planeo seguir haciéndolo mientras pueda. Mientras tenga salud."
Los vecinos continúan acompañando el comercio. Durante la grabación, una clienta regresó después de veinte años y destacó que casi no quedan panaderías tradicionales como esa.
El documental también muestra a la mujer repartiendo pan en una guardería del barrio y atendiendo personalmente a cada cliente, mientras el teléfono no deja de sonar con pedidos y consultas.
Aunque duerme apenas unas horas y admite que el dolor en las manos muchas veces no la deja descansar, asegura que no piensa retirarse. "Es mejor mantenerse activo. Quedarse quieto no es bueno para el cuerpo. Por eso sigo trabajando", concluyó.