Sociedad

Cambio demográfico: especialista alertó por su impacto en el empleo y el sistema previsional

La especialista en derecho previsional Andrea Falcone explicó a Elonce que Argentina atraviesa un acelerado envejecimiento poblacional. Advirtió sobre los desafíos para las jubilaciones, el empleo y la vivienda, pero sostuvo que el fenómeno puede convertirse en una oportunidad.

12 de Agosto de 2026
Andrea Falcone, abogada y especialista en derecho previsional, dialogó con Elonce.

REDACCIÓN ELONCE

El cambio demográfico en Argentina comenzó a modificar las reglas sobre las que durante décadas se organizaron el empleo, las jubilaciones, la educación y hasta la vivienda. La combinación entre una mayor expectativa de vida y una fuerte caída de la natalidad aceleró el envejecimiento de la población y abrió interrogantes sobre cómo sostener económicamente una sociedad con cada vez más adultos mayores.

 

Andrea Falcone, abogada y especialista en derecho previsional, explicó a Elonce que durante mucho tiempo el envejecimiento fue observado como un fenómeno propio de Europa o Asia. Sin embargo, remarcó que Argentina atraviesa actualmente una transformación particularmente rápida.

 

“Pensábamos que el cambio demográfico era algo que estaba pasando en Europa, China o Japón y nos desayunamos con que es un tema muy importante en Argentina”, señaló Falcone. Según explicó, el fenómeno se produjo porque “vivimos muchos más años y nacen muchos menos niños”.

 

“Cambian completamente las reglas del juego”

 

La especialista sostuvo que el envejecimiento argentino se produjo a una velocidad especialmente significativa dentro de América Latina. Sus consecuencias, indicó, no quedaron limitadas al sistema jubilatorio, sino que comenzaron a extenderse hacia prácticamente todos los ámbitos de la organización social y económica.

 

“Impacta en los sistemas previsionales, en el trabajo, en la cantidad de generaciones que tenemos hoy coexistiendo, porque tenemos de forma inédita seis generaciones en la sociedad y hasta cinco en los trabajos. También impacta en la salud”, enumeró.

 

Para Falcone, una mayor longevidad representa inicialmente una buena noticia, pero advirtió que esos años adicionales necesitan estar acompañados por condiciones económicas, sanitarias y sociales adecuadas. “Si me sumás 30 años más de vida, para mí es una buena noticia. Ahora, si no tengo cómo financiar esos 30 años, si no tengo buena salud y si no logro mantenerme incorporada a la sociedad porque me discrimina por ser grande, deja de ser una buena noticia”, afirmó.

 

Del modelo de tres etapas a vidas más extensas

 

Uno de los principales cambios, según explicó, estuvo relacionado con la manera tradicional de organizar el ciclo vital. Durante décadas predominó un esquema relativamente lineal: educación durante la juventud, trabajo durante la adultez y jubilación en la vejez.

 

“Fuimos criados pensando que teníamos una vida en tres etapas donde estudiábamos, trabajábamos y nos jubilábamos. Esas reglas cambiaron porque se sumaron 30 años más de vida”, indicó.

 

El problema, planteó Falcone, fue que mientras las personas comenzaron a vivir más tiempo, muchas de las instituciones continuaron funcionando bajo estructuras diseñadas para una sociedad diferente. Esa situación quedó reflejada, entre otras cuestiones, en las dificultades habitacionales que atraviesan actualmente numerosos adultos mayores.

 

La especialista señaló que todavía existe una generación de jubilados con un elevado nivel de vivienda propia, pero consideró que esa realidad podría modificarse sustancialmente en las próximas décadas. “Tenemos una generación de personas mayores donde más del 80% son propietarias. Eso no va a pasar en las generaciones que siguen”, anticipó.

 

El desafío de financiar una vida más larga

 

A esa situación se sumaron los cambios en las estructuras familiares. Falcone recordó que durante años parte del cuidado de los adultos mayores descansó sobre los hijos y otros integrantes del núcleo familiar, un esquema que también comenzó a transformarse por la menor cantidad de hijos y las nuevas dinámicas sociales.

 

Por ese motivo, consideró necesario avanzar hacia un rediseño integral que contemple cómo financiar la longevidad, dónde vivirán las personas durante la vejez y qué lugar ocuparán dentro del mercado laboral.

 

Falcone forma parte de The Shift, una organización dedicada al análisis de estas transformaciones. “El cambio más importante que está ocurriendo ahora no es el tecnológico, es el demográfico. Imaginate una sociedad donde tenés muchas más personas mayores que personas jóvenes: cambian todas las reglas”, sostuvo.

 

El empleo después de los 50 años

 

Otro de los ejes centrales estuvo puesto sobre el mercado laboral. La especialista cuestionó las estructuras empresariales que concentran oportunidades de capacitación, ascenso y desarrollo profesional en trabajadores jóvenes, mientras reducen progresivamente las posibilidades para quienes superaron determinada edad.

 

“Tenemos que dejar de pensar que después de los 50 años la gente entra como en un letargo profesional”, afirmó. Según describió, numerosos trabajadores comenzaron a experimentar dificultades incluso antes de alcanzar la edad jubilatoria.

 

“Después de los 50 años, si no te quedaste sin trabajo, empezás a sentir que piensan que quedaste obsoleto. Generalmente las formaciones y la educación son para los empleados más jóvenes. Cuando vamos cumpliendo años es como que ya no hay más plan de carrera”, explicó.

 

Para Falcone, esa lógica deberá modificarse frente al envejecimiento de la fuerza laboral. “Todos los países de la OCDE van a estar duplicando la cantidad de personas mayores de 60 años trabajando y para eso las empresas se tienen que preparar”, aseguró.

 

Autoempleo y reconversión profesional

 

Mientras las compañías avanzan lentamente en esa adaptación, Falcone destacó que el autoempleo se convirtió en una alternativa para numerosos trabajadores mayores de 50 años que encontraron dificultades para reinsertarse laboralmente.

 

“Después de los 50 años, si no puedo conseguir trabajo, hay que buscar la forma de generar mis propios recursos: un emprendimiento, poner una franquicia, ser consultor o cambiar de profesión”, ejemplificó.

 

La especialista consideró, no obstante, que la respuesta no debería recaer exclusivamente sobre decisiones individuales. El fenómeno requiere políticas de capacitación permanente, mecanismos para evitar la discriminación por edad y estrategias empresariales capaces de aprovechar la experiencia acumulada por los trabajadores.

 

En ese sentido, advirtió que relegar a quienes atravesaron los 50 años no solamente representa un problema laboral para esas personas, sino que también puede implicar la pérdida de conocimientos y capacidades dentro de las propias compañías.

 

Menos nacimientos y menos estudiantes

 

El descenso de la natalidad constituye el otro componente decisivo de la transformación. Falcone señaló que sus consecuencias comenzarán a observarse cada vez con mayor claridad en ámbitos como la educación y posteriormente en el mercado de trabajo.

 

La especialista sostuvo que quienes administran instituciones educativas deberían incorporar las proyecciones demográficas dentro de su planificación. “El que maneja un colegio o una universidad no puede seguir gestionando sin entender que en los próximos cinco años va a tener 25% menos de alumnos”, advirtió.

 

La misma lógica, indicó, debería alcanzar a las áreas de recursos humanos. “Alguien que maneja recursos humanos en una empresa no puede no conocer que la natalidad cayó 40% y seguir enfocándose solamente en el empleo joven y en los empleados jóvenes”, expresó.

 

Según Falcone, desconocer esa transformación podría tener consecuencias económicas concretas para las organizaciones. “Se está perdiendo un gran caudal de trayectoria y experiencia que le va a impactar en el bolsillo y en la utilidad de la compañía”, remarcó.

 

Una transformación más rápida que en Europa

 

Falcone puso especial énfasis en la velocidad con la que América Latina atraviesa el proceso de envejecimiento. La diferencia con las economías desarrolladas, sostuvo, estuvo fundamentalmente en las condiciones económicas desde las cuales cada región enfrentó la transición.

 

“En Latinoamérica es donde el cambio demográfico del envejecimiento poblacional está ocurriendo más aceleradamente y está ocurriendo sin riqueza acumulada”, explicó.

 

Y sintetizó la diferencia con una comparación: “Europa envejeció en 30 años con riqueza acumulada; nosotros lo estamos haciendo en 10 y sin riqueza acumulada. Entonces, el desafío es mucho más grande”.

 

Esa característica obliga, según su análisis, a anticipar respuestas sobre jubilaciones, salud, vivienda, educación, productividad y empleo antes de que el cambio en la estructura poblacional profundice las tensiones existentes.

 

El desafío para los gobiernos

 

Consultada sobre la incorporación de esta problemática a la agenda pública, Falcone consideró que los gobiernos suelen estar absorbidos por necesidades inmediatas, lo que dificulta la planificación de transformaciones de largo plazo.

 

“Los gobiernos están enfocados en la coyuntura. Están preocupados si hay una marcha de jubilados, si hay un paro docente, y a veces eso no está dejando lugar para planificar cosas tan trascendentales como cómo vamos a responder a este cambio demográfico”, planteó.

Cambio demográfico: cómo afecta en el empleo y el sistema previsional

 

Como contraste, mencionó que otras regiones comenzaron a colocar la longevidad y el envejecimiento en el centro de sus estrategias de desarrollo. Para la especialista, Argentina debería avanzar en esa misma dirección mediante una articulación entre el Estado, las empresas y la sociedad civil.

 

“Enfrentar un cambio de esta magnitud no lo hace una organización ni un gobierno solo. Lo hacen las empresas, los gobiernos, las personas y los medios. Lo hacemos todos juntos”, concluyó Falcone.

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