REDACCIÓN ELONCE
Con 98 años, Noemí “Nené” Borgobello, maestra de toda la vida, escribió su propio libro en una residencia y se convirtió en un ejemplo de vitalidad, memoria y ganas de vivir.
En la residencia Nuestro Hogar de Paraná, Noemí “Nené” Borgobello, de 98 años, demuestra que la edad no es un límite cuando hay curiosidad y ganas de seguir activa. A pesar de haber sufrido una caída que derivó en una operación de cadera, continúa transitando sus días con energía y entusiasmo. “Me tuvieron que operar y todavía no camino sin el andador”, contó a Elonce.
Lejos de detenerla, la recuperación la impulsó a iniciar un nuevo proyecto personal: escribir su propia historia. “Muchas veces he pedido que me den algo para no aburrirme, he hecho sopas de letra o crucigramas. Esta última vez dije, ‘Voy a escribir mi vida’”, relató. Así comenzó un recorrido íntimo que reconstruye su identidad, sus raíces familiares y su trayectoria. “Empecé contando cómo me llamaba, quiénes eran mis padres. Los padres de mi madre eran suizo-franceses que llegaron a Esperanza”, recordó con una memoria que sorprende por su claridad.
Una vida activa que desafía el paso del tiempo
A lo largo de la entrevista, “Nené” deja en evidencia una personalidad inquieta, marcada por el hacer constante. “Me gusta hacer de todo. He cocido, he tejido, he hecho croché con dos agujas y todo”, comentó.
Aunque actualmente su movilidad es reducida, encuentra maneras de mantenerse ocupada.
Su historia laboral también forma parte de su libro. Fue docente, taquígrafa y dactilógrafa, y desarrolló su carrera en distintas localidades. “Empecé a ir a la Escuela Normal, porque yo soy maestro y tuve mucha suplencias en Paraná y después en Ramírez”.
El valor de mantenerse en movimiento
“Nené” también cultivó el arte y la expresión a lo largo de su vida. Participó en teatro y coro durante años, además de desarrollar habilidades en pintura y costura. “Aquel cuadro fue pintado por mí”, dijo con orgullo.
Incluso hoy, sigue colaborando con quienes la rodean.
Su mensaje es claro y directo para quienes atraviesan la vejez. “Siempre he mirado para adelante. No hay que quedarse sin hacer nada, hay que tratar siempre de tener algo para hacer”, afirmó.
Con la mirada puesta en el futuro, se acerca a los 100 años con deseos simples pero profundos: “No sentirme mal y que haya paz en el mundo”. Mientras tanto, sigue disfrutando de la vida a su manera, fiel a su filosofía: mantenerse activa, mirar hacia adelante y nunca dejar de hacer.