REDACCIÓN ELONCE
Elonce dialogó con el presidente de FARER, Sergio Dalcol, quien advirtió riesgos sanitarios, económicos y operativos tras modificaciones en el plan de vacunación contra la aftosa implementadas por el SENASA.
La vacunación contra la aftosa generó fuerte preocupación en el sector ganadero luego de que el SENASA implementara cambios en el esquema sanitario nacional, una decisión que fue cuestionada por la Federación de Asociaciones Rurales de Entre Ríos (FARER), según explicó su presidente, Sergio Dalcol.
El dirigente rural sostuvo que las modificaciones introducidas en los últimos meses afectan tanto la planificación como el control sanitario del rodeo, en un contexto donde Argentina mantiene el estatus de país libre de fiebre aftosa con vacunación.
“El SENASA planteó dos modificaciones en los últimos 60 días aproximadamente”, señaló Dalcol, al detallar que los cambios impactan directamente en el calendario y en la operatoria del sistema de vacunación.
Cambios en el calendario y las categorías
En primer lugar, el titular de FARER explicó que el organismo nacional modificó el esquema tradicional de vacunación, que hasta el año pasado se desarrollaba en dos etapas: una en marzo-abril para todo el rodeo y otra en octubre-noviembre para categorías específicas.
Según indicó, el nuevo esquema eliminó la vacunación de ciertas categorías de animales mayores, una medida que contó con el acompañamiento del sector. Sin embargo, el principal cuestionamiento surgió por el adelantamiento de la campaña destinada a terneros.
“Retrotrayendo la fecha del mes de octubre al mes de junio, lo cual implicaba una serie de desaciertos que nosotros se lo comentamos en más de una oportunidad”, afirmó Dalcol.
Este cambio, explicó, genera dificultades logísticas, ya que se superpone con la campaña anterior y deja fuera del sistema a numerosos animales, que deben ser vacunados de manera individual con mayores costos para los productores.
Riesgos en la trazabilidad y control sanitario
Otro de los puntos críticos señalados por FARER fue la habilitación para que veterinarios particulares puedan aplicar vacunas por fuera del sistema tradicional, gestionado por fundaciones y entes sanitarios.
“Se perdería la trazabilidad absolutamente completa que se tiene por parte del SENASA a través de estos entes y fundaciones”, advirtió Dalcol, quien cuestionó la capacidad del organismo para fiscalizar esta nueva modalidad.
En ese sentido, remarcó que el sistema vigente permite un control integral del estado sanitario del rodeo, algo que podría verse comprometido si se fragmenta la ejecución de la campaña.
Además, alertó que esta flexibilización podría derivar en un esquema “burocrático” sin controles efectivos, lo que incrementaría el riesgo sanitario a nivel nacional.
Antecedentes y consecuencias de un brote
Dalcol recordó que el último brote importante de fiebre aftosa en Argentina ocurrió hace aproximadamente 20 años en Corrientes y tuvo consecuencias graves para el sector. “Fue en Corrientes, pero rápidamente se diseminó por varios puntos del país y nos costó muchísimo la pérdida de mercado”, afirmó.
A partir de esa experiencia, el dirigente sostuvo que cualquier modificación en el sistema debe evaluarse con extrema cautela, ya que un eventual rebrote podría impactar directamente en las exportaciones de carne.
En esa línea, cuestionó la falta de beneficios concretos en los cambios impulsados y advirtió que podrían responder a presiones internas dentro del propio sector productivo.
Comparación con otros países y estatus sanitario
El presidente de FARER también analizó la situación regional y comparó el modelo argentino con el de países vecinos. Explicó que Uruguay y Paraguay mantienen esquemas de vacunación similares y continúan accediendo a mercados internacionales sin inconvenientes, lo que refuerza la postura de sostener el sistema actual.
“Nosotros no vemos ningún tipo de beneficio, porque todos los mercados a los que accedemos hoy los tenemos con el estatus de libres con vacunación”, señaló.
En contraste, mencionó que Brasil comenzó recientemente a dejar de vacunar, una estrategia que implica riesgos sanitarios significativos, mientras que Bolivia también abandonó el esquema en un contexto de menor peso productivo.
Costos, logística y impacto en productores
Dalcol remarcó que los cambios generan complicaciones operativas y aumentan los costos, especialmente por la necesidad de realizar vacunaciones individuales fuera del cronograma habitual. “Eso aumenta significativamente los costos que por otro lado, los termina pagando el productor”, explicó.
Además, señaló que en Entre Ríos las fundaciones también gestionan la vacunación contra la brucelosis, por lo que las modificaciones podrían dejar animales sin cobertura sanitaria integral.
El dirigente insistió en que el sistema actual permite optimizar recursos y garantizar eficiencia, algo que podría perderse con la nueva modalidad.
Dificultades en la planificación de la campaña
Otro aspecto crítico es la planificación de la campaña de vacunación, que se vería afectada por la incorporación de veterinarios privados fuera del sistema. Dalcol explicó que las fundaciones contratan anualmente a unos 300 vacunadores en la provincia y deben organizar la logística con anticipación, incluyendo la aprobación de costos por parte de los productores.
“Esto nos deja solamente un mes para rearmar la estrategia”, advirtió, al señalar que el nuevo esquema reduce los márgenes de organización.
Según indicó, esta situación podría generar desajustes en la implementación de la campaña y afectar la eficiencia del sistema sanitario.
Expectativas y posible revisión
En cuanto al diálogo con las autoridades, Dalcol confirmó que existen canales abiertos con el SENASA y que el organismo planteó la posibilidad de revisar las medidas en futuras campañas. “Ellos plantearon que lo podrían rever para la próxima campaña en función de cómo resulte esta”, sostuvo.
No obstante, insistió en que desde FARER no se comprenden los fundamentos técnicos del adelantamiento de la vacunación y reiteró la necesidad de reconsiderar la decisión.
Finalmente, expresó la preocupación del sector por la falta de una visión global del estado sanitario del rodeo, lo que podría derivar en riesgos a mediano y largo plazo. “Estamos muy preocupados porque no vamos a tener una visión global de cómo está la situación de la ganadería”, concluyó.