Una joven española de 25 años que está parapléjica, recibirá la eutanasia tras una espera de más de un año ante las trabas judiciales interpuestas por su familia.
El caso de la española Noelia Castillo Ramos puso en agenda el alcance del derecho a morir dignamente. Es que la joven de 25 años, en situación de paraplejia y con un cuadro clínico irreversible, anunció que recibirá la eutanasia este jueves 26 de marzo, luego de más de un año y medio de trabas judiciales impulsadas por su propio padre, en contra de la decisión.
La prestación había sido autorizada en julio de 2024 por la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña, pero el proceso quedó frenado por la intervención de la organización ultracatólica y conservadora Abogados Cristianos, que llevó el caso a distintas instancias judiciales en representación del padre de la joven.
En las últimas horas, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) rechazó el recurso final del padre de Noelia, lo que terminó de despejar el camino para la aplicación de la eutanasia. Previamente, tanto el Tribunal Supremo como el Tribunal Constitucional de España ya habían avalado la legalidad del procedimiento.
“Quiero irme ya en paz y dejar de sufrir y punto”, expresó Noelia en una entrevista con el programa "Y ahora Sonsoles" de Antena 3, donde también reafirmó que nunca dudó de su decisión: “Lo tenía muy claro desde el principio”.
El dictamen que autorizó la práctica concluyó que la joven presenta una condición “no recuperable”, con “dependencia grave, dolor y sufrimiento crónico e imposibilitante”, en línea con los requisitos que establece la legislación vigente desde 2021 en España.
Una familia dividida ante la eutanasia
Durante el proceso, uno de los puntos más sensibles fue la división familiar. Su padre, Gerónimo Castillo, se opuso de manera persistente y llevó el caso a la Justicia, mientras que su madre, aunque en desacuerdo, decidió acompañarla. “Si ella no quiere vivir, yo ya no puedo más”, manifestó.
Noelia permaneció internada gran parte de este tiempo en una residencia de Sant Pere de Ribes, desde donde transitó el proceso judicial.
En sus declaraciones, también describió el impacto físico y emocional de su estado: “No tengo ganas de nada, ni de salir, ni de comer, ni de hacer nada, y dormir se me hace muy difícil”.