REDACCIÓN ELONCE
La falta de controles sobre compresores y recipientes sometidos a presión volvió al centro del debate tras una explosión. Ingenieros del CIEER explicaron a Elonce los riesgos y reclamaron que avance una ley provincial: “Hay que actuar antes”.
La falta de controles sobre compresores y recipientes sometidos a presión volvió a generar preocupación en Entre Ríos luego de la explosión registrada recientemente en una gomería. Desde el Colegio de Ingenieros Especialistas de Entre Ríos (CIEER) advirtieron que este tipo de accidentes podía prevenirse mediante mantenimiento e inspecciones profesionales periódicas y reclamaron que avance un proyecto de ley provincial que regula esos equipos.
Los ingenieros Celso Beltrame y Hugo Lust, representantes del CIEER, explicaron a Elonce que la institución impulsaba desde hacía años una normativa destinada a establecer verificaciones técnicas sobre tanques de aire, calderas y otros recipientes sometidos a presión. La iniciativa había atravesado diferentes instancias, pero, según señalaron, continuaba sin tratamiento legislativo.
“Llevamos adelante hace unos años el impulso de la promulgación de una ley de recipientes sometidos a presión”, explicó Beltrame. El profesional remarcó que se trataba de equipos que, por trabajar con presión interna, podían ocasionar accidentes de magnitud ante fallas estructurales. “Si hubiera controles y un análisis de todos esos tachos hecho por personas competentes, podríamos evitar un montón de estos accidentes”, sostuvo.
Un proyecto que busca establecer controles periódicos
El proyecto apuntó a crear un sistema provincial de verificaciones periódicas y certificaciones técnicas. De acuerdo con los especialistas, las inspecciones deberían estar a cargo de profesionales matriculados con conocimientos específicos sobre este tipo de instalaciones.
“Justamente el proyecto lo que establece son las normas para poder hacer las verificaciones periódicas. Eso lo tiene que hacer un profesional matriculado, un ingeniero especialista en el tema”, explicó Lust. A partir de esos estudios, añadió, se emitiría un certificado para establecer las condiciones del recipiente y determinar su vida útil.
Los representantes del Colegio subrayaron que el alcance de una eventual regulación iría mucho más allá de talleres mecánicos o gomerías. Las mismas condiciones de riesgo podían presentarse en establecimientos industriales, comercios y otros lugares donde funcionaran depósitos de aire comprimido o calderas. “Esta ley está pensada en la seguridad, en realidad, para toda la sociedad”, afirmó Lust.
El riesgo que puede permanecer oculto dentro de un tanque
Una de las principales advertencias estuvo vinculada con un fenómeno cotidiano y poco visible: la acumulación de agua dentro de los depósitos de aire. El funcionamiento del sistema produce condensación y, cuando el líquido no es eliminado adecuadamente, puede iniciar un proceso progresivo de corrosión.
“El agua que tiene adentro, que es producto de la condensación del aire, lo va corroyendo. Va trabajando, va trabajando y por ahí puede explotar con solamente tener un poco de presión”, explicó Lust al analizar el funcionamiento de estos recipientes.
El especialista aclaró además que un tanque podía representar un peligro aunque el compresor estuviera apagado en el momento del accidente. La presión podía permanecer almacenada dentro del recipiente y actuar sobre sectores debilitados por la corrosión. Por eso, remarcó que detener el equipo no necesariamente eliminaba el riesgo cuando existían problemas estructurales.
Una medida sencilla que puede reducir los riesgos
Frente a ese escenario, los profesionales hicieron hincapié en una práctica sencilla: eliminar periódicamente el agua acumulada. “Lo que hay que hacer es un mantenimiento simple, o sea, purgarlo diariamente”, indicó Lust.
“Con que se purgue diariamente o se le coloque un purgador automático, ya tiene el 90% de la seguridad garantizada con eso”, sostuvo el ingeniero. Sin embargo, aclaró que ese mantenimiento cotidiano debía complementarse con controles periódicos capaces de detectar corrosión, pérdida de espesor, problemas en válvulas y otras anomalías que no resultaran visibles para los usuarios.
Otro aspecto que buscaron desmitificar fue la relación directa entre antigüedad y peligrosidad. Según Lust, no necesariamente un tanque más viejo estaba en peores condiciones que otro relativamente nuevo. “Hay tachos que por ahí a los cinco años ya están en condiciones para descartarlos y algunos que están 20 años en perfectas condiciones. ¿Por qué? Porque se les hizo el mantenimiento adecuado”, explicó.
La dimensión de una eventual explosión
La energía acumulada dentro de estos recipientes también explicó la preocupación de los especialistas. Según indicaron durante la entrevista, la explosión de un depósito de aire podía provocar una onda expansiva con consecuencias varios metros alrededor del punto donde se encontraba instalado.
“Todo el daño que puede hacer un tacho de esos puede tener una onda expansiva que llegue a 20 metros”, señaló Lust. En el caso de una caldera, agregó, las consecuencias podían alcanzar dimensiones todavía mayores debido a las características del vapor contenido bajo presión.
“Una caldera puede llegar hasta 100 metros porque es mucho más peligrosa, porque trabaja con vapor”, explicó. Las cifras fueron planteadas por el profesional para dimensionar por qué el control de estos dispositivos no debía considerarse únicamente una cuestión de seguridad laboral: una falla podía alcanzar a personas, viviendas o establecimientos ubicados alrededor.
El largo recorrido del proyecto de ley
El reclamo del Colegio de Ingenieros Especialistas tenía varios años de antecedentes. Beltrame recordó que existió una primera iniciativa legislativa que finalmente perdió estado parlamentario. Posteriormente, la entidad retomó el texto y avanzó en una revisión técnica.
“El proyecto tuvo una presentación hace cinco o seis años atrás y perdió estado parlamentario. Nosotros recuperamos el proyecto, lo hicimos revisar por el INTI, lo hicimos revisar por organismos nacionales y nos basamos en leyes que ya están funcionando en otras provincias”, relató.
Según precisaron los representantes del CIEER, hubo una nueva presentación en 2022 y otra instancia en septiembre de 2024. Sin embargo, cuestionaron la falta de avances. “Lo volvimos a presentar y ese proyecto está durmiendo en un cajón”, lamentó Lust.
Cada equipo requiere una evaluación diferente
La propuesta no estableció un único plazo de inspección para todos los recipientes. Beltrame explicó que la periodicidad debía definirse según las características, antigüedad y condiciones particulares del dispositivo. “El proyecto de ley habla de un control de acuerdo a la característica y edad del equipo, tanto sea el tanque de un compresor, el depósito de un compresor, como podría ser una caldera o cualquier dispositivo”, señaló. En determinadas circunstancias, indicó, las revisiones podrían realizarse cada uno o dos años.
Lo fundamental, insistió, era mantener una continuidad. “Debe mantener la periodicidad, o sea, no se puede dejar en el olvido un tanque de estas características”, sostuvo. Esa revisión profesional debía coexistir con el mantenimiento diario indicado por el fabricante o establecido en el registro técnico del equipo.
Entre Ríos y una regulación pendiente
Los ingenieros también plantearon la situación provincial dentro del contexto de la Región Centro. Según indicaron, las otras dos jurisdicciones que integran ese espacio junto con Entre Ríos ya contaban con legislación vinculada a los recipientes sometidos a presión.
“Entre Ríos forma parte de la Región Centro. Las otras dos provincias sí tienen leyes. Nosotros nos estamos quedando un poquito atrás en ese aspecto”, manifestó Beltrame.
Para el profesional, el rol del Colegio debía estar vinculado directamente con la protección de la comunidad mediante el control del ejercicio profesional. “La función principal del Colegio de Ingenieros, al cual nosotros con Hugo representamos, es el control de las actividades de los profesionales hacia la sociedad”, señaló y aclaró: “Nosotros bregamos por la seguridad de la sociedad”.
“Hay que actuar antes”
El accidente reciente funcionó para los especialistas como una nueva advertencia sobre las consecuencias que podía tener la ausencia de prevención. Beltrame sostuvo que una vez producida una explosión ya no existía ninguna medida técnica capaz de revertir sus consecuencias.
“¿Qué podemos hacer sobre este tanque que ya explotó? No se puede hacer nada. Entonces, vayamos antes”, expresó. Explicó que desde la ingeniería podían realizarse mediciones, revisar parámetros técnicos, comprobar instrumentos y verificar que los sistemas de seguridad estuvieran correctamente instalados y funcionando.
El ingeniero resumió el planteo con una advertencia que buscó trasladar la discusión desde la reacción posterior hacia la prevención: “Cuando pasa una cosa así, nos agarramos de los pelos. Hay que actuar antes, me parece. No esperemos un Cromañón”. Para el CIEER, el desafío quedó planteado en evitar que otro accidente vuelva a poner en evidencia una regulación que, según sus representantes, Entre Ríos todavía tiene pendiente.