Una decisión tomada en cuestión de minutos evitó una tragedia de enormes dimensiones en Nepal. Rajendra Dawadi, director de la escuela secundaria Tribhuvan Trishuli, ordenó evacuar a unos 900 estudiantes apenas 10 minutos antes de que una inundación arrasara las instalaciones.
El desastre afectó al distrito de Nuwakot, donde las inundaciones provocaron una enorme destrucción y dejaron, según los reportes citados por BBC, al menos 794 muertos y unas 2.426 personas desaparecidas.
Dawadi contó que recibió cuatro llamados de alerta alrededor de las 9:10 de la mañana, provenientes de distintas personas que advertían sobre la llegada de una inundación de gran magnitud.
Ante esas advertencias, decidió no esperar confirmaciones oficiales y ordenó inmediatamente que los alumnos abandonaran la escuela y se dirigieran hacia zonas más elevadas.
También dispuso que los autobuses escolares que transportaban estudiantes regresaran para alejarse del área que podía quedar cubierta por el agua.
“Si no hubiéramos tomado una decisión rápida, si hubiéramos tardado 10 minutos más, ninguno de nosotros, incluidos los alumnos y yo, podría hablar con ustedes hoy”, relató el director.
Las señales que alertaron al director
Una de las advertencias llegó directamente de un padre que se presentó en la escuela para retirar a su hija. “Se avecina una gran inundación, vengo a buscar a mi hija, me la llevaré”, le dijo.
Para Dawadi, la presencia de un padre que se apresuraba a retirar a su hija era una señal suficiente para actuar. “Los padres no se apresuran sin una razón de peso, así que estaba claro que no debía perder ni un segundo en evacuar a los niños”, explicó.
La evacuación se realizó antes de que el agua llegara con toda su fuerza. Poco después, el escenario cambió por completo: el edificio de la escuela quedó sepultado bajo el lodo y los escombros.
“Sobrevivimos por apenas 10 segundos”
Entre los estudiantes que lograron escapar estaba Yunisha Amatya, una adolescente de 16 años.
La joven contó que se encontraba en clase cuando los profesores comenzaron a advertirles sobre la inundación. Junto con sus amigas, tomó una ruta de escape ubicada detrás de la escuela para alcanzar una zona elevada.
“Mis amigos y yo sobrevivimos por apenas 10 segundos”, relató.
Yunisha explicó que algunos estudiantes inicialmente no comprendían la magnitud del peligro y esperaron a compañeros que todavía se encontraban en otras aulas.
Finalmente, junto con sus amigas, logró avanzar por una estrecha escalera y subir hacia una zona segura.
La adolescente recordó que durante la huida muchas personas se empujaban para alcanzar lugares más elevados y que quienes eligieron otras rutas podían quedar expuestos a la fuerza de la corriente.
Familias desesperadas por encontrar a sus hijos
La rapidez con la que avanzó el agua dejó a numerosas familias sin posibilidad de comunicarse con sus seres queridos.
Las rutas quedaron cortadas y el transporte fue interrumpido, por lo que varios estudiantes y profesores permanecieron aislados durante dos noches antes de que los equipos de rescate pudieran llegar.
El padre de Yunisha, Yubaraj Amatya, se dirigió inmediatamente hacia la escuela después de enterarse de la inundación. Al llegar, encontró la zona completamente cubierta por el agua y durante casi una hora no logró comunicarse con su hija. “Pensé que mi hija había muerto. Estaba horrorizado”, recordó.
Finalmente, Yunisha pudo atender una llamada de su padre. Ambos rompieron en llanto al comprobar que estaban vivos. Después de varios días, la adolescente pudo regresar con su familia.
El director pide mejores sistemas de alerta
Tras la tragedia, Dawadi sostuvo que la existencia de sistemas de alerta temprana más efectivos, con sirenas y avisos de evacuación, podría haber permitido que los habitantes de la zona reaccionaran antes.
Sin embargo, está convencido de que la decisión de no esperar y evacuar inmediatamente a los alumnos fue determinante. “Me siento orgulloso de que hayamos salvado tantas vidas”, afirmó.
La magnitud de la inundación quedó reflejada en la propia escuela: donde minutos antes había cientos de estudiantes, después solo quedaron los rastros de la destrucción. “Si hubiera decidido cerrar la escuela después de la clase, no quedaría nada, solo la campana, sonando a las 9:30”, concluyó Dawadi.