REDACCIÓN ELONCE
Cohete supersónico. Un joven de Paraná fue protagonista de uno de los mayores logros alcanzados por estudiantes argentinos en el ámbito de la ingeniería aeroespacial. Se trata de Valentín Neme, estudiante de Ingeniería Mecánica del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), quien integró el equipo que diseñó y construyó "Aconcagua", el primer cohete supersónico desarrollado íntegramente por estudiantes argentinos.
El proyecto representó al país en la International Rocket Engineering Competition (IREC) 2026, considerada la competencia universitaria de ingeniería de cohetes más importante del mundo. El certamen se realizó entre el 15 y el 20 de junio en Midland, Texas, y reunió a 150 equipos universitarios provenientes de distintos países.
El ITBA Rocketry Team consiguió un resultado histórico al obtener el primer puesto en la categoría Diseño y Construcción, alcanzando el puntaje perfecto otorgado por el jurado. Además, finalizó séptimo en la categoría 30k COTS, cuyo desafío consistía en llevar el cohete hasta una altitud cercana a los 10 kilómetros utilizando un motor comercial, y obtuvo el undécimo puesto por la calidad de su reporte técnico.
"Es la competencia de cohetería universitaria más grande del mundo"
En diálogo con Elonce, Neme describió la magnitud del desafío que enfrentó junto a sus compañeros.
"Es la competencia de cohetería universitaria más grande del mundo. Fuimos a competir en junio a Midland, Texas. Somos un equipo de 60 chicos y viajamos 13 personas. Fueron dos semanas reintensas, pensando, armando y metiéndole con toda para representar al país de la mejor manera. La verdad es que nos fue bastante bien", expresó.
El ITBA Rocketry Team está integrado por 60 estudiantes de distintas carreras, entre ellas Ingeniería Mecánica, Electrónica, Industrial, Informática y Bioingeniería, además de alumnos de la Licenciatura en Analítica.
Valentín explicó que el carácter interdisciplinario del grupo fue uno de los pilares del proyecto. En su caso, integra el área de Aerodinámica y Propulsión, encargada de diseñar el comportamiento del vehículo durante el vuelo.
El desafío de construir un cohete supersónico
"Aconcagua" comenzó a desarrollarse en agosto de 2025 y demandó meses de simulaciones, cálculos y pruebas virtuales antes de viajar a Estados Unidos.
"Es un proyecto reambicioso para una universidad del país. Lo venimos proyectando y armando desde agosto del año pasado. Es un proceso largo que requiere muchas etapas de diseño y simulación. Es muy divertido porque te permite simular cómo sería desarrollar un proyecto espacial a gran escala", contó.
El estudiante explicó que la principal diferencia con los equipos de universidades estadounidenses estuvo en la disponibilidad de recursos.
"Nosotros no tuvimos el lujo de decir 'tiremos esto y probemos'. El primer lanzamiento que hicimos fue allá. No teníamos el motor, lo compramos y lo montamos en Estados Unidos. Entonces, el desafío ingenieril era enorme porque la primera vez tenía que salir bien", sostuvo.
El cohete fue diseñado para superar la velocidad del sonido y alcanzar una altura cercana a los 30.000 pies, aproximadamente 10 kilómetros, una categoría inédita para el equipo argentino.
Un reconocimiento al talento argentino
La misión fue un éxito. El cohete alcanzó prácticamente la altura proyectada, pudo ser recuperado en su totalidad y recibió la máxima valoración en el apartado de Diseño y Construcción.
"Salimos primeros de 150 equipos en la filosofía de diseño y en cómo construimos nuestro cohete", destacó Neme.
El estudiante resaltó además que prácticamente todo el desarrollo fue realizado en Argentina.
"Una de las cosas que les decíamos a los jueces era que, más allá del motor, los tornillos y tres placas de electrónica, todo el cohete lo habíamos hecho nosotros de punta a punta. Es un logro enorme para Argentina y demuestra lo que se puede hacer en el país", afirmó.
Según detalló, la mayoría de los materiales fueron adquiridos en el mercado nacional y únicamente algunos componentes específicos, como el motor, debieron comprarse en Estados Unidos debido a las restricciones para importarlos.
"No tenemos nada que envidiarle a ningún país"
Dentro del proyecto, Valentín tuvo la responsabilidad de simular el vuelo del cohete y diseñar su geometría externa para reducir al máximo la resistencia del aire.
Además, el vehículo transportó como carga útil una bomba de infusión microfluídica capaz de soportar aceleraciones equivalentes a 30 veces la gravedad, un experimento que también formó parte de la evaluación técnica de la competencia.
El joven paranaense destacó que el reconocimiento trasciende lo deportivo o lo académico y refleja el potencial de la ingeniería nacional.
"Más que un premio económico, es un reconocimiento a nivel ingenieril y al prestigio de la universidad. Demuestra la calidad de los estudiantes y lo que somos capaces de hacer", señaló.
Y añadió una reflexión sobre la formación de los profesionales argentinos: "A nivel técnico estamos muy bien. Como no tenemos tantos recursos materiales, lo suplimos con cabeza. No tenemos nada que envidiarle a ningún país ni a ninguna universidad".
De Paraná a la ingeniería aeroespacial
Valentín nació en Paraná, cursó sus estudios primarios en el Instituto González Pecotche y parte del secundario en el Instituto Michelangelo. Desde hace cinco años vive en Buenos Aires, donde transita el último cuatrimestre de Ingeniería Mecánica en el ITBA.
Sobre su futuro, aseguró que espera seguir vinculado al desarrollo aeroespacial y, si las oportunidades lo permiten, hacerlo desde Argentina.
"Mi idea es seguir en aeroespacial. Me gustaría quedarme en el país. Como Argentina no hay otro lugar y espero poder seguir aportando desde acá y seguir poniendo a la Argentina en el mapa", concluyó.