El Gobierno de Brasil lanzó una advertencia por el posible desarrollo de un fenómeno de El Niño de intensidad fuerte o incluso “extrafuerte” durante el segundo semestre de 2026, lo que podría provocar graves desastres naturales en distintas regiones del país.
Según un informe del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), existe una probabilidad cercana al 70% de que el evento alcance niveles elevados, con impactos comparables a los registrados durante el episodio de 2023-2024, uno de los más intensos de los últimos años.
El documento, enviado a la Casa Civil de la Presidencia, advierte sobre la necesidad de adoptar medidas preventivas urgentes para mitigar los efectos sobre la población, la infraestructura y los ecosistemas.
Qué podría pasar según el gobierno brasilero
De acuerdo con las proyecciones, el Norte y el Nordeste brasileño podrían sufrir una marcada disminución de las lluvias, junto con un aumento de las temperaturas, lo que favorecería sequías severas y una mayor presión sobre los recursos hídricos.
En regiones sensibles como la Amazonía y el Pantanal, el escenario es aún más preocupante: las condiciones de calor extremo y falta de humedad podrían incrementar significativamente el riesgo de incendios forestales, con consecuencias directas sobre el ambiente y la salud pública.
En contraste, el sur del país podría enfrentar lluvias intensas y persistentes, con potencial para generar inundaciones, deslizamientos de tierra y otros fenómenos extremos.
Las solicitudes
Ante este panorama, el Cemaden recomendó reforzar el monitoreo climático, garantizar el funcionamiento de radares meteorológicos y reevaluar zonas vulnerables, como márgenes de ríos y áreas urbanas asentadas en laderas.
Además, las autoridades instaron a fortalecer la coordinación entre el Gobierno federal, los estados y los municipios, con el objetivo de mejorar la capacidad de respuesta ante emergencias.
Mientras tanto, el Ejecutivo brasileño intensificó las reuniones entre organismos técnicos y ministerios para diseñar planes de contingencia que permitan reducir los impactos económicos, sociales y ambientales que podría generar este fenómeno climático.