La Escuela María Reina Inmaculada, en el corazón del barrio Macarone de Paraná, volvió a llenarse de vida este jueves. Después del golpe que significaron el robo y los destrozos sufridos el 31 de diciembre, la comunidad educativa decidió responder con trabajo y solidaridad. Docentes, familias y chicos se unieron “por amor a los gurises” para reconstruir lo que la violencia había dañado.
La comunidad educativa de la Escuela María Reina Inmaculada realizó una jornada solidaria con el objetivo de renovar las instalaciones del establecimiento. En una jornada marcada por el esfuerzo y el trabajo en equipo, padres, madres, alumnos, exalumnos y docentes se unieron para darle un nuevo aire a la escuela, simbolizando el amor y la dedicación con la que se construye el futuro de los estudiantes.
En diálogo con Elonce, una docente indicó que “no hay descanso, hay mucho amor. La jornada está un poco más tranquila, pero desde las 9 de la mañana que hemos iniciado la jornada solidaria y hasta hace un rato estuvieron acompañándonos un grupo numeroso de madres, de alumnos, exalumnos y agradecemos que la escuela ya está tomando el color, el color que realmente queremos, el color de la esperanza, el color de María Reina que a todos nos abraza este año”.
Además, destacó el trabajo en equipo y remarcó que “en cada rinconcito vemos un equipito trabajando, desde los más chiquitos hasta los más grandes. La distribución de tareas, el trabajo en equipo es lo que en esta jornada nos ha identificado y así vamos”.
Sobre las tareas realizadas, señaló: “En este establecimiento educativo funcionan tres instituciones. Justamente aquí es el nivel primario, el nivel inicial. El cambio de la escuela ha sido abismal, blanqueando paredes, cambiando el color, han podido mejorar los lavatorios de manos, han podido mejorar las paredes de este patio y sobre todo con mucha proyección porque las donaciones han podido alcanzar para mejorar los techos, impermeabilizar. Estamos también contabilizando cuestiones del cambio de techo de esta galería, que todavía se llueve, pero bueno, el proyecto es poder continuar y hacer el cambio que se necesita para que las tardes, las jornadas sean los más dignas posibles”.
Al ser consultada sobre sus años de trabajo en la institución, recordó su larga trayectoria: “En abril van a ser 21 años que trabajo como maestra orientadora- integradora en esta institución. Es la vida y sobre todo hoy la alegría de encontrarme con quienes cuando empecé, hace más de 20 años, eran mamás y hoy son abuelas. Hasta hace un rato estuvimos compartiendo, recordándonos el trabajo compartido. La escuela no trabaja sola, trabajamos con las familias y da mucha satisfacción y alegría poder verlos desde ese lugar”.
Al referirse a los desafíos que enfrenta la escuela hoy en día, destacó que, si bien los retos son grandes, siempre se puede contar con la esperanza: “Los desafíos son grandes, son muchos, pero bueno, la esperanza siempre es mayor”.
En cuanto a las nuevas habilidades que los docentes están poniendo en práctica, comentó: “Hoy justamente ponemos a prueba y quedan más visibles las otras habilidades, competencias, a las que diariamente trabajamos, se comparte desde otro lugar. Nos vamos acompañando y ayudando”.
Karina, por su parte, comentó sobre las necesidades de la escuela: “Lo que nos está faltando como para arrancar y que los niños estén las 8 horas en condiciones, son ventiladores. Hoy vino un papá y nos entregó una bolsita que habrá tenido 2 kg de arena. Lo que sea, lo que sea, suma, lo que sea, suma”.
En cuanto a los medios para hacer llegar las donaciones, Karina añadió: “Estamos en Manuel Dorrego 750”. Elonce.com