REDACCIÓN ELONCE
Los agentes de inteligencia artificial pueden ejecutar tareas, utilizar herramientas y resolver objetivos concretos, a diferencia de los chats tradicionales que se limitan principalmente a responder preguntas. Así lo explicó el especialista Federico Rosenhain durante la segunda edición de Campus Party, desarrollada en el Centro Provincial de Convenciones.
En diálogo con el Stream de Elonce, Rosenhain analizó las posibilidades de esta tecnología, su aplicación en actividades cotidianas y los cambios que podría generar en el ámbito educativo. También remarcó que la intervención humana continuará siendo indispensable para supervisar y validar los resultados.
“Un agente de inteligencia artificial no es ni más ni menos que una herramienta que puede realizar acciones, resolver un problema o hacer algo en tu nombre mientras vos estás haciendo otra cosa”, explicó.
La diferencia entre un agente y un chat
El especialista señaló que un chat basado en un gran modelo de lenguaje podía responder preguntas, buscar información o formular recomendaciones. Un agente, en cambio, disponía de herramientas para avanzar sobre una tarea y completar diferentes pasos hasta alcanzar un objetivo.
“El agente hace, tiene herramientas y resuelve. En lugar de hacerle una pregunta para que responda como si fuera una búsqueda en internet, va a tratar de resolver un objetivo con las herramientas que uno le dé”, diferenció.
Como ejemplo, mencionó la organización de un viaje. Un chat convencional podría recomendar destinos de acuerdo con el presupuesto, las preferencias y las necesidades de una familia. Un agente, además, podría analizar tarifas, leer reseñas, preparar un itinerario y gestionar reservas.
Dependiendo de los permisos otorgados y de la integración con otras plataformas, estos sistemas también podrían enviar correos electrónicos, efectuar llamados o iniciar pagos. Rosenhain advirtió, sin embargo, que la autonomía siempre debía estar acompañada por controles.
“No hay que olvidarse de que sigue siendo una herramienta. No le voy a delegar toda mi vida ni todas mis tareas, sino que la voy a utilizar para facilitar mi cotidianidad”, sostuvo.
Una herramienta para ampliar capacidades
Rosenhain contó que utilizó un agente para preparar la charla que ofreció en Campus Party sobre sistemas capaces de generar otros agentes. Su desafío consistió en traducir conceptos complejos para una audiencia compuesta principalmente por adolescentes.
La herramienta lo ayudó a investigar, buscar tendencias, analizar otras presentaciones, generar ideas y diseñar diapositivas. El especialista conservó la responsabilidad de revisar el material y decidir qué contenidos incorporar.
“Siempre tiene que haber una persona validando los agentes. Yo cambié mi rol: en lugar de desarrollar cada cosa, pasé a supervisar el proceso y las decisiones”, relató.
El especialista comparó el avance de la inteligencia artificial con otros cambios tecnológicos ocurridos a lo largo de la historia. Recordó que las máquinas reemplazaron algunas tareas manuales, mientras que las calculadoras y las planillas de cálculo transformaron el trabajo de los contadores sin eliminar la profesión.
“No veo que me vaya a reemplazar. Siento que me permitirá hacer más, que me expande. Soy partidario del concepto de ser humano aumentado a partir de la inteligencia artificial”, manifestó.
Según explicó, estas herramientas permitirían resolver problemas que anteriormente quedaban fuera del alcance de una persona por falta de tiempo, conocimiento o recursos. También facilitarían el aprendizaje acelerado de temas complejos mediante explicaciones adaptadas a cada usuario.
El impacto dentro de las aulas
Rosenhain consideró que la inteligencia artificial debía incorporarse a la educación, aunque con criterios claros para evitar una dependencia absoluta. Para el especialista, el principal desafío consistía en enseñar a utilizarla como una herramienta y no como un reemplazo del razonamiento.
Durante su exposición en Campus Party pidió a los docentes que se dieran vuelta y consultó a los estudiantes si alguna vez habían copiado una respuesta generada por ChatGPT para entregarla como trabajo práctico. Según relató, todos levantaron la mano.
“El tema es cómo les enseñamos a tener criterio, cómo los acompañamos para adoptar una herramienta sin que la herramienta los reemplace y cómo adaptamos los contenidos educativos”, reflexionó.
El especialista sostuvo que las instituciones necesitarían revisar tanto los programas como las formas de evaluación. En sus clases universitarias, por ejemplo, decidió reemplazar algunos trabajos escritos por exposiciones orales y proyectos originales.
“No tengo manera de saber si el trabajo escrito lo hizo el alumno o si lo hizo con una, dos o siete inteligencias artificiales. Puede utilizarla, pero después tiene que presentar el proyecto y responder preguntas sobre lo que hizo”, indicó.
Cambiar la manera de evaluar
Para explicar esa transformación, Rosenhain mencionó el caso de un docente universitario que enseñaba a elaborar planes de negocios. Tradicionalmente, sus estudiantes desarrollaban el proyecto durante todo el curso y lo entregaban al finalizar la materia.
Con la aparición de las herramientas generativas, los alumnos llegaron a la segunda clase con los planes completos. El profesor debió rediseñar la propuesta y concentrarse en capacidades que requerían mayor intervención humana.
La enseñanza pasó entonces a priorizar el sentido crítico, la validación de la información, la originalidad y la presentación oral de los proyectos. “El plan de negocios ya estaba hecho. Había que enseñar criterio, sentido común, validación y cómo defenderlo”, resumió.
Rosenhain participó de la agenda de Campus Party con una exposición sobre agentes autónomos. La propuesta integró las actividades gratuitas realizadas durante las dos jornadas del evento, que incluyeron charlas, talleres y experiencias vinculadas con inteligencia artificial, robótica, videojuegos y tecnologías inmersivas.