La crisis que atraviesa la industria textil argentina sumó un nuevo capítulo con la presentación en concurso preventivo de Textil Amesud, una de las principales tejedurías de punto del país y proveedora de marcas internacionales como Nike, Adidas, Puma y Under Armour, además de empresas nacionales como Cheeky.
La compañía, propiedad de la familia Kim, inició el proceso judicial tras declarar la imposibilidad de afrontar sus compromisos financieros de corto y mediano plazo. El expediente quedó radicado en el Juzgado Comercial N° 22 de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo del juez Guillermo Pesaresi.
De acuerdo con la documentación presentada, la empresa registra un pasivo superior a los $12.156 millones, mientras que la cesación de pagos fue fijada formalmente a partir de mayo.
Caída de la producción y del consumo
La firma atribuye su situación al desplome del consumo interno, el freno de la producción y el alargamiento de los plazos de cobro, factores que afectaron el flujo de fondos y dificultaron la compra de materia prima para sostener la actividad.
Amesud cuenta con una planta industrial de 30.000 metros cuadrados ubicada en el partido bonaerense de San Martín, equipada con maquinaria de origen europeo. Si bien declaró activos superiores a los $25.000 millones, la empresa asegura que el problema central es de liquidez.
Fundada a comienzos de la década del 90 por Yeal Kim, referente histórico del sector textil, la compañía llegó a producir cerca de 2.000 toneladas anuales de tejidos de punto. Sin embargo, actualmente opera apenas al 20% de su capacidad instalada.
Los registros incorporados al concurso indican que la producción mensual cayó de más de 315 toneladas hacia fines de 2024 a apenas 115 toneladas en los últimos meses.
El impacto de las importaciones
Desde el sector atribuyen parte de la crisis al cambio de estrategia de las grandes marcas internacionales, que dejaron de comprar telas producidas en Argentina para importar directamente prendas terminadas desde Asia.
A ello se suma la expansión de plataformas de comercio electrónico como Shein y Temu, que modificaron los hábitos de consumo y profundizaron la competencia con la producción nacional.
Fuentes vinculadas a la actividad señalaron que la reducción del volumen de producción volvió insostenibles los costos fijos de una estructura industrial de gran escala, afectando la rentabilidad del negocio.
Según datos de la Fundación Pro Tejer, alrededor de siete de cada diez máquinas textiles del país permanecen actualmente fuera de funcionamiento, reflejando el elevado nivel de capacidad ociosa que atraviesa el sector.
Menos empleados y deudas bancarias
Como parte del ajuste, Amesud redujo su plantel de trabajadores en más del 50% durante los últimos dos años. La empresa pasó de contar con 389 empleados a principios de 2024 a una dotación actual de 173 operarios.
En ese contexto, no se descarta la implementación de nuevas suspensiones rotativas mientras continúa el proceso de reestructuración.
Entre los principales compromisos financieros figuran deudas por aproximadamente $1.100 millones con el Banco Nación y el Banco Provincia, correspondientes a créditos destinados a inversiones productivas y la incorporación de maquinaria textil de alta tecnología.
Además, el sector estima que la empresa mantiene un pasivo laboral cercano a los $372 millones, producto de las indemnizaciones y obligaciones derivadas de la reducción de personal.
La empresa busca evitar la quiebra
Con la apertura del concurso preventivo, la Justicia estableció un período para la verificación de créditos que se extenderá hasta julio de 2027. Durante ese tiempo, la compañía intentará renegociar sus deudas con acreedores financieros, comerciales y laborales para evitar una eventual quiebra.
El caso de Amesud se suma a la difícil situación que atraviesan otras firmas del rubro textil y del calzado, en un escenario marcado por la caída del consumo, el avance de las importaciones y la disminución de la producción nacional.