Colombia registra alrededor de 2.500 sismos por mes, según estimaciones del Servicio Geológico Colombiano (SGC), aunque la enorme mayoría tiene una magnitud suficientemente baja como para pasar inadvertida para la población. La intensa actividad está relacionada principalmente con la ubicación del país sobre diferentes zonas de interacción de placas tectónicas.
El fenómeno volvió a cobrar relevancia luego del terremoto de magnitud 7,4 registrado este lunes, cuyo epicentro se ubicó cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó. El movimiento ocurrió a las 7:34, hora local, y tuvo una profundidad de 96 kilómetros.
Tras el terremoto, los organismos colombianos desplegaron tareas para evaluar los daños y asistir a las zonas afectadas. En paralelo, la magnitud del evento volvió a poner el foco sobre las características geológicas que convierten al territorio colombiano, especialmente a su región del Pacífico, en un área de elevada sismicidad.
Tres placas tectónicas confluyen en Colombia
La explicación se encuentra debajo de la superficie terrestre. Colombia está ubicada en una región donde interactúan tres grandes placas tectónicas: Nazca, Sudamericana y Caribe. Sus desplazamientos provocan deformaciones y rupturas en la corteza terrestre que pueden liberar repentinamente grandes cantidades de energía.
Uno de los procesos más importantes ocurre sobre el Pacífico colombiano, donde la placa de Nazca se introduce debajo de la placa Sudamericana. Este fenómeno, conocido como subducción, es uno de los principales responsables de la actividad sísmica registrada en esa parte del país.
Según explicó el Servicio Geológico Colombiano, buena parte de los terremotos de la región del Pacífico está vinculada con este movimiento permanente. El proceso también guarda relación con la formación de una fosa submarina y con la cadena volcánica de los Andes.
Por qué Chocó es una zona sísmicamente activa
El terremoto de este lunes tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en Chocó, un departamento ubicado precisamente dentro de esta compleja región tectónica. Por ese motivo, los movimientos registrados allí forman parte de una dinámica geológica que se desarrolla constantemente bajo el territorio y el océano.
Sin embargo, que un terremoto tenga su epicentro en una determinada región no permite establecer automáticamente la magnitud de sus consecuencias. Para evaluar su peligrosidad deben analizarse factores como la profundidad, la distancia al epicentro, las características del suelo, la densidad poblacional y la vulnerabilidad de las construcciones.
El movimiento registrado este lunes tuvo una profundidad de 96 kilómetros. De acuerdo con la clasificación utilizada para estos fenómenos, los terremotos de hasta 70 kilómetros son considerados superficiales; aquellos ubicados entre 70 y 300 kilómetros son intermedios; y los que superan los 300 kilómetros son catalogados como profundos. De esta manera, el terremoto de Chocó quedó dentro de la categoría intermedia.
El particular “Nido Sísmico” de Bucaramanga
La región del Pacífico no es la única fuente de actividad sísmica en Colombia. También existen movimientos asociados a la interacción entre las placas Caribe y Sudamericana, además de un fenómeno geológico particularmente relevante conocido como Nido Sísmico de Bucaramanga.
Esta zona está localizada debajo del municipio de Los Santos, en el departamento de Santander, y presenta una concentración excepcional de movimientos dentro de un espacio relativamente reducido del subsuelo. Los hipocentros suelen localizarse a profundidades cercanas a los 150 kilómetros.
De acuerdo con los datos difundidos por organismos especializados, aproximadamente el 60% de la actividad sísmica registrada en Colombia se concentra en este sector. Esto demuestra que el país posee distintos ambientes tectónicos capaces de producir terremotos con características diferentes.
Magnitud e intensidad no significan lo mismo
Otro aspecto fundamental para comprender los terremotos es la diferencia entre magnitud e intensidad. La primera representa la cantidad de energía liberada en el lugar donde se origina el movimiento, mientras que la segunda describe los efectos que genera sobre una determinada zona.
Por esa razón, un mismo terremoto puede presentar distintas intensidades dependiendo de dónde sea percibido. La distancia respecto del epicentro, el terreno y las características de las construcciones influyen directamente en sus consecuencias.
La profundidad también juega un papel relevante. En términos generales, los movimientos de gran magnitud y menor profundidad tienen mayor capacidad de generar efectos importantes en superficie. Entre las posibles consecuencias aparecen daños estructurales, deslizamientos, interrupciones de servicios y otros fenómenos derivados del movimiento del terreno.
Una red de 224 estaciones monitorea los movimientos
Para seguir esta actividad permanente, Colombia cuenta con la Red Sismológica Nacional, operada por el Servicio Geológico Colombiano desde junio de 1993.
Actualmente, el sistema dispone de 224 estaciones sísmicas y acelerométricas distribuidas estratégicamente por el territorio. Los equipos transmiten información mediante conexiones satelitales, celulares y de internet hacia el centro de procesamiento ubicado en Bogotá.
La tecnología permite determinar la localización, profundidad y magnitud de los movimientos. Un primer reporte puede estar disponible unos tres minutos después de producido un terremoto y, aproximadamente siete minutos más tarde, el organismo publica información actualizada y revisada por especialistas. Los registros también son utilizados para desarrollar mapas de amenaza sísmica y actualizar las normas destinadas a reducir la vulnerabilidad de las construcciones. (La Nación)