REDACCIÓN ELONCE
Marcelo Candia, es el nuevo entrenador del plantel profesional de Primera Nacional de Patronato y este sábado, dirigirá su primer partido como director técnico titular en el club entrerriano. Su historia en la institución está atravesada por múltiples etapas, desde sus inicios como jugador hasta su presente como entrenador. Ese recorrido, le permitió construir una conexión emocional que va más allá del rol profesional.
Hace pocos días, antes de convertirse en el entrenador del conjunto entrerriano, hizo declaraciones en el programa “La Casa De Patrón”, y dejó en claro que su prioridad siempre estuvo ligada a la institución por encima de cualquier interés personal. “Nunca puse mi bien personal por encima del club, todos saben del sentimiento que tengo por el escudo de Patronato y todos tenemos que entender eso: primero está el club y después los nombres”, expresó Marcelo Candia.
El entrenador también fue claro respecto a la exigencia interna: “Ahora, estamos defendiendo los colores, la historia y esta institución. No me gusta ver al club en los últimos puestos de la tabla y la presión del descenso es muy fea, porque afecta a los jugadores, al club y a las inferiores. Hay que defender al club y al que no quiera hacerlo, quedará afuera.
La historia de Marcelo Candia en Primera Persona
Llegó de Feliciano a Paraná en 1996 a estudiar, pero a los 2 meses, tras un “picado”, lo llevaron a Patrón y nunca más se fue. En una entrevista con el programa El Pelotazo, que se emite por Elonce, Marcelo Candia, contó su historia en primera persona y repasó su visión sobre el fútbol, las inferiores y su sentimiento por Patronato.
El oriundo de Feliciano, paranaense por adopción, ha dirigido con éxito todas las categorías formativas de la institución y se afianzó proyectando a jugadores de Patronato para que peguen el salto en el fútbol grande.
Candia y Patronato se encontraron de casualidad en 1996. Candia había llegado a la capital provincial para su educación universitaria en Trabajo Social donde cursó solo un par de meses hasta que un vecino lo invitó a jugar fútbol cinco. “Estudiar fue lo que menos hice”, reconoció.
“Un vecino me preguntó si quería jugar, fui y le ganamos al rival que nunca le podían ganar. Así fueron varias semanas seguidas que íbamos a jugar. Hasta que un día el abuelo de este chico me llevó hasta la casa del Tano Omarini quien me preguntó si quería jugar en Patronato. Le dije que sí y me llevó para probarme”, recordó.
Por ese entonces, los entrenamientos se realizaban detrás de la tribuna de Churruarín y allí hizo su primera prueba junto al entrenador que fue Cari Espinoza. “El Cari me hizo la prueba y quedé. Durante gran parte del primer año no pude jugar por el tema del pase y después si ya pude jugar en Sub 20, subí a Primera hasta llegar al Argentino A. Desde ese entonces nunca más me fui”.
El fútbol en la infancia
Sus inicios futbolísticos se remontan a su niñez en Atlético Feliciano, paradójicamente el eterno rival del equipo de su padre, Juventud. “Mi viejo fue jugador, capitán y presidente de Juventud, pero mis amigos y el entrenador de ese entonces insistieron que yo juegue en Atlético y terminé ahí”, contó Candia a El Pelotazo.
Siempre, donde iba, veía o estaba pendiente del fútbol. Tal es la pasión que su padre lo mandó a Paraná solo por primera vez a comprar el traje y zapatos para su graduación de la secundaria y se salió con las suyas. “Entre mis viejos y mis tías me recomendaron comprarme tal cosa de tal color y me mandaron con plata. Yo vine y cualquier cosa menos lo que me dijeron. Llevé un saco y los zapatos más baratos que había porque me alcanzó para comprarme unos botines Borussia. Obviamente, cuando volví a Feliciano no les gustó nada”, recordó con gracia.
“Siempre todo era fútbol en mi vida, a pesar que estuve como cuatro años sin jugar porque me enganché cuidando caballos de carrera. Desde que tengo uso de razón hubo caballos en los alrededores y lo cuidábamos, en un momento los tuvimos en casa y yo hacía todo. Me levantaba a las 5 de la mañana, les daba de comer, me iba al colegio y a la vuelta seguía con los caballos”, sostuvo.
Tras esas labores le dedicaba un tiempo al fútbol en el “potrero” que había en el fondo de su casa. “Yo jugaba si o si por más que los otros eran grandes porque era el dueño de la cancha”. Cuidar caballos es algo que le gustaba mucho, pero Marcelo considera que fueron años que regaló de preparación futbolística.
“Ahora trabajando en la formación me doy cuenta que regalé años y es difícil de recuperar. Creo que hice más de lo que tenía pensado o había soñado. Si bien antes era juntarse a jugar, era otra cosa”, señaló. Y sostuvo: “Ha evolucionado todo al punto que hoy parece que hasta nuestro trabajo es poco, porque nosotros por ahí, solo entrenamos de mañana y los otros hacen doble turno”.
Inicios como entrenador
Tras dejar la actividad deportiva, vistiendo además las camisetas de La Perla y Belgrano, el Chelo incursionó en otros rubros hasta que un día surgió la chance de dirigir la categoría 94 del Patrón. “Trabajando en un kiosco de diarios y revistas me llamó Tito Spinelli, que no lo conocía hasta ese entonces, y me dijo que le faltaba un entrenador y si me animaba a dirigir”, contó.
Desde ahí comenzó su etapa de entrenador y formador en las inferiores del rojinegro pasando por todas las categorías, por las inferiores de AFA y hasta cumplió un interinato en Primera División junto a Gabriel Graciani (ante Aldosivi y Defensa y Justicia en 2021). Algo que repitió tiempo después. En mayo de 2024, se hizo cargo del equipo tras la salida de Walter Perazzo, y meses más tarde, en octubre, volvió a ocupar ese rol luego de la desvinculación de Diego Pozo. Ahora, fue interino tras la salida de Rubén Forestello.
En la Liga Paranaense. “Fui uno de los que tanto peleó por volver a la Liga para poder vivir partidos de la clase que vivimos en la final con Belgrano a fines de 2023 y la de este año (2024), los partidos de Copa Entre Ríos y demás. Porque la verdad que es una experiencia hermosa y se enfrentan a jugadores locales y muy buenos, porque si hay algo que siempre voy a defender son los jugadores locales”, señaló.
En Patronato “hay buenos jugadores y en mi punto de vista no importa si es de cuarta, quinta o sexta, si anda bien hay que subirlo. Y es lo que tenemos ahora, ya que desde el año pasado empezamos a subir jugadores que los fuimos preparando”, dijo a El Pelotazo.
“Además de jugar bien al fútbol, un jugador tiene que tener condiciones, disciplina, cuidados, una vida sana”, explicó el entrenador. En este sentido, Candia destacó que además de mirar hacia las inferiores también se ha promocionado a jugadores de Liga de otros equipos.
Asimismo, reconoció que el club tiene una deuda con la captación de futbolistas en el resto de la provincia de la cual destacó que es un trabajo difícil competir. “Todavía a nosotros nos cuesta tener 30 jugadores del mismo nivel”, remarcó.
Conductor
En este rol de conductor, Marcelo Candia siempre supo que las decisiones están en análisis, sobre todo en las formativas donde los padres de los jugadores suelen discutirlo.
“Me ha pasado muy pocas veces encontrarme con padres que realmente banquen tu decisión. Hubo chicos a los cuales, con el dolor en el alma, les tuve que decir que no le veía condiciones. A veces te podés equivocar y si trabajás en esto tenés que asumir la responsabilidad”.
“Por ahí escuchás que algunos dicen cómo puede ser que esté jugando uno que a la vista no te llene, pero por algo juega. O porque a veces son muy inteligentes, o tácticamente saben moverse y tienen ese amor propio”.
Amor por Patronato
La vida del Chelo transcurrió casi por completo en Patronato. Fueron muchos años de entrenamientos, partidos, viajes, anécdotas que hoy lo tienen como uno de los referentes de la institución de calle Grella de Paraná.
Tuvo oportunidades de emigrar gracias a su rendimiento, pero una lesión de rodilla le impidió seguir con ese anhelo de jugar en la élite. “Me había lesionado en un partido de local y al partido siguiente me infiltraron para jugar contra Huracán de Tres Arroyos. Al otro día tenía que viajar para probarme en Independiente y Banfield, pero cuando terminó no podía ni pisar. Fue un momento duro y hasta el día de hoy tengo rota la rodilla”.
Por ese entonces, el equipo era conducido por Pablo Comelles quien fue despedido y llega en su reemplazo Gerardo “Vieja” Reinoso. “A los pocos partidos del siguiente torneo lo echan a Reinoso y va a buscarme a mi casa para llevarme con él con otros 13 jugadores. Yo le dije que antes que termine el torneo no, después sí iba donde él quisiera, porque a Patronato no lo iba a dejar en mitad del camino”.
“En ese entonces lo hablé con mi viejo, la Vieja se enojó conmigo y me dijo ‘algún día te vas a arrepentir’. Y no me arrepentí porque hice lo que correspondía en ese momento, si bien después la historia terminó mal porque descendimos. Resigné cualquier cosa por el club”, contó.
Hasta que llegó un momento de dar un paso al costado porque ya sentía que su ciclo estaba cumplido como futbolista. “Cuando llegó Luis Murua al tiempo fui hasta su vestuario a decirle que me iba porque ya no tenía más para dar como jugador. Tengo un gran sentimiento por el club y ya no tenía nada que aportar”, manifestó el exdelantero.
Antes de cerrar la entrevista realizada hace pocos días, Candia expresó: “Pensemos en el sábado, que tenemos que llenar nuestra cancha. Tenemos que ganarle a Maipú y después vemos”.