Sociedad

De un taller de barrio a fabricar guantes de arquero para campeones del mundo

La historia de la familia Monastirsky comenzó con un pedido de Amadeo Carrizo y evolucionó hasta convertirse en una referencia de los guantes de arquero en Argentina.

3 de Junio de 2026
Jorge Monastirsky en su taller La Nación

La historia de los guantes de arquero en Argentina está íntimamente ligada a la figura de Amadeo Carrizo, pero también a un pequeño taller familiar que nació en el barrio porteño de Villa Devoto y que, con el paso de las décadas, terminó equipando a algunos de los arqueros más importantes del país. En cercanías al Día del Arquero, que se celebra cada 12 de junio en homenaje al nacimiento del legendario guardameta de River Plate, resurge la historia de la familia Monastirsky y su aporte a la evolución de este elemento esencial para quienes defienden el arco.

 

Todo comenzó a fines de la década de 1950, cuando Carrizo regresó de una gira por Italia con un par de guantes que había recibido de regalo del arquero Giovanni Viola. En una época en la que ningún arquero argentino utilizaba este accesorio, el futbolista decidió estrenarlos en un partido oficial y luego buscó una alternativa local para seguir utilizándolos.

Amadeo Carrizo y sus históricos guantes (foto La Nación)

Fue entonces cuando acudió a Leopoldo Monastirsky, un artesano del cuero que fabricaba guantes finos y prendas de vestir. El desafío consistía en replicar aquellos guantes europeos que llamaban la atención en el fútbol argentino, publicó La Nación.

El desafío que cambió una historia familiar

 

“Mi papá aceptó enseguida porque era artesano: para él todo lo nuevo era un desafío”, recordó Jorge Monastirsky, hijo de Leopoldo y actual referente de la empresa familiar.

 

Los primeros modelos eran confeccionados con cuero de cabretilla y goma utilizada en paletas de tenis de mesa. Aquel trabajo artesanal marcó el inicio de una relación que terminaría vinculando a la familia con el mundo del fútbol profesional.

 

Mientras el mercado de los guantes de vestir comenzaba a reducirse, los guantes de arquero aparecieron como una oportunidad de reconversión para el taller.

El salto a la fabricación profesional

 

La segunda gran etapa llegó en la década de 1980, cuando Jorge decidió involucrarse de lleno en el negocio familiar. Con una mirada más comercial, recorrió el país ofreciendo los productos y apostó a profesionalizar la fabricación.

 

Uno de los hitos ocurrió en 1984, cuando recibió el encargo de fabricar guantes para el arquero uruguayo Carlos Goyén, que defendía el arco de Independiente en la Copa Intercontinental.

El acuerdo con Reusch le permitió a la fábrica argentina acceder al material que usaban los guantes profesionales europeos (foto La Nación)

Sin acceso a los materiales utilizados en Europa, Jorge recurrió a una solución inesperada: empleó látex proveniente de las copas de corpiños para mejorar el agarre. Aunque aquellos guantes tenían poca durabilidad, fueron utilizados durante la campaña que terminó con Independiente consagrándose campeón del mundo.

 

El viaje que cambió el futuro de la empresa

 

La búsqueda de mejores materiales llevó a Monastirsky a contactar a la firma alemana Reusch, una de las marcas más prestigiosas del mundo en guantes de arquero.

 

En 1986 viajó a Alemania sin dominar el idioma inglés ni el alemán. Sin embargo, logró convencer a los directivos de la empresa, Gebhard Reusch, utilizando dibujos, gestos y demostrando sus conocimientos de fabricación. “Me senté a coser un guante delante del dueño de la fábrica. Ahí entendió que yo sabía fabricar. Me miró y me dijo: ‘You are my partner’”, recordó.

 

Ese acuerdo permitió a la empresa argentina obtener la licencia para fabricar los productos de la marca alemana en el país. “Habíamos discutido modelos, los materiales y hasta las condiciones económicas con dibujos, señas, papel y lápiz”, explicó.

Gebhard Reusch probó los guantes Kalong y reconoció su calidad (foto La Nación)

El acuerdo coincidió con el Mundial de México 1986 y en medio de las conversaciones, Reusch preguntó a Monastirsky quién iba a ganar el Mundial. "Argentina, por supuesto", respondió Jorge. "Entonces me propuso: `Si gana Argentina, la primera partida de látex para los guantes va sin cargo. Pero si gana Alemania, la pagás el doble´. Le dije que sí de inmediato. Argentina salió campeón y la primera partida no la pagué. A veces el tren arranca y vos tenés que estar arriba. Ese fue un tren que pasó y yo lo tomé", rememoró.

 

 

La confianza, la caída y el regreso

 

Durante mucho tiempo, el vínculo entre Monastirsky y Reusch funcionó sobre la base de la confianza mutua, sin mayores mecanismos de control. Sin embargo, cuando Gebhard vendió la empresa a una corporación inglesa, la historia cambió. Antes del traspaso, el empresario alemán lo citó en Alemania y le hizo firmar un contrato por tres años. “Él vendió la empresa conmigo adentro”, resumió. A la nueva compañía no le gustó encontrarse con ese acuerdo y, en medio de problemas personales, el efecto Tequila y la caída del crédito, Monastirsky terminó perdiendo la empresa y la marca. “Tenía unos 60 empleados y puse una condición: durante un año no podían despedir a nadie. Regalé prácticamente la fábrica, pero no quería que la gente perdiera su trabajo. No estuve bien asesorado. Mala mía: me equivoqué yo”.

 

Después de perder Reusch, volvió a empezar con una marca propia: Kalong, con un logo inspirado en un murciélago. Con ella fabricó guantes para arqueros de Racing, Independiente y Argentinos Juniors y también ropa para clubes como Platense, Ferro y Olimpo de Bahía Blanca.

 

Pero la marca alemana también atravesaba dificultades. Para el año 2000, Reusch estaba golpeada y representantes de Suiza e Italia consultaron a Carlos Goyén, que seguía vinculado a la firma. “Él les dijo: ‘El único que la puede manejar en la Argentina es Jorge’”.

Sergio Goycochea, Jorge Monastirsky -Director de Reusch Argentina-, Nery Pumpido y Carlos Goyén (foto La Nación)

En 2001, Monastirsky recuperó la licencia bajo sus condiciones: una de ellas fue que la empresa se llamara Reusch Argentina. “Suena a filial, pero no lo es: la empresa es mía. Lo hice para asegurarme de que no volviera a ocurrir que una corporación comprara la marca y me dejara afuera del negocio que yo había desarrollado en el país”.

 

De Carrizo a los campeones del mundo

 

A lo largo de las décadas, la firma continuó creciendo y consolidó vínculos con destacados arqueros del fútbol argentino. Entre quienes utilizaron sus productos figuran Carlos Fernando Navarro Montoya, Carlos Goyén y numerosos futbolistas de Primera División.

 

Actualmente, la empresa mantiene acuerdos con figuras como Franco Armani, Facundo Cambeses y Agustín Marchesín, entre otros guardametas profesionales.

 

A más de seis décadas de aquel primer pedido de Amadeo Carrizo, el emprendimiento familiar continúa fabricando guantes en Argentina y conserva una filosofía que combina innovación, oficio y trabajo artesanal. "No existe una tecnología que haya reemplazado el cosido. Un guante es muy complejo: la mano tiene vértices desplazados, cuatro caras, materiales elásticos que se pueden deformar. Hay que tener mucha precisión. Formar a una persona para que cosa bien guantes puede llevar un año. Actualmente podemos fabricar, según el modelo, entre 100 y 250 pares por día", aseguró Monastirsky.

 

La historia demuestra cómo un encargo realizado en un taller de barrio terminó convirtiéndose en una empresa que acompañó a campeones del mundo y dejó una huella en la evolución del puesto más especial del fútbol.

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