El presidente Javier Milei colocó el reclamo por las Islas Malvinas entre los ejes centrales de su discurso de este miércoles ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York. “Malvinas es para nosotros una causa nacional”, afirmó, al tiempo que cuestionó la capacidad del organismo para lograr que se cumplan sus resoluciones sobre la disputa.
El mandatario sostuvo que la ONU, pese a haber nacido con el propósito de proteger la soberanía de sus miembros, “miró para otro lado” frente a la situación del archipiélago. En ese marco, planteó ante los representantes internacionales: “¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar de manera contraria?”.
Uno de los puntos mencionados fue la resolución 31/49 de la Asamblea General, aprobada el 1 de diciembre de 1976. Ese texto exhorta a la Argentina y al Reino Unido a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras permanezca pendiente el proceso para resolver la controversia.
El reclamo por la explotación de recursos
Durante su exposición, Javier Milei vinculó esa resolución con las actividades hidrocarburíferas desarrolladas en las áreas marítimas en disputa. El Gobierno argentino considera que esas operaciones carecen de autorización nacional y ha iniciado durante septiembre procedimientos contra personas y empresas vinculadas a la exploración y explotación de hidrocarburos en la zona.
El Ejecutivo también envió al Congreso el denominado Proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. Según el comunicado oficial de Presidencia, la iniciativa pretende endurecer el régimen de sanciones para quienes participen en actividades que la Argentina considere ilegítimas en los territorios y espacios marítimos reclamados.
Milei presentó esas medidas como parte de una estrategia que definió como “pacífica, práctica y efectiva”. En su discurso, además, volvió a plantear que el reclamo argentino no debería limitarse a declaraciones diplomáticas y reclamó consecuencias frente a las acciones que Buenos Aires considera unilaterales.
El pedido para retomar las negociaciones
El presidente reiteró el llamado al Reino Unido para reanudar negociaciones bilaterales destinadas a buscar una solución pacífica a la controversia de soberanía. La cuestión permanece contemplada por resoluciones de Naciones Unidas que han instado a ambos gobiernos a negociar una solución al diferendo.
La posición británica es diferente. El Gobierno del Reino Unido sostiene que las islas son británicas y que sus habitantes tienen derecho a decidir su futuro mediante el principio de autodeterminación; el 18 de septiembre también defendió el derecho de los isleños a explotar sus recursos naturales.
La controversia había vuelto a quedar expuesta un día antes del discurso de Javier Milei, cuando el primer ministro británico Andy Burnham habló ante la misma Asamblea General. Burnham sostuvo que Londres permanecerá firme ante cualquier amenaza al derecho de los territorios británicos a continuar bajo soberanía del Reino Unido y mencionó específicamente a las Islas Malvinas.
Las críticas de Milei a la ONU
El reclamo argentino estuvo integrado a una crítica más amplia del mandatario al funcionamiento de Naciones Unidas. Milei cuestionó que el organismo pueda aprobar resoluciones, pero, según su interpretación, carezca de herramientas suficientes para garantizar que esas decisiones tengan aplicación concreta.
En paralelo, el Gobierno sostiene que las actividades petroleras realizadas sin autorización argentina en las áreas marítimas reclamadas son incompatibles con la resolución 31/49. Esa posición también quedó plasmada recientemente en normas y medidas oficiales destinadas a aplicar sanciones a compañías vinculadas al sector hidrocarburífero.
De esta manera, Javier Milei volvió a llevar el reclamo por Malvinas al principal foro diplomático internacional y combinó el pedido de negociaciones con una crítica directa a la ONU. El planteo se produjo en un escenario de renovadas diferencias entre Buenos Aires y Londres por la explotación de recursos naturales y por las posiciones contrapuestas que ambos gobiernos mantienen sobre la soberanía y la autodeterminación en las islas.