Sociedad Prevención y planificación familiar

Guía ante inundaciones: el mayor riesgo de crecida sería entre marzo y mayo

El arquitecto Jorge Rico elaboró junto a un ingeniero una guía familiar gratuita para zonas inundables. El material propone cinco fases de preparación y advierte sobre riesgos vinculados con el gas, la electricidad, los vehículos y el agua contaminada.

28 de Septiembre de 2026
Riesgo hídrico por El Niño

Una guía familiar ante inundaciones fue presentada por el arquitecto Jorge Rico, especialista en riesgo hídrico y construcciones flotantes, con el objetivo de que quienes habitan zonas vulnerables puedan prepararse con anticipación ante posibles crecidas.

 

El documento, elaborado junto a un ingeniero, tiene unas 30 páginas y puede descargarse gratuitamente desde una carpeta abierta en Google Drive. La propuesta organiza la preparación en cinco fases, desde varios meses antes de la llegada del agua hasta el regreso y la reconstrucción de la vivienda.

Rico advirtió que, según su evaluación, el impacto más importante de El Niño sobre el sistema del Paraná no se produciría en diciembre, sino entre marzo y mayo del próximo año. Aclaró que las cuencas presentan comportamientos diferentes y que la evolución de los ríos debe seguirse mediante los organismos oficiales.

 

Una guía para actuar antes de que llegue el agua

 

El arquitecto explicó a Misiones online que la herramienta surgió al observar que muchas recomendaciones aparecen cuando las familias ya se encuentran directamente afectadas.

 

“Lo que nos pasa acá, y seguramente también les va a pasar a Misiones y a las otras provincias, es que, en general, los gobiernos locales, ya sean municipales, comunales e incluso provinciales, cuando enfocamos la cuestión del riesgo hídrico, la mayoría de las prevenciones que te dan es qué hacés ya cuando el agua te llegó al cuello”, señaló.

Frente a esa situación, planteó la necesidad de trasladar el eje desde la respuesta de emergencia hacia la planificación anticipada. “A través de esta guía, de acceso libre y gratuito, lo que estamos tratando es de que las familias que viven en zonas de riesgo hídrico puedan sentarse a planificar qué es lo que va a estar sucediendo”, explicó.

 

El documento fue diseñado para que pueda ser comprendido y trabajado por todos los integrantes de una familia. “Son unas 30 páginas con un diseño muy ameno e interesante. Pero no me sirve de nada si lo descargo y lo dejo ahí esperando hasta que el agua llegue”, advirtió.

 

Según remarcó, el material debe utilizarse para distribuir responsabilidades, evaluar el lugar donde está construida la vivienda y resolver con anticipación cómo actuar ante una eventual evacuación.

 

Cuándo podría sentirse el mayor impacto

 

Rico explicó que la cuenca del río Uruguay ya sentía el impacto de las precipitaciones registradas en el sudeste de Brasil, mientras que el sistema Paraná-Paraguay presentaba otra evolución.

 

“La gran esponja que nutre al río Paraná y al río Paraguay, que es el Pantanal, todavía se está llenando”, describió.

 

De acuerdo con su análisis, las zonas de Santa Fe y Entre Ríos ubicadas sobre el margen del Paraná comenzarían a percibir un cambio más marcado desde diciembre, pero el período más complejo llegaría después. “Lo peor de El Niño va a venir entre marzo y mayo del año que viene”, afirmó Rico.

 

El arquitecto sostuvo que el inicio del ascenso no debe confundirse con el momento máximo de la crecida. “Vamos a empezar a notar una cosa más importante a partir de noviembre y diciembre, pero no nos quedemos con la idea de que eso pasa ahí y desde ahí empieza a bajar. Al contrario, ahí el río se llenó de agua y va a empezar a subir más a partir de otoño e incluso invierno”, agregó.

Como antecedente, mencionó la crecida de 1982-1983 y señaló que algunos escenarios analizados podrían acercarse a aquel episodio. No obstante, los niveles de los ríos y las perspectivas hidrológicas requieren un seguimiento permanente: el Instituto Nacional del Agua actualiza reportes y pronósticos para la Cuenca del Plata, mientras que los niveles de alerta y evacuación son establecidos por las autoridades locales.

 

En cuanto al fenómeno climático, NOAA informó en septiembre que El Niño continuaba fortaleciéndose y tenía más de un 90% de probabilidades de convertirse en un evento muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte 2026-2027. Esa perspectiva climática general no determina por sí sola el nivel que alcanzará un río en una localidad específica.

 

Amenaza, vulnerabilidad y riesgo

 

La guía parte de la relación entre la amenaza natural y las condiciones particulares de cada territorio y vivienda. “Imaginémoslo como dos círculos que se superponen. El riesgo es la intersección entre la amenaza y la vulnerabilidad o los problemas que tenemos según el territorio que habitamos o la infraestructura de la vivienda”, explicó Rico.

 

El especialista sostuvo que las familias no pueden modificar la amenaza, pero sí adoptar medidas para reducir su exposición y proteger la vida. “La amenaza, en este caso El Niño, ya está confirmada. La única posibilidad que tenemos de achicar el riesgo es reduciendo la vulnerabilidad”, manifestó.

 

También advirtió que las defensas pueden generar una sensación de seguridad que dificulta reconocer el momento de una eventual evacuación.

 

Quienes viven fuera de los anillos defensivos suelen conocer el comportamiento del río y pueden observar el avance del agua. En cambio, dentro de una zona protegida, una falla inesperada podría producir una emergencia en pocas horas.

 

Primera fase: organizarse varios meses antes

 

La primera fase propuesta por la guía comienza meses antes de una posible crecida. En esa instancia, cada familia debe analizar su situación y repartir tareas. “El jefe o jefa de familia, ¿qué va a hacer? ¿Qué hace la hija? ¿Qué hace el hijo?”, planteó el arquitecto.

 

También recomendó identificar si en la vivienda hay adultos mayores, personas con discapacidad, niños pequeños o integrantes con dificultades de movilidad. “¿Tengo en mi casa alguna persona que requiere movilidad específica, un anciano o una persona que no se puede mover? ¿Qué voy a hacer con esa persona cuando llegue el momento?”, ejemplificó.

La planificación debe incluir información sobre la altura del terreno, antecedentes de inundaciones, posibles recorridos de salida y lugares seguros donde alojarse.

 

Una aplicación gratuita desarrollada por el ingeniero que participó del proyecto permite conocer el nivel sobre el cual se encuentra construida una vivienda.

 

Rico señaló que esta información resulta especialmente necesaria para quienes compraron una propiedad durante años de sequía y desconocen hasta dónde llegó el agua en crecidas anteriores.

 

Además, recomendó realizar simulacros familiares para comprobar si el plan puede ejecutarse y corregir posibles fallas.

 

Segunda fase: semanas antes de la crecida

 

La segunda etapa comienza cuando los organismos y autoridades confirman que existe una posibilidad concreta de crecida.

 

Rico diferenció entre generar temor y promover conciencia sobre el riesgo. “No hay que generar miedo. Lo que hay que generar es conciencia”, sostuvo.

En esta instancia, las familias deben conocer los sistemas municipales y provinciales de alerta, mantenerse informadas mediante fuentes oficiales y revisar las decisiones adoptadas durante la planificación inicial.

 

El especialista aclaró que la guía no busca reemplazar las indicaciones de los organismos públicos. “Viene a ser un complemento donde la familia se asume como la primera responsable de qué vamos a hacer en nuestra casa respecto de lo que tenemos”, precisó.

 

 

Gas, electricidad y vehículos: los peligros domésticos

 

La guía también advirtió que el riesgo no se limita al ingreso del río. Las precipitaciones extraordinarias pueden superar la capacidad de los sistemas de drenaje incluso cuando los desagües están limpios.

 

Uno de los peligros señalados fueron los tanques o “chanchitas” de gas instalados sobre bases de hormigón.

 

Según explicó Rico, si el agua alcanza una altura importante, el depósito puede desprenderse, comenzar a flotar e impactar contra una vivienda.

 

“Si no la tengo sunchada y atada, empieza a flotar. Se mueve con el viento y con el agua, puede impactar en tu vivienda y convertirse literalmente en un ariete”, alertó.

En el caso de las instalaciones eléctricas, recomendó revisar a qué altura se encuentran las conexiones abiertas, especialmente cuando los cables fueron colocados bajo tierra.

 

Si el agua alcanza esas uniones, puede producirse un cortocircuito, por lo que el corte del suministro debe realizarse siguiendo las indicaciones de personal capacitado y de las empresas responsables.

 

Los automóviles también pueden convertirse en un riesgo. Los modelos modernos poseen un cierre hermético que les permite flotar cuando el agua aumenta.

 

Rico explicó que, si un vehículo no puede ser retirado hacia una zona alta, dejar las ventanillas abiertas permitiría el ingreso del agua y reduciría el riesgo de que salga flotando y golpee personas o estructuras.

 

El agua puede estar contaminada

 

Cuando la inundación ya está presente, la guía recomendó observar el nivel del río, los arroyos cercanos y la aparición de agua desde el suelo.

 

Las napas pueden encontrarse saturadas y entrar en contacto con pozos negros, sangrías y otros sistemas de saneamiento. “Esa agua de lluvia se va a contaminar inmediatamente y vas a tener un metro o un metro y medio de agua con elementos perjudiciales para la salud”, advirtió.

 

Por ese motivo, remarcó que las personas no deben caminar descalzas ni considerar el agua acumulada como si fuera la de una piscina.

 

También recomendó anticipar medios de movilidad que eviten el contacto directo, como canoas o kayaks, siempre que puedan utilizarse de manera segura.

 

Cuándo decidir una evacuación

 

Una de las decisiones más complejas es determinar si la familia permanecerá en la vivienda o se trasladará hacia un lugar seguro.

 

Para Rico, esa resolución debe tomarse al menos dos o tres semanas antes de que el agua alcance la casa, si las previsiones permiten anticipar el escenario.

 

La familia debe definir si cuenta con parientes o personas cercanas que puedan recibirla, cómo se organizarán los gastos y qué sucederá con quienes necesitan cuidados especiales.

“¿Tenemos un familiar o alguien que nos acoge? ¿O vamos a esperar a que el Estado venga a buscarnos y nos lleve a un club o una escuela?”, preguntó.

 

El arquitecto reconoció que muchas personas se resisten a abandonar sus viviendas por temor a robos o actos de vandalismo.

 

Sin embargo, advirtió sobre el peligro de permanecer sobre techos o estructuras sin condiciones adecuadas durante una crecida prolongada.

 

“Uno cree que esto dura un mes o dos, pero las crecidas, y más si son en invierno, pueden llegar a demorar cuatro o cinco meses”, señaló.

 

El regreso y la reconstrucción

 

La última etapa comienza cuando el agua desciende y las familias regresan a sus hogares.

 

Antes de volver a utilizar la vivienda deben revisarse las instalaciones eléctricas y de gas, además de verificar el estado de paredes, techos, pisos y estructuras.

 

“En esa última fase, que es la reconstrucción y la recomposición, hay que tener en cuenta una serie de recomendaciones vinculadas principalmente con la seguridad de vida”, explicó Rico.

 

La experiencia también obliga a evaluar si resulta conveniente permanecer en el mismo lugar o modificar la forma en que fue construida la vivienda.

 

“La pregunta del siglo es: ‘¿No me tendré que ir de este lugar o tendré que construir de otra manera?’”, planteó.

 

Viviendas que flotan cuando sube el agua

 

Rico trabajó durante los últimos años en el desarrollo de construcciones flotantes adaptadas a zonas inundables.

 

Explicó que no se trata de viviendas que permanecen sobre el agua de manera permanente, sino de estructuras asentadas sobre tierra que flotan únicamente cuando aumenta el nivel.

 

“Construimos bases de hormigón alivianado que pueden estar asentadas en tierra y flotan solo cuando lo necesitás”, detalló.

 

El arquitecto sostuvo que la tecnología podría utilizarse tanto para viviendas como para espacios de monitoreo y resguardo en territorios expuestos.

Para el especialista, estas alternativas forman parte de un proceso más amplio de adaptación de los humedales y las zonas inundables frente a escenarios hídricos cada vez más exigentes.

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