Farmear aura se convirtió en una tendencia viral entre adolescentes y jóvenes, con competencias en las que dos participantes intentan demostrar quién posee mayor carisma, seguridad o actitud frente a un público encargado de elegir al ganador. El fenómeno abrió interrogantes sobre la necesidad de reconocimiento social y el peso que adquiere la mirada de los demás.
La psicóloga Miriam González, integrante del Colegio Oficial de Psicología de Madrid (COP), explicó que este tipo de comportamiento está relacionado con la condición social de las personas. “Porque somos seres profundamente sociales. Desde un punto de vista psicológico, no solo necesitamos vincularnos: también necesitamos sentir que ocupamos un lugar valioso dentro del grupo. Nos importa cómo nos ven los demás porque, en parte, construimos nuestra identidad también a través de esa mirada”, señaló.
Según la especialista, no necesariamente existe detrás de estas competencias un deseo de mostrarse “superior”. También puede responder a la intención de ser reconocido, resultar interesante o evitar una posición de irrelevancia o rechazo dentro de un grupo.
El “aura” como una forma de reconocimiento social
González sostuvo que “el carisma funciona como una especie de capital social: quien tiene presencia, seguridad, humor o capacidad para captar la atención recibe reconocimiento del grupo”. La especialista explicó que esas conductas no son nuevas, aunque sí cambió la forma en que son representadas.
Tradicionalmente, esa búsqueda podía expresarse mediante la ropa, la manera de hablar, el humor, el baile u otras actitudes. Ahora, las redes sociales incorporaron un nuevo código para definir esa capacidad de destacarse: “tener aura”.
“Lo novedoso no es la necesidad psicológica, sino la manera de representarla y puntuarla”, explicó González en declaraciones al medio español Cuídate Plus, difundidas por la Agencia Noticias Argentinas.
Cuándo la búsqueda de aprobación puede afectar la autoestima
La psicóloga diferenció entre participar de estas competencias como entretenimiento y hacer depender la valoración personal del resultado. Una persona con una autoestima equilibrada, sostuvo, puede involucrarse simplemente como parte de un juego y disfrutar de la experiencia.
El escenario cambia cuando la percepción del propio valor comienza a depender de la reacción del público. Según ejemplificó la especialista, pueden aparecer pensamientos como “sé que valgo porque consigo atención”, “soy interesante porque me aplauden” o “si pierdo esta batalla, quedo socialmente por debajo”.
“Ahí hablamos de una autoestima más basada en el exterior que en el interior de la persona, que necesita confirmación externa para mantenerse”, señaló. Sin embargo, aclaró: “Demostrar aura no significa necesariamente tener baja autoestima, a veces, puede ser una expresión saludable de seguridad y creatividad. El indicador relevante sería cuánto depende emocionalmente la persona del resultado y de la aprobación del público”.
Por qué las batallas de aura atraen a los jóvenes
La edad de quienes participan también resulta relevante para comprender la popularidad de la tendencia, publicó NA. González recordó que durante la adolescencia y los primeros años de la juventud se desarrolla buena parte de la construcción de la identidad y aumenta la importancia de los pares.
“La adolescencia y la primera juventud es cuando se construye fundamentalmente la identidad y el grupo de iguales adquiere una importancia enorme, es nuestro referente en esa etapa. Durante la adolescencia la aprobación de los demás tiene un enorme peso emocional y motivacional durante esta etapa”, explicó.
No obstante, la especialista planteó que el fenómeno no debería analizarse únicamente desde una perspectiva negativa. Las competencias también pueden funcionar como espacios para interactuar, improvisar y desarrollar formas de expresión compartidas.
No todo fenómeno viral implica un problema psicológico
“Veo una dimensión positiva que conviene no perder: no todo fenómeno juvenil viral debe analizarse desde la alarma. Estas batallas también pueden ser espacios de creatividad, juego, improvisación, complicidad y socialización presencial. La propia tendencia ha pasado de las redes a plazas y encuentros físicos entre jóvenes”, destacó González.
También rechazó que participar de estas actividades permita caracterizar automáticamente a una persona como narcisista. “Tenemos que tener mucho cuidado con convertir comportamientos cotidianos en diagnósticos psicológicos”, advirtió.
La especialista explicó que competir, intentar resultar atractivo o disfrutar de la admiración son comportamientos humanos que pueden adquirir mayor presencia durante etapas de construcción de la identidad. “Una cosa es que una dinámica pueda reforzar determinados rasgos y otra muy distinta afirmar que los produzca. No todo exhibicionismo es narcisismo, ni toda búsqueda de aprobación es patológica”, concluyó.