Eduardo Canitrot tenía 19 años cuando combatió en la guerra de 1982. Regresó a las islas acompañado por su hija y un amigo para visitar el cementerio de Darwin, reencontrarse con los lugares donde permaneció durante 67 días.
Eduardo Canitrot tenía 19 años cuando llegó a Malvinas como soldado y permaneció durante 67 días en las islas. Cuarenta y cuatro años después, el veterano regresó acompañado por su hija y un amigo para cumplir una promesa que había permanecido pendiente desde el final de la guerra.
El compromiso había nacido en los últimos días del conflicto, después de un intenso bombardeo sobre las posiciones argentinas. En aquel ataque murieron varios soldados, entre ellos Pedro de la Rosa, quien había sido jefe de Canitrot durante más de un año de servicio militar.
“Compartíamos todos los días mates, charlas y trabajo. Tuvimos una muy buena relación”, recordó el excombatiente en diálogo con Elonce. Luego de la rendición, mientras permanecía como prisionero, volvió hasta las posiciones argentinas para recuperar algunas pertenencias y visitar el pozo de su compañero.
Una promesa frente a la bandera británica
Durante aquel recorrido, Canitrot pasó frente a la casa del gobernador y observó que la bandera británica había reemplazado a la argentina. “Fue algo de mucha angustia. Antes estaba flameando la bandera argentina y en ese momento estaba la inglesa”, relató.
Al llegar al pozo de Pedro de la Rosa, hizo una promesa que condicionaría durante décadas su decisión de regresar. “Vi la casa del gobernador y le dije: ‘Pedro, te voy a venir a visitar cuando la bandera argentina flamee en ese mástil’”, recordó.
Durante años rechazó diferentes oportunidades de volver a Malvinas porque temía reencontrarse con recuerdos que todavía le provocaban dolor. “Volver era angustia, porque seguía flameando la bandera inglesa y significaba revivir cosas que no quería revivir”, explicó el veterano.
La manera que encontró para regresar
La decisión cambió durante el último verano, cuando encontró una forma personal de cumplir parcialmente con su palabra. Canitrot practica carreras de ultramontaña y habitualmente lleva consigo una bandera argentina, por lo que resolvió viajar a las islas para correr con ella.
“Le dije a un amigo de la infancia: ‘Encontré la forma de hacer flamear la bandera argentina, como lo hago en todas las carreras’. Me contestó que estaba loco y que no se podía, pero yo tenía que cumplir, en parte, la promesa que le hice a Pedro y, a través de él, a todos los que cayeron”, expresó.
Su hija se sumó al proyecto y comenzó a entrenarse junto con él. Antes del viaje, la bandera desplegada por la Selección Argentina después del partido contra Inglaterra en el Mundial volvió a colocar el reclamo por las islas en el centro de la escena y le dio otro significado a la travesía que estaba por comenzar.
“Fue un momento emocionante. Todos salieron a festejar y yo quise quedarme solo, mirando la televisión y pensando que en 15 o 20 días iba a estar allá”, contó. Para Canitrot, aquella manifestación tuvo un valor especial porque surgió “desde la gente y desde los jugadores”.
El regreso al pozo y la visita a Darwin
Una vez en las islas, el grupo llegó hasta el lugar donde Canitrot había permanecido durante la guerra. El pozo ya no estaba y las construcciones modificaron la vista hacia la casa del gobernador, pero el excombatiente pudo identificar el sector.
“Les dije: ‘Acá estuve 67 días’. El pozo ya no está, pero era este lugar, al lado del río, donde nos higienizábamos”, relató. La siguiente parada fue el cementerio de Darwin, donde descansan los soldados argentinos muertos durante el conflicto.
“Darwin es imponente. Entrás en un lugar inhóspito y solamente ves tumbas”, describió. Primero encontró las sepulturas de Herrera y Pereira, hasta que finalmente llegó a la cruz que llevaba el nombre de Pedro de la Rosa.
“Ahí me desvanecí. Fue como si 44 años de angustia se hubieran concentrado en esa cruz y en esa tumba”, expresó. Frente a los restos de su compañero, pudo pronunciar las palabras que había esperado durante décadas: “Pedro, acá vine a cumplir parcialmente lo que te juré. No será en el mástil, pero nuestra bandera va a flamear en Puerto Argentino”.
La bandera argentina en Puerto Argentino
Canitrot hizo flamear la bandera argentina en dos sectores emblemáticos de Puerto Argentino. Pasó dos veces frente a la casa del gobernador y también recorrió una zona cercana a la iglesia, el puerto y el monumento británico.
“Las dos primeras pasadas las hice por Pedro. Después dije que también teníamos que hacerlo por Giachino, el primer argentino que murió, porque fue precisamente en ese lugar”, señaló el veterano de Malvinas.
Durante el recorrido pasaron vehículos y peatones, pero nadie intentó detenerlo. “No se dieron cuenta, no dimensionaron lo que estaba haciendo o decidieron dejarlo pasar. Yo estaba ciego y sentía que tenía que hacerlo”, sostuvo.
Las dos horas que conmovieron a su hija
Otro momento significativo ocurrió durante el ascenso al monte Dos Hermanas, cuando Canitrot decidió permanecer casi dos horas bajo el frío y la humedad. Su hija y su amigo le pidieron reiteradamente que comenzaran el descenso, pero él quiso mostrarles una pequeña parte de lo vivido durante la guerra.
“Mi hija me dijo que tenía los pies congelados y que ya no soportaba el frío. Le respondí: ‘Nosotros mañana podemos volver, bañarnos, calentarnos, comer y acostarnos en una cama; yo estuve dos meses acá y no tuve esa posibilidad’”, narró.
Aquellas palabras provocaron el llanto de ambos y marcaron uno de los momentos más emotivos del viaje. “Quise hacerle sentir, durante esas pocas horas, algo de lo que nosotros vivimos durante 67 días”, concluyó Canitrot, quien pudo regresar a Malvinas como sobreviviente y saldar una parte de aquella promesa nacida en 1982.