REDACCIÓN ELONCE
"Mi reino por un caballo" asistió a un equino que agonizaba en una plaza y cuestionó la falta de intervención. En diálogo con Elonce, relataron cómo encontraron al animal y piden medidas frente al maltrato animal.
La muerte de un caballo por abandono en Paraná volvió a poner en agenda el maltrato animal y la falta de respuestas oficiales ante denuncias reiteradas de vecinos. El hecho ocurrió en una plaza del barrio Anacleto Medina, donde el equino fue hallado en estado agonizante y finalmente debió ser sometido a eutanasia por su cuadro irreversible. La ONG “Mi reino por un caballo” intervino tras recibir el aviso de residentes de la zona, pero cuestionó la ausencia de acompañamiento institucional.
Según relató Juliana Roskopf, voluntaria de la organización, el primer aviso llegó el miércoles por la noche, alrededor de las 21. “A nosotros nos avisan los vecinos del barrio el día miércoles por la noche, aproximadamente a las 9”, explicó a Elonce. Sin embargo, ninguno de los integrantes contaba con los medios necesarios para acudir de inmediato al lugar, ni con el respaldo de las fuerzas de seguridad para realizar el procedimiento.
Al día siguiente, dos voluntarios de la ONG, junto a integrantes de otra agrupación proteccionista, se acercaron al barrio para constatar la situación. Allí solicitaron asistencia policial para intervenir de manera segura. “El móvil policial no apareció, se hizo una llamada al 911, el 911 tampoco dio respuestas a esto, así que tuvimos que dejarlo en ese momento ahí”, detalló Roskopf.
Un cuadro irreversible
Recién el viernes, con luz diurna y acompañados por un veterinario, los voluntarios organizaron un operativo para asistir al animal. Llevaron medicación y los elementos necesarios para estabilizarlo, pero al llegar confirmaron que el cuadro era extremo. El caballo se encontraba convulsionando desde hacía varios días y presentaba un estado general crítico.
“El veterinario diagnosticó que su situación no era compatible con la vida”, señaló la voluntaria. La decisión de aplicar la eutanasia fue calificada como “superdifícil”, pero necesaria ante el sufrimiento evidente del equino. “El animal estaba totalmente golpeado. Hacía días que estaba convulsionando y que nadie lo había ayudado”, agregó Elonce.
Roskopf describió que el caballo presentaba signos claros de deshidratación, desnutrición y múltiples edemas, especialmente en la cabeza. Además, no podía incorporarse para beber agua, lo que agravó su estado en medio de jornadas de calor intenso. “Ellos necesitan un promedio de 50 o 60 litros de agua por día. Imagínense un animal tirado al cual nadie asistió”, sostuvo.
Denuncias y falta de respuesta
Vecinos del barrio manifestaron que habían realizado reiteradas llamadas a la Policía para alertar sobre la situación. De acuerdo con el testimonio de la ONG, efectivos se habrían hecho presentes en algún momento, pero no se habría dado intervención a las áreas correspondientes para el retiro o atención del animal.
“Somos un grupo de 30 o 35 personas luchando contra la desidia de una ciudad. Instituciones que no responden a nuestros llamados”, afirmó Roskopf. En ese sentido, cuestionó que el gobierno municipal no haya implementado estrategias eficaces para abordar una problemática que también implica riesgos de salud pública.
La voluntaria remarcó que no se pudo determinar con certeza el origen del equino. Podría haber sido un animal utilizado para tracción a sangre o perteneciente a una familia sin recursos que, ante la enfermedad, lo dejó abandonado. También mencionó que se observaron otros caballos en condiciones preocupantes en la zona, aunque aclaró que la ONG solo pudo intervenir en este caso puntual.
El riesgo sanitario tras la muerte
Tras la eutanasia, surgió otro problema: el destino del cuerpo del animal. La ONG cubrió los costos del procedimiento veterinario y evaluó la posibilidad de traslado, pero el tamaño y peso del equino dificultaron cualquier acción inmediata. “Son animales que pesan alrededor de 200 kilos en esa situación. No es tan fácil hacer un pozo y enterrarlo”, explicó.
Además, la presencia del cuerpo en la vía pública implicaba un riesgo adicional, ya que el animal tenía sustancias utilizadas para la eutanasia que podrían afectar a otros animales si lo consumían. “Es un riesgo para los otros animales y por supuesto para la gente del barrio”, advirtió.
Roskopf indicó que algunos vecinos intentaron colaborar con la intención de enterrarlo, pero la logística y los costos superaban las posibilidades de la organización. “Pagar también una retro para que vaya a hacer ese trabajo final es realmente imposible para nosotros como ONG”, expresó, al tiempo que reiteró el pedido de acompañamiento estatal.
Pedido de colaboración y prevención
Desde “Mi reino por un caballo” señalaron que en Paraná existen numerosos equinos en situación vulnerable. La organización funciona con alrededor de 30 voluntarios y depende exclusivamente de aportes solidarios para afrontar gastos veterinarios, traslados e insumos básicos.
“Tenemos un grupo de padrinos o madrinas que hacen un aporte mensual, pero todo tipo de donación para nosotros es útil”, indicó Roskopf a Elonce. Enumeró entre las necesidades habituales guantes, jeringas, agujas, alcohol y medicamentos, además de aportes económicos que permitan sostener los rescates.
La voluntaria agradeció la visibilización del caso y el acompañamiento de la comunidad. “Es realmente agotador”, confesó, al describir la carga emocional que implica asistir animales en estado crítico y enfrentar, al mismo tiempo, la falta de respuestas institucionales.
El caso del caballo muerto por abandono en Paraná reavivó el debate sobre el control de la tracción a sangre, la fiscalización del cuidado animal y la responsabilidad de las autoridades frente a denuncias reiteradas. Para la ONG, la situación no se limita al maltrato individual, sino que evidencia una problemática estructural que requiere políticas públicas sostenidas.