REDACCIÓN ELONCE
La costanera y el balneario municipal se convirtieron en el epicentro del disfrute ciudadano durante una noche de viernes marcada por la luna llena, la brisa sudeste y una temperatura que rondó los 28 grados. Desde temprano, vecinos de distintos barrios se acercaron para caminar, entrenar, compartir un picnic o simplemente contemplar el paisaje del río bajo una postal que muchos definieron como “espectacular”.
Elonce realizó una recorrida por la zona ribereña y pudo constatar una importante concurrencia de personas que aprovecharon el alivio térmico que trajo el viento, luego de una jornada pesada en cuanto al calor. El estacionamiento frente al balneario se encontró colmado de vehículos, mientras familias enteras se instalaron con conservadoras, sillones y mantas para compartir la noche al aire libre.
Deporte, caminatas y aire libre
Entre las primeras postales se destacaron vecinos que eligieron la costanera para salir a caminar, correr o entrenar, con el objetivo de retomar la actividad física luego de las celebraciones de fin de año. A lo largo del paseo, se observó a personas de todas las edades recorriendo el sector costero, algunos en solitario y otros en grupo, aprovechando un clima mucho más agradable que el registrado durante el día anterior.
La escena combinó movimiento y tranquilidad: quienes corrían o caminaban a paso firme compartían el espacio con familias sentadas frente al río, mates de por medio, mientras la luna llena comenzaba a elevarse sobre el horizonte y reflejarse en el agua.
Feriantes y emprendedores en la costanera
La noche también fue una oportunidad de trabajo para emprendedores y feriantes, que se instalaron en distintos puntos del paseo costero ofreciendo productos artesanales y de uso cotidiano. Uno de los vendedores contó a Elonce que la jornada se presentó “bien movidita”, tras una tarde muy concurrida en la playa, y expresó expectativas por la llegada de turistas durante la temporada de verano.
“El lugar estuvo muy concurrido durante la tarde y ahora esperamos que siga llegando gente. Vinimos cuando bajó un poco el sol y la temperatura, a probar suerte”, relató el feriante, quien destacó que la noche acompañó con una brisa que trajo alivio y una luna llena que embelleció el paisaje.
En los puestos se pudieron encontrar pulseras, tobilleras, trenzas, abanicos, mates y llaveros, entre otros artículos pensados para el verano. “La idea es ofrecer cosas que se puedan usar, que sirvan para esta época”, explicó, al tiempo que señaló que muchas personas se detenían a consultar precios y observar los productos antes de continuar su paseo.
El río, un atractivo permanente
A medida que avanzaba la noche, más vecinos se acercaron a la zona de playa, donde algunos aprovecharon para refrescarse en los sectores habilitados para el ingreso al río. El balneario y otras áreas autorizadas mostraron movimiento constante, con personas que habían llegado durante la tarde y decidieron extender su estadía hasta después del anochecer.
La postal se repitió en distintos puntos: grupos sentados frente al agua, charlas distendidas y miradas dirigidas al cielo. “La protagonista de la noche es la luna”, coincidieron varios de los presentes, al señalar que su salida sobre la isla fue uno de los momentos más comentados.
Compartir en familia, el plan elegido
Entre las familias que disfrutaban de la noche se encontraba Raúl, quien llegó al balneario junto a sus seres queridos con algo sencillo para compartir. “Poco, pero alcanza para compartir en familia”, expresó entre risas, mientras señalaba que el plan surgió de manera espontánea para aprovechar la noche y despejarse.
Consultado sobre el clima, comentó que durante la tarde se había sentido el calor, pero que el alivio llegó minutos antes de instalarse en la costanera. “Recién ahora está más lindo, antes estaba pesado”, explicó, al tiempo que reconoció que aún quedaban restos de comida de las fiestas de fin de año, una excusa perfecta para salir de casa y compartirla frente al río.
Una pausa del ritmo cotidiano
Otra de las voces fue la de Norma, quien se acercó junto a su pareja, su yerno y su hija. Según relató, la propuesta surgió como una forma de romper con la rutina diaria y disfrutar del espacio público. “Para salir en familia, despejar un poco de la casa y del ritmo de todos los días”, señaló.
La vecina valoró la posibilidad de compartir tiempo al aire libre y destacó el entorno natural. “Ahora está hermoso, muy lindo para estar en familia”, afirmó, y agregó que suelen elegir este tipo de planes siempre que el clima acompaña, ya sea en grupo o en pareja.
La luna llena como protagonista
La luna llena fue, sin dudas, el elemento que unificó las distintas experiencias de la noche. Desde deportistas hasta feriantes y familias, todos coincidieron en resaltar su presencia y el efecto que tuvo sobre el paisaje costero. “Hermoso, espectacular, ideal para andar de novio”, describió Norma, entre sonrisas, al referirse a la escena nocturna.
El reflejo de la luna sobre el río Paraná, acompañado por una suave brisa, generó un clima particular que invitó a quedarse un rato más, conversar y disfrutar sin apuros. Muchos aprovecharon para tomar fotografías o simplemente sentarse a observar, en una postal que se repite cada verano pero que, según los presentes, nunca pierde su encanto.
Un espacio que convoca todo el año
La costanera volvió a demostrar su rol como espacio de encuentro y recreación, especialmente en las noches de verano. La combinación de naturaleza, infraestructura y propuestas informales convierte al lugar en uno de los más elegidos por vecinos y visitantes para cerrar el día.
Con la llegada de enero y el inicio de la temporada turística, la expectativa de feriantes y comerciantes se mantiene alta, mientras que los vecinos continúan apropiándose del espacio público para compartir, hacer actividad física o simplemente disfrutar del paisaje ribereño.
La noche de luna llena dejó así una serie de postales que reflejaron el pulso del verano junto al río: familias reunidas, trabajo artesanal, deporte, descanso y un cielo despejado que acompañó a quienes eligieron la costanera como escenario para comenzar el año de una manera distinta.