REDACCIÓN ELONCE
El acuerdo Mercosur Unión Europea comenzó a ser analizado como una variable concreta del futuro económico argentino, luego de más de veinte años de negociaciones. La frase clave objetivo, acuerdo entre los bloques, ya no remite solo a debates políticos, ambientales o diplomáticos, sino a cifras, mercados y reglas comerciales que pueden modificar el mapa económico del país en el mediano y largo plazo.
El tratado establece la creación de una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, al integrar a dos bloques que, en conjunto, concentran más de 700 millones de habitantes y una porción significativa del comercio global.
En la actualidad, el intercambio entre el Mercosur y la Unión Europea supera los 100.000 millones de euros anuales. Con el acuerdo plenamente en vigencia, distintos estudios privados y organismos especializados estimaron que ese flujo podría crecer entre un 30% y un 35% en el mediano plazo.
En términos absolutos, eso implicaría sumar hasta 35.000 millones de euros adicionales al comercio bilateral en los próximos años, una cifra que explica por qué el acuerdo volvió a ocupar un lugar central en la agenda económica argentina.
Impacto en el PBI: porcentajes bajos, montos relevantes
Si bien el impacto sobre el Producto Bruto Interno suele presentarse como moderado en términos porcentuales, los valores absolutos resultan significativos. Las proyecciones para el Mercosur hablan de un aumento cercano al 0,3% del PIB regional como consecuencia directa del acuerdo.
Para la Argentina, ese impacto sería mayor que el promedio regional, debido a que parte de niveles arancelarios más altos y, por lo tanto, tiene más margen para capturar beneficios a partir de la reducción de impuestos al comercio. En un contexto de restricciones externas recurrentes, cualquier mejora sostenida en el frente exportador adquiere una relevancia estratégica.
Un mercado grande y con alto poder de compra
La Unión Europea reúne a unos 450 millones de consumidores y es uno de los mayores importadores de productos agroindustriales del mundo. Sus compras anuales en ese rubro rondan los 220.000 millones de dólares, una cifra que dimensiona el potencial de acceso para países exportadores de alimentos.
Sin embargo, la participación argentina en ese mercado sigue siendo baja: representa apenas alrededor del 3% de las importaciones agroindustriales europeas. El acuerdo Mercosur–Unión Europea apunta precisamente a revertir esa situación, otorgando condiciones preferenciales de acceso para casi la totalidad de los productos del bloque sudamericano.
Para la Argentina, esto se traduce en la posibilidad de vender más volumen, mejorar precios y operar bajo reglas comerciales más estables que las actuales. Desde la perspectiva europea, el incentivo pasa por ampliar el acceso al mercado sudamericano para bienes industriales, tecnológicos y de mayor valor agregado.
El resultado es un esquema de concesiones cruzadas que, en términos netos, favorece especialmente a economías con fuerte perfil exportador de alimentos y materias primas, como la argentina.
Más comercio y mejores precios para los exportadores
Uno de los beneficios económicos centrales del acuerdo no se limita al aumento del volumen exportado. La mejora de los precios netos que reciben los exportadores aparece como un factor clave, publicó IProfesional. La eliminación o reducción de aranceles en destino permite que los productos argentinos lleguen al mercado europeo con mayor margen.
Maximiliano Díaz, socio director de Endógena Consultora, explicó que en muchos casos no será necesario modificar la matriz productiva. “Hay productos que Argentina ya exporta a Europa, con canales comerciales aceitados, pero que hoy pagan aranceles. Con el acuerdo, esos aranceles desaparecen y el precio mejora automáticamente”, señaló.
Ese efecto resulta especialmente relevante en cadenas como la soja industrializada. Harina y pellet ya cuentan con una fuerte presencia en la Unión Europea y, con el nuevo esquema, combinarán arancel cero en destino con un compromiso interno de reducción de derechos de exportación.
Retenciones, previsibilidad y señales económicas
Uno de los aspectos menos difundidos, pero de mayor impacto económico, es el compromiso argentino en materia de derechos de exportación. El capítulo comercial del acuerdo Mercosur–Unión Europea fija topes máximos y cronogramas de reducción para los envíos hacia el mercado europeo.
En el complejo sojero, por ejemplo, el acuerdo establece que las retenciones no podrán superar el 18% a partir de determinado período y que, en el largo plazo, deberán converger al 14%. Para los exportadores, esto implica previsibilidad y la garantía de que las reglas no podrán modificarse de manera discrecional.
Según la Fundación INAI, esta previsibilidad actúa como un ancla económica que reduce el riesgo regulatorio y mejora las condiciones para invertir. No se trata solo de vender más, sino de hacerlo con menor incertidumbre, un factor clave para decisiones productivas de largo plazo.
Cadenas con mayor potencial de aprovechamiento
El impacto del acuerdo no será homogéneo entre los distintos sectores productivos. Algunas cadenas cuentan con ventajas claras para capturar rápidamente los beneficios económicos.
La soja y sus derivados aparecen entre las más favorecidas, tanto por volumen como por inserción previa en el mercado europeo. Algo similar ocurre con la carne bovina, donde el acuerdo amplía cuotas para distintos cortes y abre oportunidades en segmentos donde la Argentina ya es competitiva.
Otras producciones, como el sorgo, muestran un potencial diferente. Actualmente, casi toda la exportación de este cereal tiene como destino China, pero el acuerdo abre un mercado alternativo en Europa con mejores precios relativos.
En este caso, el beneficio económico no pasa solo por producir más, sino por diversificar destinos y reducir la dependencia de un único comprador. Además, dentro del Mercosur, la Argentina es el principal productor de sorgo, lo que le otorga una posición favorable en futuras negociaciones internas.
Economías regionales y desafíos adicionales
El acuerdo también genera oportunidades para economías regionales como miel, arroz, lácteos y quesos. Sin embargo, en estos casos el desafío es mayor, ya que el acceso al mercado europeo exige inversiones adicionales en trazabilidad, certificaciones y controles sanitarios más estrictos.
En el caso de la carne bovina, el escenario es más complejo. Si bien la Argentina ya exporta a la Unión Europea, el cupo adicional de 100.000 toneladas deberá ser repartido entre los países sudamericanos. Esa negociación será ardua, especialmente con Brasil y Uruguay, ya que el primero domina en volumen y el segundo en calidad y trazabilidad.
Para la carne porcina, los análisis coinciden en que Brasil aparece como el principal beneficiado, debido a su liderazgo global en producción y exportaciones, lo que le permitiría aprovechar con mayor rapidez la nueva ventana comercial.
Estrategia y coordinación, claves del resultado final
Tanto desde el sector privado como desde organismos técnicos se advierte que el acuerdo, por sí solo, no garantiza resultados automáticos. El potencial económico puede diluirse si no existe una estrategia clara y coordinada.
En el corto plazo, el Mercosur deberá definir cómo se distribuyen las cuotas entre los países miembros, una negociación clave para determinar qué porción del nuevo negocio quedará en manos de la Argentina. En el mediano plazo, el desafío será productivo y financiero: invertir para cumplir estándares más exigentes y evitar que solo un grupo reducido de grandes empresas capture las oportunidades.
Desde una mirada económica, el acuerdo Mercosur–Unión Europea puede funcionar como catalizador de inversiones locales y extranjeras, siempre que exista coordinación entre el sector público y privado.
Una oportunidad real, pero no automática
En términos estrictamente económicos, el acuerdo pone en juego miles de millones de dólares en comercio adicional, ahorro de aranceles y mejora de precios. Para la Argentina, representa una oportunidad concreta de aumentar exportaciones, diversificar mercados y ganar previsibilidad en un contexto global volátil.
El impacto final dependerá menos del texto firmado y más de cómo se utilice. El acuerdo abre la puerta; atravesarla será una decisión económica y política que se definirá puertas adentro, en cada cadena productiva y en cada estrategia de inserción internacional.