REDACCIÓN ELONCE
El sistema con IA en el agro entrerriano surgió como una iniciativa personal para preservar conocimientos productivos y garantizar su transmisión generacional. Diego Álvarez, ingeniero agrónomo de Nogoyá, desarrolló una herramienta basada en inteligencia artificial para que sus hijos puedan acceder a su experiencia acumulada durante más de dos décadas de trabajo en el campo.
La idea nació a partir de una inquietud personal que lo llevó a reflexionar sobre el futuro. “Si mañana yo no estoy más, ¿qué pasa con todo lo que aprendí?”, se preguntó. Esa duda, atravesada por la emoción, fue el punto de partida de un proyecto que hoy combina tecnología y legado familiar.
Álvarez trabaja desde hace más de 20 años en el campo familiar, donde administra 420 hectáreas productivas. Sus hijos, Santos y Juana, tienen 11 y 8 años, y aunque aún no definieron su futuro, el productor busca dejarles herramientas para comprender y gestionar la actividad.
De la experiencia personal a la inteligencia artificial
El sistema desarrollado se basa en la recopilación de datos, decisiones y aprendizajes acumulados a lo largo de 23 años. “Todo eso estaba en un solo lugar: mi cabeza”, explicó el ingeniero, quien destacó el valor de las experiencias, errores y aciertos que marcaron su trayectoria.
Junto a un socio especializado en inteligencia artificial, fundó una empresa de agrosoftware que permitió transformar ese conocimiento en un sistema digital. La herramienta funciona mediante agentes de IA que replican su forma de analizar la producción y tomar decisiones.
“No es ChatGPT. No es un Excel con macros. Son agentes especializados que aprenden cómo yo tomo decisiones, con mis datos, mis criterios y mis reglas”, detalló Álvarez a TN, quien también cuenta con una comunidad digital vinculada al agro.
Un cambio frente a la tradición oral del campo
El productor remarcó que en el sector agropecuario predomina la transmisión oral del conocimiento, lo que implica un riesgo de pérdida de información con el paso del tiempo. “Cuando el productor ya no está, el conocimiento se va con él”, afirmó.
En ese contexto, su iniciativa busca revertir una práctica histórica mediante la digitalización de saberes. Según explicó, el sistema permite consultar decisiones productivas basadas en su experiencia real y en las condiciones específicas de su campo.
“Cuando le pregunto si conviene meter maíz en un lote específico, no me responde con un paper de Iowa: me responde con mi historia productiva, y las condiciones reales de Entre Ríos”, señaló.
Tecnología, legado y proyección
El desarrollo no solo tiene un valor técnico, sino también simbólico. “Mi viejo me dejó la tierra, y yo quiero dejarles a mis hijos algo más: el conocimiento de cómo trabajarla bien”, expresó Álvarez.
Aunque evalúa la posibilidad de ampliar el sistema para otros productores, actualmente continúa perfeccionándolo con sus propios datos. El objetivo es lograr una herramienta precisa y adaptable a distintas realidades productivas.
El ingeniero también destacó que la iniciativa no surgió de una planificación previa, sino de un momento de introspección. “Fue como una revelación. Se me cayó un lagrimón y ahí dimensioné la idea”, relató.
El desafío de preservar el conocimiento
Álvarez planteó que uno de los mayores desafíos del agro es evitar la pérdida de conocimiento acumulado durante generaciones. “La tierra sin conocimiento es un activo vacío. El conocimiento sin tierra es una biblioteca”, reflexionó.
En ese sentido, consideró que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta clave para preservar saberes y mejorar la toma de decisiones. También advirtió que muchos productores enfrentan la misma problemática.
“Hay miles de productores con décadas de experiencia que se va a morir con ellos si no hacen algo. No todos tienen que crear un sistema, pero sí entender que su conocimiento vale y que hoy se puede preservar”, concluyó.