La paritaria y aumento de sueldo de los trabajadores rurales ya transita su etapa final de aplicación, con los incrementos escalonados definidos por la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE). En abril y mayo 2026, el esquema salarial muestra su impacto pleno en los ingresos del sector, en un contexto atravesado por la inflación y la pérdida del poder adquisitivo.
El acuerdo establece una recomposición progresiva del salario del peón general, que comenzó en febrero y culminará en mayo. Según lo pactado, los valores fueron actualizándose mes a mes, generando un esquema de aumentos escalonados que busca acompañar la evolución de precios, aunque con resultados dispares en términos reales.
En este marco, el sector rural atraviesa una etapa de transición no solo salarial, sino también normativa, ya que las negociaciones se encuadran en cambios recientes del sistema de fijación de salarios, con mayor intervención de acuerdos colectivos y procesos de homologación administrativa.
Cómo evolucionan los salarios en abril y mayo
En abril 2026, el salario del peón general se ubica en $1.067.018,16, siendo este el segundo tramo efectivo del incremento ya liquidado. Este valor representa una actualización respecto a los meses anteriores, aunque su impacto depende del comportamiento inflacionario del mismo período.
Para mayo 2026, el acuerdo prevé un nuevo ajuste que llevará el salario a $1.093.693,62, completando así el esquema de recomposición salarial pactado entre las partes. Este será el último incremento previsto dentro de la negociación actual.
En febrero, el salario base había sido de $1.000.908,17, mientras que en marzo ascendió a $1.035.939,96. De esta manera, el aumento se aplicó de forma escalonada en cuatro etapas, con impacto progresivo en los ingresos mensuales de los trabajadores rurales registrados.
Inflación y efecto real del aumento
El esquema de la paritaria y aumento de sueldo rural fue diseñado como una recomposición progresiva, pero su implementación coincide con un escenario de inflación en ascenso. Esto genera un desfasaje entre los incrementos nominales y el poder adquisitivo real de los trabajadores.
Dado que los aumentos fueron definidos con anticipación, su impacto efectivo depende de la evolución del costo de vida durante los mismos meses. En este sentido, los tramos ya aplicados deben analizarse en función de la variación de precios registrada en marzo y abril.
Este contexto plantea un desafío adicional para el sector, ya que los incrementos salariales no siempre logran compensar completamente la pérdida de poder de compra, especialmente en períodos de alta inflación.
Cambios normativos y situación del sector rural
El acuerdo salarial también se enmarca en un proceso de transformación del sistema de negociación colectiva del sector agropecuario. Actualmente, las paritarias rurales se encuentran en transición hacia un esquema bajo la Ley 14.250, con modificaciones introducidas por normativa reciente, publicó Iprofesional.
Mientras tanto, el acuerdo aún no cuenta con todas las instancias administrativas finalizadas: no se difundió el texto completo, las escalas oficiales no fueron publicadas y se encuentra a la espera de homologación. Esto condiciona su aplicación plena.
A esto se suma un factor estructural relevante: según estimaciones gremiales, hasta el 70% del empleo rural se desarrolla en condiciones de informalidad, lo que limita el alcance real de la paritaria y aumento de sueldo en amplios sectores del trabajo rural argentino.