REDACCIÓN ELONCE
La producción de búfalos en el Delta entrerriano se consolidó como una alternativa para aprovechar los campos bajos sin transformar el ambiente. Carlos Cadoppi, productor de tercera generación, explicó que estos animales lograron adaptarse a los pastizales duros, los pajonales y la presencia de agua, donde la ganadería vacuna afrontaba mayores dificultades.
Cadoppi contó a Moviendo el Avispero que su familia inició la actividad agropecuaria en las islas durante 1940. En el año 2000, mientras analizaba qué producción podía resultar rentable y compatible con el humedal, comenzó a estudiar la incorporación del búfalo.
“Soy un convencido de que no se puede hacer soja en cualquier lugar y de que no hay que endicar todo nuestro Delta para desarrollar cultivos, terraplenes o barrios náuticos. Pensamos qué producción podía adaptarse a las inclemencias climáticas, ser rentable y generar arraigo isleño”, expresó.
Una producción adaptada al territorio
El proyecto obtuvo en 2000 un reconocimiento en un concurso de innovación tecnológica de la entonces Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación. La propuesta buscaba comparar la eficiencia productiva del búfalo con la del ganado vacuno en ambientes caracterizados por pajonales, juncos y pasturas duras.
“El ganado vacuno tiene dificultades para convertir esos pastos, mientras que el búfalo posee una capacidad de conversión de forraje en carne muy superior”, señaló Cadoppi. De acuerdo con su experiencia, los animales alcanzaron ganancias diarias de entre 600 y 700 gramos en campos naturales.
El ciclo comenzó con terneros de aproximadamente 200 a 230 kilos durante octubre y noviembre. Luego de 15 a 18 meses, los búfalos sumaron entre 250 y 300 kilos y quedaron listos para la faena con unos 450 kilos y alrededor de dos años.
“Vendemos Delta y sustentabilidad”
Cadoppi consideró que el valor de la actividad excedía la comercialización de carne. “Siempre digo que, más que vender carne de búfalo, vendemos Delta y sustentabilidad”, remarcó.
Según explicó, la producción permitió mantener activos establecimientos considerados marginales para otras explotaciones y brindar alternativas laborales a las familias isleñas. El productor advirtió que la pérdida de rentabilidad de la forestación y de la ganadería vacuna favoreció el alejamiento de jóvenes y pobladores del territorio.
“El búfalo es una alternativa productiva sustentable que genera arraigo y valor para la provincia, tanto dentro como fuera del país”, sostuvo. También cuestionó la falta de controles sobre obras, terraplenes y extracciones que, según afirmó, alteraron el funcionamiento natural del humedal.
Carne entrerriana con llegada internacional
El emprendimiento realizó en 2003, según relató Cadoppi, la primera faena y la primera etiqueta argentina de carne de búfalo procedente del Delta entrerriano. Tres años después concretó una exportación hacia Europa.
“En 2006 hicimos la primera exportación de carne de búfalo desde América hacia Europa. Desde entonces trabajamos para posicionar nuestro Delta y nuestra carne como un producto de alta gama, vinculado con el lugar y la forma en que se produce”, destacó.
El productor indicó que la carne se obtenía mediante un sistema completamente pastoril, sin modificar ríos ni arroyos. Además, aseguró que se caracterizaba por ser magra, contener menos colesterol y poseer un elevado aporte de hierro.
“Nuestra carne es como un vino o un queso de alta gama: hace referencia al lugar donde fue producida. Es la consecuencia de criar los animales en el Delta, 100% a pasto y sin perjudicar a nuestros vecinos”, afirmó.
Una cadena que involucró a la comunidad
La iniciativa también se vinculó con escuelas rurales, establecimientos agrotécnicos, organizaciones productivas e instituciones científicas. Los campos integraron proyectos de investigación desarrollados por especialistas del Conicet, la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de San Martín.
Cadoppi explicó que anualmente organizaron la jornada “Somos Humedal”, un encuentro destinado a mostrar la cadena productiva del búfalo. Allí participaron escuelas, investigadores, productores y representantes de la industria vinculada con el aprovechamiento del cuero.
“Demostramos que se puede generar valor agregado en campos que algunos consideran marginales, pero que para nosotros son nuestra casa”, manifestó. El establecimiento también formó parte de una red internacional dedicada a la protección de humedales.
La Fiesta del Asado con Cuero de Búfalo
El impacto económico y turístico de la actividad quedó reflejado en la localidad de Médanos, ubicada entre Ceibas y Gualeguay. Allí se realizó la undécima edición de la Fiesta del Asado con Cuero de Búfalo.
De acuerdo con Cadoppi, el pueblo tenía alrededor de 600 habitantes, pero la celebración llegó a recibir cerca de 8.000 visitantes. Esa concurrencia generó un movimiento significativo para emprendedores, comerciantes y prestadores de servicios de la zona.
“El ingreso que produce esa fiesta es superior a los recursos que recibe mensualmente la localidad por parte del Gobierno provincial, y todo se genera a partir de un elemento como el búfalo”, señaló.
Una carne magra y de sabor suave
El productor reconoció que la introducción de la carne de búfalo en el mercado argentino resultó compleja debido al desconocimiento de los consumidores. Muchas personas, explicó, la confundieron con la carne del bisonte norteamericano o consideraron que podía ser dura.
“En el sabor no hay una gran diferencia con la carne vacuna. Es muy suave, pero tiene mucha menos grasa intramuscular y no presenta el veteado clásico que suele verse en otros cortes”, aclaró.
Según Cadoppi, esa composición permitió una mayor digestibilidad y evitó que quedara una sensación grasosa en la boca. Su comercialización se concentró inicialmente en restaurantes de alta gama de Buenos Aires, Mendoza y Rosario, aunque después comenzó a difundirse en Santa Fe, Corrientes, Misiones y Entre Ríos.
“Es una alternativa de proteína roja muy interesante, nutritiva y saludable, que producimos en Entre Ríos. Esperamos que los consumidores la acepten y la incorporen con mayor frecuencia a su dieta”, expresó.
Precio y rentabilidad para el productor
El valor para el público podía ubicarse por debajo de algunos cortes vacunos debido al desconocimiento del producto. Cadoppi aclaró, sin embargo, que la limitada cantidad de búfalos impedía que esta carne reemplazara masivamente a otras proteínas.
En Argentina existían, según los datos mencionados por el productor, unos 250.000 búfalos frente a aproximadamente 50 millones de bovinos. Por esa diferencia de escala, la producción funcionaba como una alternativa y no como un sustituto generalizado de la carne vacuna.
Para los establecimientos, el margen resultó atractivo por la rusticidad del animal y su eficiencia alimentaria. “En nuestros campos tardamos casi la mitad de tiempo en engordar un búfalo en comparación con un vacuno”, aseguró.
Los cuidados necesarios en las islas
Cadoppi explicó que las pariciones se concentraron durante el verano y que el destete se realizó entre octubre y noviembre, cuando los campos presentaron su mejor disponibilidad forrajera. Los terneros alcanzaron en ese momento entre 230 y 240 kilos.
El búfalo también requirió menores costos de alimentación suplementaria y tuvo capacidad para consumir pasturas más duras. Sin embargo, el productor advirtió que su crianza debía desarrollarse en terrenos adecuados y con infraestructura segura.
“No es un animal para utilizar indiscriminadamente en las islas. Ante una sudestada o una inundación puede superar el perímetro y salir nadando. Es fundamental disponer de un lugar alto donde resguardar a los animales y evitar daños a terceros”, explicó.
Potencial para otras regiones de Entre Ríos
El productor consideró que la actividad también podía extenderse a otros puntos de la provincia con arroyos, pajonales y campos bajos. Mencionó consultas recibidas desde Lucas González y señaló que departamentos como Gualeguay y Gualeguaychú tenían condiciones favorables.
En cambio, desaconsejó la introducción de búfalos en zonas de montes cerrados. Explicó que las hembras eran muy protectoras de sus crías y podían esconderse entre la vegetación, lo que dificultaba el manejo y el traslado.
“Entre Ríos tiene un potencial enorme porque está atravesada por ríos y posee muchos campos bajos. El búfalo es más simple, rústico y económico desde el punto de vista veterinario”, aseguró.
Finalmente, Cadoppi reclamó políticas provinciales para difundir y acompañar la actividad. “Ojalá algún gobierno advierta el trabajo que hacemos los productores del Delta para posicionar a la provincia, generar valor agregado y sostener el arraigo”, concluyó.