Las lluvias en Chile continúan dejando un escenario devastador. El histórico sistema frontal que afecta a diez regiones del país provocó la muerte de 13 personas, dejó cuatro desaparecidos, más de 3.500 damnificados y mantiene a unas 60.000 personas aisladas, según el último balance oficial difundido por las autoridades.
El fenómeno, favorecido por las condiciones climáticas asociadas a El Niño, comenzó el 14 de julio y generó precipitaciones de intensidad inusual para un país que atraviesa una prolongada sequía. Durante varios días, las lluvias provocaron el desborde de ríos, aluviones, inundaciones urbanas, cortes masivos de energía eléctrica y agua potable, además de severos daños en viviendas, rutas y zonas productivas.
A más de una semana del inicio del temporal, el norte chileno presenta un panorama de destrucción. Las lluvias torrenciales arrasaron cultivos, destruyeron carreteras y dejaron miles de viviendas afectadas. El Gobierno estima que unas 2.800 casas quedaron destruidas como consecuencia de las precipitaciones, las crecidas de los ríos y los deslizamientos de tierra.
Estado de emergencia y operativo de asistencia
El presidente José Antonio Kast calificó la situación como un evento sin precedentes por su extensión e intensidad y decretó el estado de emergencia en las zonas más afectadas. La medida permite el despliegue de las Fuerzas Armadas, restringir la circulación en sectores de riesgo y agilizar la distribución de ayuda humanitaria.
"Se han juntado distintos factores como el viento, la lluvia, la nieve y las marejadas, afectando de distintas maneras a las diez regiones que abarca este frente, inédito por la duración, la extensión y la intensidad", afirmó el mandatario durante una conferencia de prensa.
Las regiones de Coquimbo, la provincia del Huasco y la comuna de Tierra Amarilla concentran los mayores daños. En esas zonas las autoridades suspendieron las clases y continúan los trabajos para restablecer la conectividad vial y los servicios básicos.
El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, informó que el Gobierno mantiene un amplio operativo junto a Carabineros y las Fuerzas Armadas para despejar rutas, remover escombros y asistir a las familias damnificadas.
Por su parte, la directora del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED), Alicia Cebrián, precisó que aún permanecen sin suministro eléctrico más de 176.000 clientes en la región de Coquimbo, mientras que otras 20.000 personas continúan sin acceso al agua potable entre Atacama y La Araucanía.
Además, confirmó que ya fueron distribuidas más de 183 toneladas de ayuda humanitaria mediante vuelos de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), con alimentos, agua, herramientas, mascarillas y otros insumos solicitados por los municipios afectados.
Aunque mejora el pronóstico, persiste el riesgo
Si bien las previsiones meteorológicas anticipan una mejora gradual del tiempo, las autoridades advirtieron que la emergencia está lejos de concluir. El ministro del Interior señaló que las lluvias comenzarán a disminuir durante las próximas horas, aunque alertó que el peligro continúa debido a los ríos y quebradas desbordados, que podrían generar nuevas inundaciones.
En la misma línea, desde el SENAPRED indicaron que el sistema frontal que golpeó con mayor fuerza el norte ya ingresó en territorio argentino, por lo que se espera una estabilización de las condiciones en Atacama y Coquimbo. Sin embargo, para la zona centro-sur se pronostica el ingreso de un nuevo frente durante los próximos días, aunque con precipitaciones dentro de los niveles normales para la época.
Los especialistas atribuyen este episodio extremo al regreso del fenómeno El Niño, que modifica los patrones climáticos en distintas regiones del planeta. En mayo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ya había advertido que su reaparición podía intensificar los fenómenos meteorológicos extremos y favorecer nuevos récords de temperatura a nivel global.