REDACCIÓN ELONCE
Quienes pasan habitualmente por la Terminal de Paraná seguramente lo conocen. Con una bolsa cargada de golosinas y un saludo amable, Julio Antonio Francioni, más conocido como “Pipo”, recorre los colectivos ofreciendo sus productos desde hace más de cuatro décadas.
Su historia comenzó cuando la terminal todavía funcionaba en Cinco Esquinas. Desde entonces, la venta ambulante en los colectivos se convirtió en su trabajo diario y también en una forma de construir vínculos con miles de pasajeros que lo ven subir cada día con su característico saludo.
“Yo hace un poquito más de 40 años que vendo en los colectivos”, contó con orgullo durante una entrevista. A lo largo de ese tiempo, asegura que siempre encontró una respuesta positiva de la gente.
“Siempre la gente me da una mano”
Pipo explica que su trabajo consiste en subir a los colectivos antes de que partan y ofrecer distintos combos de golosinas. Entre los productos más buscados aparecen alfajores santafesinos, obleas, chocolates y gomitas.
“Yo subo al colectivo y les digo: ‘Tengan ustedes muy buen día. Tengo surtido de golosinas’. Después agradezco y les deseo buen viaje”, relató sobre la forma en que se presenta ante los pasajeros.
Según cuenta, el trato con la gente es una de las partes más importantes de su trabajo. “Siempre la gente me ha extendido la mano. A veces pagan el boleto y les queda poca plata, pero igual me compran”, expresó agradecido.
Una familia en la terminal
Para Pipo, la Terminal de Paraná no es solo un lugar de trabajo. Con el paso de los años se convirtió en un espacio donde formó amistades con choferes, maleteros y pasajeros habituales.
“La comunicación con la gente es muy primordial. A veces uno viene desanimado, pero habla con alguien y se siente mejor”, señaló.
En ese sentido, aseguró que ve a todos los trabajadores del lugar como parte de una gran familia. “Para mí son todos amigos. Me pongo contento cuando a la gente le va bien porque todos trabajamos para mejorar un poco”, afirmó.
Un trabajo que piensa seguir algunos años más
A pesar del paso del tiempo, Pipo continúa recorriendo los colectivos casi todos los días. En los horarios de mayor movimiento puede llegar a subir a seis o siete micros en apenas media hora.
El vendedor explicó que los precios cambiaron mucho con los años, pero intenta mantener combos accesibles para los pasajeros. “Ahora tratamos de redondear en 2.000 pesos porque todo está muy caro”, comentó.
Aunque ya superó los 40 años en la actividad, no piensa dejarlo de inmediato. “Quizás unos cinco o seis años más voy a trabajar. Ahora también empezó a trabajar mi hijo”, contó.
Antes de despedirse, dejó un mensaje para quienes lo acompañaron durante todo este tiempo. “Le agradezco a toda la gente que siempre me ayuda. Para mí es una bendición porque siempre están disponibles para comprarme”, expresó.