Sociedad Un misterio antártico bajo el hielo

El misterio de las “Cataratas de Sangre”: qué descubrieron oculto bajo el hielo de la Antártida

Las Cataratas de Sangre, una corriente rojiza que emerge de un glaciar de la Antártida, guardaban un misterio sobre el origen de sus aguas. Un estudio encontró una antigua comunidad de microorganismos marinos aislada bajo el hielo durante miles de años.

10 de Agosto de 2026
El origen.

Las Cataratas de Sangre de la Antártida volvieron a sorprender a la ciencia. Una nueva investigación encontró evidencias de una antigua comunidad de microorganismos marinos en el singular sistema de agua rojiza que emerge desde el frente del glaciar Taylor, un descubrimiento que aporta nuevas pistas para explicar de dónde proviene la salmuera escondida bajo el hielo.

 

El fenómeno se encuentra en los Valles Secos de McMurdo, una de las regiones más áridas y hostiles del planeta. Desde el glaciar brota una corriente de agua de intenso tono rojizo que desemboca en el lago Bonney y genera la llamativa apariencia de que el hielo “sangra”.

Los científicos ya habían determinado que el color se relaciona con una salmuera rica en hierro. Sin embargo, persistían interrogantes sobre el origen de esa masa de agua. Una investigación publicada en Nature Geoscience aportó ahora evidencia biológica que respalda la hipótesis de una antigua conexión con el océano, informó La Nación.

 

Microorganismos marinos escondidos bajo el hielo

 

El estudio fue liderado por Angela Zoumplis y contó con investigadores de la Universidad de Yale, la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego y el Instituto J. Craig Venter.

El equipo encontró evidencia molecular de que una parte significativa de los microorganismos asociados con las Cataratas de Sangre presenta afinidades marinas. El hallazgo permitió reforzar la teoría de que el agua que alimenta actualmente al sistema tuvo un origen oceánico.

“Este es un entorno que hoy parece estar casi completamente desconectado del océano”, explicó Zoumplis. Sin embargo, agregó: “Cuando observamos las firmas moleculares de los organismos que viven en el barro rojo y los sedimentos alrededor de las Cataratas de Sangre, encontramos una señal marina sorprendentemente fuerte”.

 

Analizaron 167 muestras

 

Para desarrollar la investigación, los científicos analizaron 167 muestras de agua, sedimentos y aire recolectadas en distintos sectores de los Valles Secos de McMurdo.

Mediante técnicas genéticas capaces de identificar microorganismos eucariotas y procariotas, compararon las comunidades encontradas alrededor de las cataratas con aquellas presentes en otros ambientes de la región.

La diferencia resultó significativa. Mientras los ambientes cercanos estaban dominados principalmente por microorganismos terrestres y de agua dulce, en los sedimentos, el barro rojizo y el hielo relacionados con las Cataratas de Sangre aparecieron organismos asociados con ecosistemas marinos.

 

Una señal que apunta hacia el océano

 

En el lugar donde aflora la salmuera, la proporción de microorganismos eucariotas compartidos con muestras oceánicas cercanas alcanzó el 9,34%, mientras que en otros puntos de los Valles Secos fue del 1,15%.

Para los investigadores, esa diferencia constituye una señal de que existió una antigua conexión entre el sistema actualmente atrapado bajo el glaciar y el océano.

 

“Queríamos saber si formaban parte de una comunidad distinta, si eran diferentes de las comunidades de agua dulce cercanas y si había evidencia de que estuvieran activas. La respuesta a las tres preguntas fue sí”, explicó Zoumplis.

 

Cómo quedó agua marina atrapada bajo el glaciar

 

La hipótesis planteada por los investigadores señala que el agua subglacial tendría su origen en incursiones del océano ocurridas durante períodos más cálidos del pasado antártico.

 

Posteriormente, el descenso del nivel del mar y el avance del glaciar Taylor habrían aislado esa masa de agua salada. De esta manera, habría permanecido atrapada bajo el hielo durante un prolongado período geológico.

Investigaciones geoquímicas anteriores ya habían sugerido un posible origen marino de la salmuera. El nuevo estudio sumó una evidencia diferente: la presencia de una comunidad microbiana con características vinculadas al océano.

 

Una comunidad preservada durante miles de años

 

Entre los microorganismos identificados aparecieron diatomeas y otros organismos eucariotas característicos de ambientes marinos. Su presencia adquirió especial relevancia debido a las condiciones extremas de los Valles Secos de McMurdo.

Los autores consideraron poco probable que esos microorganismos hayan llegado recientemente desde el océano transportados por el viento. La composición encontrada apunta, en cambio, a una comunidad antigua vinculada con la salmuera preservada debajo del glaciar.

La capacidad de esos organismos para persistir también ofrece información sobre cómo la vida puede sobrevivir a transformaciones ambientales profundas y en condiciones de frío extremo, escasez de precipitaciones y aislamiento.

 

Una ventana al pasado de la Antártida

 

El descubrimiento amplió así la importancia científica de las Cataratas de Sangre. Más allá de su sorprendente aspecto visual, el sistema puede conservar información sobre una Antártida muy diferente de la actual.

Los microorganismos constituyen una evidencia biológica de períodos en los que el océano habría alcanzado sectores que posteriormente quedaron aislados por los cambios ambientales y el avance del hielo.

 

De esta manera, las Cataratas de Sangre funcionan como una especie de ventana al pasado del continente blanco, donde permanecieron preservadas señales de antiguos ecosistemas marinos durante miles de años.

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