REDACCIÓN ELONCE
La relación comercial con Brasil podría verse afectada si la tensión diplomática entre ambos países escala hacia medidas que dificulten el intercambio económico. Aunque descartó una interrupción inmediata del comercio bilateral, el economista Claudio Coronel advirtió que la aplicación de trabas o mayores controles tendría consecuencias sobre la industria argentina y alcanzaría también a sectores productivos de Entre Ríos.
El especialista explicó que las declaraciones del presidente Javier Milei contra su par brasileño Luiz Inácio Lula da Silva derivaron en un conflicto diplomático que ya activó los mecanismos protocolares entre ambos gobiernos. Sin embargo, consideró que una ruptura comercial resulta improbable debido a la fuerte integración económica y a los compromisos internacionales vigentes.
"En términos comerciales es muy difícil pensar en una consecuencia inmediata que genere un daño inmediato porque serían daños irreparables y que fundirían una crisis de ambos países", sostuvo Coronel durante una entrevista.
Brasil, un socio estratégico para la economía argentina
El economista puso en contexto el peso que tiene Brasil en el comercio exterior argentino. Recordó que durante 2025 el intercambio bilateral alcanzó aproximadamente los 31.000 millones de dólares, convirtiéndolo en el principal socio comercial del país.
Según detalló, Brasil absorbió el 14% de las exportaciones argentinas, mientras que el 24% de las importaciones provinieron de ese mercado. Además, explicó que dentro del Mercosur concentra el 77% de las exportaciones y el 83% de las importaciones del bloque. "Brasil es para nosotros un socio comercial realmente muy importante", resumió.
Coronel destacó además que la relación entre ambos países excede la simple compra y venta de productos, ya que existe una fuerte integración industrial con cadenas productivas compartidas.
El mayor riesgo está en la industria
Para el economista, el principal impacto aparecería si el conflicto derivara en restricciones comerciales, controles adicionales o demoras administrativas que alteraran el funcionamiento habitual del intercambio.
Explicó que la industria automotriz sería uno de los sectores más sensibles debido al constante flujo de autopartes, bienes de capital e insumos que cruzan la frontera entre ambos países. "Si empezáramos a tener conflictos de esa naturaleza, tendríamos un golpe muy importante, por el lado industrial, que nos generaría conflictos en términos de poder producir", advirtió.
En ese sentido, señaló que la actividad automotriz posee un fuerte efecto multiplicador porque sostiene una amplia red de proveedores y pymes autopartistas que dependen del normal funcionamiento de la cadena productiva.
Qué podría pasar en Entre Ríos
Coronel sostuvo que cualquier dificultad en el vínculo comercial con Brasil también tendría impacto sobre Entre Ríos, aunque recordó que la provincia logró diversificar parte de sus exportaciones hacia mercados asiáticos durante los últimos años.
Aun así, indicó que el sector citrícola podría verse afectado si aparecieran obstáculos al comercio con el vecino país.
"Cuando tenés un socio que representa estas magnitudes de tu comercio internacional, le va a impactar a todo el país, incluido también a la provincia", afirmó. Además, recordó que el entramado metalmecánico entrerriano también mantiene vínculos con la industria nacional, por lo que una desaceleración del sector repercutiría sobre el empleo y la actividad económica.
Un escenario que aún puede evitarse
Pese a las advertencias, Coronel consideró que las reglas del Mercosur, los contratos entre empresas privadas y los acuerdos internacionales limitan la posibilidad de una ruptura comercial abrupta.
No obstante, planteó que Brasil podría implementar mecanismos administrativos que enlentezcan el intercambio sin incumplir los tratados vigentes. "Podría incluir algunas trabas, algunas verificaciones que generarían complejidades adicionales y afectarían ese flujo aceitado que tenemos de actividad", explicó.
Finalmente, sostuvo que una situación de ese tipo implicaría un perjuicio innecesario para una industria que ya atraviesa un contexto complejo, con niveles de utilización de la capacidad instalada de entre el 40% y el 50%.