REDACCIÓN ELONCE
Cata, una joven oriunda de Paraná, es uno de esos ejemplos de perseverancia y pasión por la ciencia que, a menudo, inspiran a quienes la rodean. A sus 17 años, esta adolescente decidió mudarse a Río Negro para estudiar la Licenciatura en Biología Marina, una carrera única en Argentina. En su camino, no ha sido fácil, pero la joven está decidida a lograr sus sueños.
“Desde muy chica me interesó todo lo que es la ciencia. Siempre decía, no quiero ser paleontóloga, quiero ser astronauta”, recuerda Cata en un fragmento de la entrevista a Elonce que dio desde su nueva etapa en San Antonio Oeste. La joven, que acaba de terminar la escuela secundaria, decidió mudarse a la provincia de Río Negro tras haber conocido la ciudad durante unas vacaciones. “Hace un par de años vinimos de vacaciones para acá, vine a recorrer y me gustó. En febrero me mudé y comencé a cursar la carrera”, explica.
Un reto académico: el ingreso a la carrera de Biología Marina
El ingreso a la carrera no fue sencillo. La Licenciatura en Biología Marina tiene un curso de nivelación obligatorio para todos los aspirantes, aunque no eliminatorio. Cata recordó cómo fue su proceso: “Arrancamos a cursar en febrero, principio de febrero, con tres materias: biología, química y matemática. Y rendimos exámenes que, como dije, si bien no eran eliminatorios, sí eran obligatorios”. La joven aprobó los exámenes con éxito, lo que le permitió comenzar sus estudios de manera oficial.
“Ya me dijeron la semana pasada que aprobé los tres exámenes”, afirmó con una sonrisa. A pesar de lo exigente de la carrera, Cata no se deja vencer por las dificultades y se muestra optimista sobre su futuro académico.
El futuro profesional: ¿cuáles son las oportunidades de trabajo?
Una de las preguntas más frecuentes que Cata recibe es sobre las oportunidades laborales de la carrera que está estudiando. En Argentina, la Biología Marina ofrece salidas laborales en diversos ámbitos. Entre ellos, se destaca la investigación, con posibilidades de trabajar en el CONICET y otras instituciones científicas. “Estuve hablando con un chico antes de venirme que ya se recibió, Matías Mancuso, y él me estuvo explicando que tienes dos salidas: una en el laboratorio, trabajando para el CONICET, y otra más relacionada con el turismo”, explicó Cata.
Además, la joven resaltó una de las características que más le atrajo de la carrera: las oportunidades internacionales. “Lo que más me gustó es que esta carrera tiene salida laboral en todo el mundo. Me contaba Matías que lo han llamado de Nueva Zelanda, de todas partes del mundo”, contó entusiasmada. El futuro de Cata parece prometedor, y su dedicación le abrirá puertas en diversas partes del mundo, tanto en el ámbito científico como en el turístico.
Un camino de sacrificio y apoyo familiar
El proceso no ha estado exento de sacrificios, y uno de los mayores desafíos para Cata fue separarse de su familia. “Me costó mucho más que nada por el tema de mis amigos y mi novio, también de mis papás. El separarme los primeros días, la primera semana fue horrible”, admitió. Sin embargo, su familia la apoyó en todo momento, y ella agradeció profundamente esa ayuda. “Estoy muy agradecida porque mis papás pudieron ayudar junto con esto”, expresa.
Hoy, Cata vive en una pequeña casa alquilada en San Antonio Oeste, y aunque la mudanza fue difícil, se siente satisfecha por haber tomado esta decisión. Su determinación es clara: seguir adelante con sus estudios, no solo por su amor a la ciencia, sino también por el futuro que quiere construir. “Lo que tiene esta carrera es que ya desde el principio estudias lo que es la biología marina”, destacó Cata, quien ya se encuentra trabajando en su primer proyecto práctico relacionado con la fauna local.