El edificio municipal de Limoges quedó prácticamente destruido y su cúpula se derrumbó tras ser alcanzada por las llamas. Los disturbios se extendieron por distintas ciudades francesas en medio de reclamos por el aumento del combustible y el encarecimiento de la vida.
Un impactante incendio destruyó gran parte del ayuntamiento de Limoges, en Francia, durante una jornada de protestas contra el aumento del costo de vida. El edificio municipal, que tiene 143 años de historia, quedó prácticamente destruido y su reconocida cúpula se derrumbó sobre los pisos inferiores.
El siniestro ocurrió este sábado 17 de octubre, en medio de una serie de manifestaciones que se desarrollaron en distintas ciudades del país y que derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, saqueos y daños en edificios públicos y comercios.
El prefecto local, Maurice Barate, confirmó la gravedad de los daños y calificó el episodio como un acto deliberado. “Prácticamente destruido”, describió en declaraciones a France 24.
“El techo se derrumbó sobre los pisos inferiores, a excepción del ala oeste, y dos tercios del exterior ya desaparecieron”, precisó.
Cómo comenzó el incendio en el ayuntamiento de Limoges
De acuerdo con los testimonios recogidos en el lugar, un grupo de manifestantes enmascarados incendió un patrullero policial frente al edificio municipal. Posteriormente, algunos de ellos rompieron ventanas e ingresaron al inmueble, donde iniciaron el fuego.
Las llamas se extendieron por la estructura y provocaron el colapso de la cúpula, una de las partes más reconocibles del edificio histórico. El derrumbe quedó registrado en videos que circularon en las redes sociales.
Cientos de personas se congregaron alrededor del ayuntamiento para observar el incendio. Mientras algunos espectadores expresaron su sorpresa y tristeza por la destrucción, otros manifestantes celebraron el derrumbe con aplausos y gritos.
Los bomberos trabajaron en el lugar para contener las llamas, mientras que en las inmediaciones también se registraron saqueos de varios comercios del centro de la ciudad.
La destrucción generó escenas de conmoción entre los trabajadores municipales. Uno de los empleados fue visto llorando mientras recibía el consuelo de un concejal local.
Macron condenó los ataques y prometió sanciones
El presidente francés, Emmanuel Macron, repudió los hechos y aseguró que los responsables de los ataques contra edificios públicos y comercios serán perseguidos por la Justicia.
“Ningún lugar para la violencia en nuestra República. Aquellos que han roto, atacado las prefecturas como los comercios, saqueado hasta nuestros ayuntamientos, serán perseguidos y castigados. A las fuerzas del orden, garantes del derecho a manifestarse, les doy el apoyo de la Nación”, escribió en la red social X.
El mandatario también llamó a la unidad frente a los episodios de violencia y distinguió entre quienes expresan sus reclamos pacíficamente y quienes protagonizan ataques y destrozos.
“Haremos todos un frente unido frente a los sembradores del caos, que solo buscan derribar nuestras instituciones e impiden que aquellos que expresan pacíficamente sus reivindicaciones lo hagan”, agregó.
Por su parte, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, aseguró que el Gobierno no se dejará intimidar por los disturbios. Además, acusó al partido de izquierda radical La Francia Insumisa, liderado por Jean-Luc Mélenchon, de estar detrás de las protestas.
Protestas en varias ciudades por el aumento del combustible
Los incidentes en Limoges se produjeron durante una jornada de movilizaciones que afectó a distintas regiones de Francia. El aumento del combustible, en un contexto de encarecimiento general de la vida, se encuentra entre los principales motivos de las manifestaciones.
Según el sitio 17octobregiletjaune.net, estaban previstas cerca de 1.500 acciones de protesta en todo el país. La convocatoria reunió a distintos sectores sociales, entre ellos integrantes del movimiento de los chalecos amarillos, jóvenes de la generación Z, campesinos, docentes, activistas climáticos y jubilados.
El incremento de los precios del combustible desde el inicio de la guerra en Medio Oriente, el 28 de febrero, fue señalado como uno de los factores que impulsaron el malestar social.
Durante los disturbios, decenas de personas fueron detenidas. En distintos puntos se registraron enfrentamientos con la policía, que utilizó gases lacrimógenos y camiones hidrantes para dispersar a los manifestantes.
También hubo bloqueos de rutas y rotondas en ciudades como Rennes, Marsella y Lyon. Las autoridades estimaban una participación de alrededor de 200.000 personas en las movilizaciones, incluidas unas 40.000 en París.
También hubo ataques contra edificios públicos
Los disturbios no se limitaron a Limoges. En Marsella y Lille, grupos de manifestantes ingresaron a los ayuntamientos. En la ciudad portuaria de Marsella, además, fue derribado un busto de Marianne, símbolo de la República Francesa.
En París, las fuerzas de seguridad reforzaron la vigilancia en puntos estratégicos, como las estaciones ferroviarias y la avenida de los Campos Elíseos, donde se prohibieron las manifestaciones.
Los episodios de violencia se producen a seis meses de las elecciones presidenciales en las que Francia elegirá al sucesor de Emmanuel Macron, en un escenario marcado por el descontento social y las tensiones políticas.