REDACCIÓN ELONCE
La precariedad laboral entre los jóvenes representa uno de los principales problemas estructurales del mercado de trabajo argentino: siete de cada diez no tienen empleo o se desempeñan en la informalidad, según el relevamiento citado del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). Eduardo Donza, investigador y coordinador de Desarrollo de Datos del organismo, analizó las dificultades que atraviesa la población de entre 18 y 25 años para ingresar al mercado laboral.
Solo el 14,2% de los jóvenes de entre 18 y 25 años tiene un empleo formal, mientras que el resto se distribuye entre distintas formas de precariedad, desempleo e inactividad. Así surge de un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA. El estudio señala que el 30,2% cuenta con un empleo regular, aunque dentro de ese universo el 16% se encuentra en condiciones precarias.
En paralelo, el 22,5% atraviesa un empleo irregular, es decir changas o trabajos eventuales e intermitentes, o un desempleo reciente y otro 10,7% lleva más de seis meses sin trabajo. La inactividad alcanza al 36,6% de los jóvenes.
El especialista explicó a Elonce que las dificultades para acceder al primer empleo no constituyen un fenómeno exclusivamente argentino. En numerosos países, los jóvenes comienzan su trayectoria en puestos con menores niveles de estabilidad. La diferencia, planteó, aparece cuando una economía no consigue generar oportunidades suficientes para que esa precariedad constituya solamente una etapa transitoria.
“Cuando la economía está en desarrollo, cuando se generan oportunidades de trabajo, es solamente un trayecto el que están en la precariedad. En la Argentina, la particularidad de nuestro escenario laboral es la precariedad, no tanto la desocupación”, señaló Donza.
Los jóvenes duplican algunos indicadores adversos
Según explicó el investigador, las dificultades laborales afectan con mayor intensidad a los jóvenes que al conjunto de la población económicamente activa. Tanto el desempleo como la informalidad presentan porcentajes considerablemente superiores dentro de este grupo.
“A los jóvenes se les hace mucho más difícil y los indicadores adversos, como la tasa de desocupación o la precarización, duplican el porcentaje que tienen a nivel general”, sostuvo.
Donza planteó además que existe una reproducción de las condiciones laborales entre generaciones. Los jóvenes provenientes de hogares atravesados por empleos informales o de baja calidad tienen mayores dificultades para acceder posteriormente a puestos registrados, estables y con remuneraciones adecuadas.
Una “herencia” de precariedad laboral
El especialista definió esa situación como una suerte de “herencia” que condiciona las posibilidades de inserción laboral. Las oportunidades de los hijos, explicó, aparecen estrechamente relacionadas con la situación socioeconómica y laboral de sus hogares de origen.
“Hay algo que se va pasando de la precariedad laboral de la familia o lo identificamos con el jefe o jefa de hogar, de cómo se reproducen esas posibilidades de conseguir un trabajo de buena calidad o tener que limitarse a un trabajo que sea precario, de bajas horas y con mala retribución”, indicó.
Las diferencias se profundizan según el nivel socioeconómico. Los jóvenes de sectores con mayores recursos suelen contar con más posibilidades de finalizar estudios superiores y utilizar esa formación como herramienta para ingresar al mercado laboral.
La educación profundiza las diferencias
En los sectores más vulnerables, en cambio, el primer obstáculo aparece muchas veces antes de comenzar la búsqueda laboral: completar la escuela secundaria.
“A los jóvenes del nivel socioeconómico más alto es mucho más fácil. La mayoría de ellos terminan el nivel universitario y eso les da posibilidades de inserción”, explicó Donza.
“El gran problema en los grupos de los niveles socioeconómicos más bajos es que no pueden directamente terminar los estudios secundarios”, agregó. Esta situación, según su análisis, termina ampliando las desigualdades existentes al momento de competir por un empleo formal.
El impacto de la pandemia en una generación
El análisis del Observatorio de la Deuda Social Argentina no se limita al empleo. Donza señaló que las condiciones laborales interactúan con otras dimensiones, entre ellas el malestar psicológico, la incertidumbre y las dificultades para proyectar el futuro.
El investigador recordó que actualmente se analiza a una generación de jóvenes de entre 18 y 25 años que atravesó una etapa particularmente sensible de su desarrollo durante la pandemia de coronavirus, "que han tenido poca socialización y eso los ha impactado”.
Vínculos sociales y nuevas tecnologías
A ese escenario se suma el crecimiento del uso de plataformas digitales como espacios de socialización. Según Donza, una parte de las relaciones que tradicionalmente se desarrollaban de manera presencial comenzó a trasladarse al ámbito virtual.
El especialista mencionó además un indicador que considera especialmente significativo: la cantidad limitada de jóvenes que manifiestan contar con amigos en quienes pueden confiar. Nuevamente, señaló, existen diferencias vinculadas con la condición socioeconómica.
Para Donza, el escenario debe analizarse de manera integral. “Esto nos da un combo que está mezclando situaciones laborales, situaciones familiares, malestares psicológicos”, explicó.
La preocupación por las apuestas y el malestar psicológico
El investigador también incorporó al análisis el crecimiento de las apuestas mediante plataformas digitales entre los jóvenes. Advirtió que existen casos en los que se utiliza dinero propio o familiar y relacionó esta problemática con otras situaciones de vulnerabilidad.
Donza mencionó además la necesidad de fortalecer las redes de acompañamiento familiar, social y estatal para los jóvenes que atraviesan situaciones de mayor fragilidad.
En ese contexto, hizo referencia a los casos extremos de sufrimiento psicológico y planteó que las estadísticas sobre mortalidad juvenil muestran señales que deben ser atendidas. "Antes en los jóvenes la principal causa de muerte eran los accidentes y las últimas estadísticas nos están mostrando que son los suicidios", apuntó.
Para el investigador, estos fenómenos no pueden analizarse aisladamente de las condiciones sociales y económicas en las que se desarrollan las nuevas generaciones. "No logramos salir de de un círculo vicioso en el cual la calidad de vida de la población, y específicamente de los jóvenes, es cada vez más adversa", analizó.
“La expectativa no es buena en el corto plazo”
Consultado sobre las posibilidades de una recuperación rápida del mercado laboral juvenil, Donza se mostró poco optimista y remarcó que los problemas exceden a una administración de gobierno determinada.
“Lamentablemente, la expectativa no es buena en el corto plazo. Las cuestiones son estructurales, no es que un gobierno tenga la culpa de todo, ni que alguno haya dado la solución. Son cuestiones de hace 25, 30 años”, afirmó.
Para dimensionar la profundidad del problema, mencionó la persistencia de elevados niveles de pobreza en Argentina durante las últimas décadas. “En los últimos 25 años, nunca bajó del 25% la población en situación de pobreza en la Argentina”, sostuvo.
Reclaman políticas integrales
Ante este escenario, Donza consideró indispensable avanzar con políticas coordinadas entre los diferentes niveles del Estado. El problema, señaló, requiere acciones nacionales, provinciales y municipales que contemplen simultáneamente educación, empleo, salud, integración social y contención.
“Tenemos que tener políticas integrales y, cuando digo integrales, de todos los niveles, tanto nacionales, provinciales y municipales, y también de todas las problemáticas que sufren, no solo los jóvenes, sino el total de la población”, explicó.
El especialista consideró que incluso los gobiernos locales pueden implementar medidas relativamente sencillas pero de fuerte impacto comunitario, especialmente mediante la creación de espacios destinados a los jóvenes.
Espacios de encuentro como herramienta de integración
Entre las alternativas, Donza propuso lugares donde los jóvenes puedan encontrarse, acceder a computadoras, realizar cursos, participar de actividades culturales o recreativas y contar con controles voluntarios de salud.
La finalidad sería ofrecer un ámbito de encuentro y contención capaz de complementar otras políticas sociales. “Un ámbito que podría ser el trasladar la calle o el lugar en el que están a un ámbito que sea más contenedor y más afectivo”, explicó.
Para el investigador del Observatorio de la Deuda Social Argentina, estas iniciativas representarían una intervención acotada frente a un problema estructural, pero podrían generar resultados significativos. “Eso a veces los municipios lo podrían hacer como una pequeña pero enorme contribución para la integración de los jóvenes tanto con la sociedad como entre ellos”, concluyó.