REDACCIÓN ELONCE
El dato oficial de inflación de diciembre, 2,8% mensual, no solo cerró el año estadístico para el INDEC, sino que activó uno de los mecanismos fiscales más relevantes del sistema tributario argentino: la actualización semestral del Monotributo.
Según la metodología vigente, los valores del régimen simplificado deben corregirse dos veces al año tomando la inflación acumulada entre julio y diciembre. Ese período arrojó un 14,28% y reconfigurará desde febrero tanto los límites de facturación como los importes mensuales y otros parámetros técnicos.
En términos prácticos, la actualización permitirá que la Categoría A supere los diez millones de pesos de facturación anual, mientras que la Categoría K (la más alta del régimen) quedará por encima de los ciento ocho millones. La corrección impactará también en el precio unitario máximo de venta, los alquileres devengados y otros criterios de permanencia dentro del Monotributo, que condicionan si un contribuyente puede permanecer en el esquema simplificado o debe pasar al régimen general.
Recategorización y obligaciones
Con las nuevas escalas, todos los monotributistas deberán realizar la recategorización semestral antes del 5 de febrero. Este trámite exige revisar los ingresos de los últimos doce meses y determinar si corresponde ascender, descender o mantenerse en la categoría vigente. Si la facturación supera los techos definidos, el contribuyente debe abandonar el régimen y tributar por Ganancias e IVA, además de cumplir con regímenes informativos y otras cargas administrativas propias de empresas o autónomos.
Fuentes impositivas consultadas señalaron que se estima que unos 3,5 millones de contribuyentes están alcanzados por el esquema, entre quienes solo pagan el componente impositivo y quienes abonan la carga completa (impuesto, jubilación y obra social). Los nuevos importes regirán desde febrero hasta julio de 2026, cuando volverán a actualizarse con la inflación del semestre siguiente.
La mirada experta
En diálogo con Elonce, la contadora y economista María José Quinodoz destacó que el ajuste “era clave porque define cuánto pueden facturar los monotributistas y cuánto deberán pagar a partir de febrero”. También remarcó la necesidad de que el contribuyente analice su caso antes del vencimiento: “La recategorización no es opcional, el régimen exige comunicar si hubo cambios y la falta de actualización puede generar sanciones o incluso la exclusión”.
La especialista explicó que la actualización no solo impacta en la facturación sino también en los costos. Con los nuevos valores, la categoría más baja pasará a pagar alrededor de 42 mil pesos mensuales, mientras que en la más alta el monto puede superar ampliamente el millón de pesos cuando se trata de prestación de servicios. “El salto de categoría es significativo y puede ser un problema para quien no lo evalúa con tiempo”, advirtió.
Quinodoz subrayó que en Entre Ríos el impacto es doble debido a que la provincia adhirió al régimen simplificado. Por lo tanto, el monotributista abona en un mismo volante o credencial tanto el impuesto nacional como el componente provincial simplificado, que también se actualizó a partir de enero. “El contribuyente local debe considerar ambos componentes al analizar si un salto de categoría le conviene o no”, explicó.
Efecto simultáneo en Ganancias
El ajuste semestral también modificó el Impuesto a las Ganancias, con un incremento del mínimo no imponible y de las deducciones, incluidos hijos y cargas familiares. Con los nuevos valores, un empleado soltero sin hijos empezará a tributar a partir de un sueldo bruto cercano a los tres millones de pesos mensuales, mientras que un trabajador casado con dos hijos lo hará desde un bruto que ronda los cuatro millones.
Según la especialista, estos cambios repercuten de manera desigual en función de los ingresos y pueden generar retenciones adicionales en casos puntuales, como adelantos de vacaciones.