REDACCIÓN ELONCE
La Cocina del Once volvió a encender los hornos con una propuesta dedicada a los sabores dulces y presentó dos recetas clásicas para reproducir en casa: una tarta de frutilla con crema pastelera y chantilly y el tradicional Lemon Pie, coronado con merengue italiano. Las preparaciones formaron parte de una nueva emisión del ciclo gastronómico de Elonce.
Con la conducción de Danisa Todoro y la participación del chef Sebastián Celecia, el programa recorrió distintas técnicas de pastelería, desde la elaboración de masas tiernas hasta la preparación de cremas y coberturas con productos de Merlín Cotillón. El objetivo fue mostrar que, respetando algunos pasos fundamentales, es posible obtener resultados de pastelería con procedimientos accesibles.
Las dos alternativas compartieron un punto esencial: cuidar la masa y evitar trabajarla en exceso. A partir de allí, cada preparación tomó su propio camino. Mientras las frutillas frescas fueron protagonistas de una opción suave y frutal, el limón aportó la acidez característica de uno de los postres más reconocidos.
Tarta de frutilla: los ingredientes para la masa
Para comenzar la tarta de frutilla, la masa requirió 250 gramos de harina 0000, 10 gramos de polvo de hornear, 100 gramos de manteca, 135 gramos de azúcar, un huevo y una cucharadita de esencia de vainilla. La combinación permitió obtener una base suave que luego debía cocinarse antes de incorporar el relleno.
La preparación comenzó batiendo la manteca pomada junto con el azúcar hasta conseguir una consistencia cremosa. Después se incorporaron el huevo y la esencia de vainilla. Por separado, se tamizaron la harina y el polvo de hornear antes de sumarlos gradualmente a la mezcla.
El punto fundamental fue unir los ingredientes sin amasar demasiado. Una manipulación excesiva podía provocar que la base perdiera la textura tierna buscada. Una vez formada, la masa debía envolverse en film y permanecer durante unos 30 minutos en la heladera.
Cómo cocinar correctamente la base
Mientras la masa descansaba, se debía precalentar el horno a 180 °C. Luego había que estirarla y cubrir con ella un molde para tarta previamente enmantecado. La superficie se pinchaba con un tenedor para disminuir las posibilidades de que se inflara durante la cocción.
El siguiente procedimiento consistió en realizar una cocción con peso. Sobre la masa se colocaba papel manteca y encima podían distribuirse porotos, garbanzos o bolitas cerámicas. La base debía permanecer aproximadamente 15 minutos en el horno.
Cumplido ese tiempo, se retiraban el papel y el peso y la tarta volvía al horno durante otros ocho a diez minutos. Los bordes apenas dorados indicaban que estaba lista. Antes de avanzar con el relleno era indispensable dejarla enfriar completamente.
Crema pastelera: el corazón de la tarta
La crema pastelera se preparó con 250 mililitros de leche, 55 gramos de azúcar, la cáscara de un limón, dos yemas y 20 gramos de maicena. El primer paso consistió en calentar la leche junto con la cáscara del cítrico, evitando una ebullición excesiva.
En otro recipiente se mezclaron las yemas con el azúcar y la maicena hasta eliminar los grumos. Luego se retiró la cáscara de limón y se incorporó poco a poco la leche caliente sobre la preparación de yemas, mientras se revolvía permanentemente para evitar una cocción brusca.
Toda la mezcla regresó a la olla y se cocinó a fuego medio, revolviendo de manera continua hasta que espesó. Una vez alcanzada la consistencia adecuada, se retiró del fuego y se cubrió con film en contacto con la superficie. Este recurso evitó que se formara una película mientras la crema se enfriaba.
Frutillas y chantilly para completar la preparación
La cobertura necesitó 250 gramos de crema de leche, una cucharada de azúcar y 500 gramos de frutillas frescas. La crema debía estar bien fría antes de comenzar a batirla junto con el azúcar hasta alcanzar un punto firme.
El armado se realizó únicamente cuando todos los componentes estuvieron fríos. Primero se distribuyó la crema pastelera sobre la masa cocida y, por encima, se incorporó la crema chantilly. Las frutillas debían lavarse y secarse cuidadosamente antes de cortarlas en mitades o láminas y disponerlas sobre la superficie.
Una vez terminada, la tarta debía permanecer al menos dos horas en la heladera antes de servirse. Para conseguir un aspecto más brillante, las frutillas podían pincelarse con gelatina de brillo neutra o con una capa fina de mermelada de frutilla previamente calentada y colada.
Lemon Pie: qué se necesita para la segunda receta
El segundo clásico elegido en La Cocina del Once fue el Lemon Pie. Para la masa se necesitaron 300 gramos de harina 0000, 200 gramos de manteca, 100 gramos de azúcar, una yema y una pizca de sal. El procedimiento volvió a poner el foco en trabajar la preparación durante el menor tiempo posible.
La manteca pomada se batió con el azúcar y luego se incorporó la yema. De manera opcional podía agregarse esencia de vainilla. Cuando la preparación quedó emulsionada, se sumaron la harina y la pizca de sal, uniendo rápidamente los ingredientes sin amasar en exceso. Después, la masa debía enfriarse hasta quedar firme.
Una vez fría, se estiró y se utilizó para cubrir un molde desmontable. Tras pinchar la superficie con un tenedor, la base se cocinó aproximadamente 15 minutos en horno moderado, hasta quedar completamente cocida y apenas dorada. Luego debía enfriarse antes de recibir la crema de limón.
El relleno que define el sabor del Lemon Pie
Para la crema se utilizaron cuatro yemas, medio litro de leche, 200 centímetros cúbicos de jugo de limón, 200 gramos de azúcar, 60 gramos de almidón de maíz, una cucharada de manteca y ralladura de limón a gusto.
El procedimiento comenzó calentando la leche con la mitad del azúcar. Mientras tanto, en un bowl se mezcló el resto del azúcar con el almidón de maíz. A esa preparación se incorporaron las yemas, el jugo y la ralladura de limón, integrando cuidadosamente todos los ingredientes.
Luego se añadió poco a poco la leche caliente, siempre mezclando. La preparación completa volvió al fuego y se cocinó sin dejar de revolver. Desde el momento en que alcanzó el hervor debía mantenerse aproximadamente un minuto más. Finalmente, se retiró, se agregó la cucharada de manteca y se cubrió con film en contacto hasta que se enfrió.
El merengue italiano y uno de sus secretos
Con la crema fría, el relleno se distribuyó uniformemente sobre la masa cocida. Restaba entonces una de las partes características del Lemon Pie: el merengue italiano. Para prepararlo se necesitaron cinco claras, 300 gramos de azúcar y 100 centímetros cúbicos de agua.
El azúcar y el agua se colocaron en una cacerola para preparar el almíbar. Paralelamente comenzaron a batirse las claras. Cuando el almíbar llegó al punto adecuado, debía incorporarse en forma de hilo sobre las claras, sin interrumpir el batido.
El proceso continuó hasta obtener un merengue firme y brillante, mientras el recipiente descendía de temperatura hasta quedar frío o apenas tibio al tacto. El merengue se distribuyó entonces sobre la crema de limón y podían formarse picos con una espátula o manga pastelera.
El toque final y los consejos para servir
Para conseguir la presentación tradicional, la superficie del merengue podía sopletearse ligeramente hasta alcanzar sectores suavemente dorados. Más allá de la decoración, el reposo en frío fue otro de los puntos importantes para que las distintas capas adquirieran firmeza.
Entre los consejos compartidos para obtener un buen resultado se destacó nuevamente que la masa debía manipularse lo mínimo indispensable para conservar una textura tierna y crocante. También resultó importante colocar siempre el film directamente sobre las cremas durante el enfriado, evitando así la formación de una película superficial.
Con dos preparaciones reconocibles y técnicas que pueden trasladarse a muchas otras recetas, La Cocina del Once completó así una nueva edición dedicada a la pastelería. Tarta de frutilla y Lemon Pie conformaron un menú pensado para animarse a cocinar en casa, respetar los tiempos de cada elaboración y sumar pequeños secretos capaces de marcar la diferencia en el resultado final.