Internacionales Monitoreo polar

La Antártida tuvo uno de sus inviernos con menos hielo marino en casi 50 años

El máximo estacional alcanzó 17,59 millones de kilómetros cuadrados, cerca de un millón por debajo del promedio histórico. Científicos estudian las causas y los posibles efectos sobre ecosistemas, temperatura oceánica y protección costera.

1 de Octubre de 2026
Antartida.

El hielo marino que rodea la Antártida alcanzó durante el invierno austral de 2026 una extensión excepcionalmente baja. Los datos preliminares ubican el máximo estacional como el tercero menor desde el inicio de las mediciones satelitales, en 1979.

 

La superficie registrada fue de 17,59 millones de kilómetros cuadrados, cerca de un millón por debajo del promedio de los máximos correspondientes al período 1981-2010. El dato refiere al momento de mayor expansión anual, no al mínimo que se produce durante los meses cálidos.

 

 

La información proviene del National Snow and Ice Data Center (NSIDC), que situó el probable máximo el 14 de septiembre. El organismo aclaró que la fecha y su posición en la serie todavía son preliminares, porque las fluctuaciones cerca del cierre de la temporada pueden demorar su confirmación.

 

Una sucesión de registros bajos

 

El comportamiento observado se suma a los bajos niveles de los últimos años. Los cuatro menores máximos invernales de la serie satelital se concentran en los últimos cuatro años, de acuerdo con los datos difundidos.

 

Los especialistas analizan si esa sucesión responde a una combinación de temporadas extremas o si refleja una transformación más persistente del sistema antártico. La extensión puede variar considerablemente de un año a otro.

 

Entre los factores estudiados aparecen la temperatura del océano, los patrones de viento y los cambios en la circulación atmosférica. Esas condiciones influyen tanto en la formación del hielo como en su distribución alrededor de la Antártida.

 

Qué función cumple la superficie congelada

 

El hielo marino se forma cuando se congela el agua del océano. Durante el invierno se expande y, con la llegada de temperaturas más altas, retrocede. Se diferencia del hielo continental, que se acumula sobre tierra firme.

 

Su derretimiento no eleva directamente el nivel del mar de manera significativa. Sin embargo, su presencia ayuda a reflejar la radiación solar y limita la cantidad de energía que absorbe el océano.

 

Cuando disminuye la cobertura, queda expuesta una mayor superficie de agua oscura, capaz de absorber más calor. Además, el hielo marino reduce la acción del oleaje sobre las plataformas adheridas al continente; su debilitamiento puede facilitar el desplazamiento de glaciares hacia el mar.

 

Consecuencias sobre la fauna y señales previas

 

La reducción también puede afectar los ecosistemas de la Antártida. El pingüino emperador, por ejemplo, depende de superficies estables de hielo marino para reproducirse y criar a sus polluelos.

Durante agosto ya se había observado una extensión inferior a la habitual. Los datos de Copernicus citados en la información difundida situaron el promedio mensual en 17 millones de kilómetros cuadrados, un 6,5% por debajo de la referencia 1991-2020 y el cuarto menor registro para ese mes.

 

Las mayores anomalías de agosto se localizaron en sectores del mar de Amundsen y del océano Índico. En algunas de esas zonas, los vientos del norte empujaron el hielo hacia el continente y transportaron aire con temperaturas superiores a las habituales.

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