La actividad ganadera argentina cerró el primer semestre de 2026 con dos datos contrapuestos: la cantidad de bovinos enviados a faena cayó al nivel más bajo de la última década, mientras que el peso promedio de cada res alcanzó un máximo histórico. El escenario combina una menor disponibilidad de animales con sistemas de engorde que buscan agregar más kilos antes de la comercialización.
Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, elaborado con información del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, durante junio fueron trasladados 1.081.077 vacunos hacia plantas frigoríficas. Con ese registro, el acumulado entre enero y junio se ubicó en aproximadamente 6.025.000 cabezas.
La cifra representa una disminución del 9% respecto de los 6.613.000 animales faenados en igual período de 2025. Para la entidad rosarina, se trata del volumen más bajo registrado durante un primer semestre en los últimos diez años.
Un ritmo de faena más lento durante 2026
La caída responde, en parte, a un comportamiento productivo que demora la llegada de los animales terminados a los frigoríficos. La creciente utilización de la recría y los incentivos económicos para extender el engorde están trasladando una porción de la oferta hacia la segunda mitad del año.
La actividad ganadera mostró así un ritmo más lento que el observado en ciclos anteriores. En los últimos 25 años, el primer semestre representó en promedio el 49% de la faena anual, aunque esa proporción osciló entre un mínimo del 46% y un máximo del 51%.
A partir de esas referencias, la BCR proyectó que durante todo 2026 podrían faenarse entre 12,4 y 13,1 millones de animales. Esto supondría una reducción de entre 500.000 y 1,2 millones de cabezas frente a los 13,6 millones contabilizados durante el año pasado.
El peso promedio alcanzó un máximo histórico
Pese a la disminución en la cantidad de animales, el peso de las reses mostró una evolución diferente. Durante mayo, el promedio en gancho alcanzó los 240 kilos, una cifra récord que representó un crecimiento interanual de 7,5 kilos por cabeza.
El aumento refleja una estrategia orientada a prolongar los procesos de engorde para obtener una mayor cantidad de carne por animal. De esta manera, una baja en el número de cabezas faenadas no necesariamente genera una caída de la misma magnitud en la producción total.
El informe también advirtió que el rodeo cuenta con aproximadamente 500.000 vacas menos expuestas a servicio. Esta situación limitaría la posibilidad de incrementar considerablemente la cantidad de terneros destetados y reduciría el margen disponible para recuperar el stock bovino.
Mayor participación de los feedlots
Los establecimientos de engorde a corral ganaron protagonismo dentro de la actividad ganadera. Durante el primer semestre, más del 37% de los animales enviados a faena provino de feedlots, mientras que cinco años atrás esa participación apenas superaba el 30%.
Al 1º de julio, los corrales concentraban más de 2,17 millones de bovinos, el segundo registro más elevado de la serie del Senasa. Este nivel de ocupación estuvo favorecido por el costo relativo del maíz, que se mantuvo por debajo de su promedio histórico medido en kilos de novillito.
La combinación de precios firmes para la hacienda y menores costos de alimentación incentiva a mantener los animales durante más tiempo dentro de los sistemas productivos. En ese contexto, las proyecciones anticipan para 2026 una faena moderada en cantidad, pero con más kilos por cabeza, una dinámica que podría ayudar a sostener la producción de carne y estabilizar el rodeo nacional.