La granizada en Paraná provocó desesperación entre los conductores que intentaban resguardar sus autos durante el fuerte temporal de este domingo. Raúl, uno de los damnificados, relató a Elonce las dramáticas escenas que presenció en el estacionamiento de un hipermercado de calle Larramendi, donde decenas de personas corrieron hacia sus vehículos ante la intensa caída de piedras.
“De repente, alguien gritó ‘piedra’ y corrimos todos hacia los autos. Afuera había mucha gente corriendo a los vehículos, las piedras caían y parecía que pisábamos bolitas”, recordó. Según contó, algunas personas resbalaban, lloraban y gritaban mientras buscaban desesperadamente algún sector protegido.
La falta de lugares cubiertos suficientes agravó la situación. Varios conductores intentaron mover simultáneamente sus vehículos y se produjeron maniobras desordenadas. “Fue un caos total. La gente se chocaba entre ellos porque no había dónde guardar los autos”, expresó Raúl.
“Uno veía cómo se estaba destruyendo algo propio”
Ante la imposibilidad de encontrar refugio, el vecino decidió ingresar a su vehículo y permanecer allí hasta que terminara la pedrea. “Una cosa es contarlo y otra haberlo vivido, porque uno veía cómo se estaba destruyendo algo propio y no sabía dónde ponerlo”, manifestó a Elonce.
La intensidad del granizo también quedó reflejada en la vegetación. “A los árboles los pulverizó la piedra. El caos fue total y la tensión que se vivió ahí era porque no sabías dónde guardar el auto y la piedra te lo estaba destruyendo”, sostuvo.
Raúl aseguró que vio personas caer mientras intentaban atravesar el estacionamiento, donde se habían acumulado agua y piedras. “Fue un sufrimiento. Pienso que tiene que haber habido gente herida porque los veía que se caían, se levantaban y se volvían a caer”, señaló.
Autos abollados y reparaciones millonarias
La granizada dejó numerosos autos abollados en Paraná y otras localidades del departamento. Entre las partes más afectadas estuvieron techos, capós, tapas de baúl y guardabarros.
La magnitud de los daños varió según el tamaño e intensidad de las piedras y la ubicación de cada vehículo. Un técnico sacabollos explicó a Elonce que los daños observados tras el temporal podían clasificarse entre los grados dos y cuatro.
Incluso una reparación considerada leve podía superar los 1,4 millones de pesos, mientras que los trabajos sobre vehículos con impactos más importantes demandarían intervenciones de mayor complejidad.
Además de intentar proteger los automóviles, quienes quedaron expuestos tuvieron que resguardarse de los golpes. “Todas las piedras te caían en la cabeza. La gente se ponía un trapo en la cabeza para correr hasta el auto”, recordó Raúl.
Una imagen que, según el damnificado, resumió la tensión vivida durante los minutos en los que el granizo castigó con fuerza la zona.