La NASA avanzó con un nuevo sistema de observación para estudiar el comportamiento de El Niño y obtener información que permita mejorar los pronósticos sobre huracanes y tormentas tropicales. La estrategia se apoya en dos satélites de la misión Sentinel-6 que realizan mediciones del océano con apenas segundos de diferencia entre sus pasos.
El proyecto se desarrolla junto con la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). Los instrumentos utilizan altimetría por radar de alta precisión para analizar modificaciones en la superficie marina y generar datos sobre las condiciones del Pacífico.
Uno de los objetivos es conocer con mayor exactitud cuánto calor almacena el océano. La temperatura y la altura de la superficie marina aportan información sobre la energía disponible para alimentar tormentas tropicales, un factor especialmente relevante cuando los sistemas comienzan a fortalecerse con rapidez.
Cómo influye El Niño sobre el océano Pacífico
Según los datos difundidos por el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, el actual episodio de El Niño comenzó a desarrollarse de manera tardía, aunque las proyecciones apuntan a que podría alcanzar una intensidad comparable con importantes eventos registrados en décadas anteriores.
Durante este fenómeno climático, los vientos ecuatoriales pueden debilitarse y favorecer el desplazamiento de aguas más cálidas del Pacífico hacia el este. Ese movimiento modifica la distribución de temperaturas oceánicas y repercute sobre los patrones atmosféricos en distintas regiones.
Las mayores temperaturas del agua también pueden aportar energía adicional a determinados sistemas tropicales. Por ese motivo, conocer en detalle las condiciones existentes debajo y alrededor de una tormenta resulta importante para estimar su posible evolución.
Los datos buscan anticipar cambios rápidos
Uno de los fenómenos que más preocupa a los meteorólogos es la denominada intensificación rápida. Una tormenta puede desarrollarse durante varios días y experimentar un aumento considerable de su potencia durante las últimas 48 horas antes de alcanzar una zona costera.
La incorporación de información generada por Sentinel-6B permitirá a los modelos utilizados por la NOAA analizar el contenido de calor oceánico con mayor detalle. El objetivo es sumar esos registros a otras variables meteorológicas para perfeccionar los pronósticos sobre la evolución de los ciclones.
Contar con mayor anticipación frente a una posible intensificación puede ampliar los tiempos disponibles para emitir alertas, organizar evacuaciones y desplegar recursos. Sin embargo, los datos satelitales constituyen una herramienta más dentro de modelos que deben combinar información oceánica y atmosférica.
Un registro que también sirve para estudiar el clima
El seguimiento de El Niño no es la única finalidad de la misión. Los satélites Sentinel-6 también permiten continuar una serie histórica de mediciones del nivel del mar iniciada en 1992 con el programa TOPEX/Poseidon.
Mantener registros realizados con parámetros comparables permite estudiar cómo cambia el nivel de los océanos a lo largo del tiempo. Esa información es utilizada tanto para investigaciones climáticas como para analizar la evolución de diferentes fenómenos oceánicos.
Con los nuevos datos, NASA, ESA y NOAA buscan mejorar simultáneamente el seguimiento a largo plazo del océano y la información disponible para los pronósticos meteorológicos. El comportamiento del Pacífico durante los próximos meses será uno de los principales campos de observación mientras continúe la influencia del fenómeno climático.