Paraná

Con más de 50 años de experiencia, enseña a tejer para que la tradición no se pierda

María Luz Montiel hace más de 50 años que teje y abrió su taller para enseñar y mantener viva la tradición. María Luz Montiel presta sus máquinas a quienes quieran aprender y asegura que lo esencial no es el equipo, sino “tener ganas”.

28 de Febrero de 2026
Tejer como forma de vida: pasión, enseñanza y comunidad

El sonido rítmico de las máquinas de tejer y el color de las lanas transforman el taller en un espacio cálido, casi íntimo. Allí, María Luz Montiel construyó mucho más que prendas: forjó una vocación que atraviesa generaciones. “Mi pasión por el tejido me llena el alma. Pero además siento que mi misión es enseñar, esencialmente enseñar. Quiero que aprendan, que esto no se pierda”, expresó con convicción.

 

Comenzó a tejer a los 18 años, casi por casualidad. La máquina había sido comprada para su hermana, pero el destino cambió el rumbo. “La máquina no era para mí, era para mi hermana. Pero como ella tenía dos chicos pequeños, fui yo quien salió a aprender. Y desde ese día no la dejé más”, recordó.

Tejer como forma de vida: pasión, enseñanza y comunidad

Enseñar sin barreras

En su taller no hay grandes tecnologías ni equipos sofisticados. Las máquinas son antiguas, pero funcionan con precisión y cariño. “Son máquinas viejitas, pero no hace falta tener equipos impresionantes. Lo único indispensable es tener ganas de tejer”, afirmó.

 

Con esa filosofía abrió las puertas a quienes quieran iniciarse, sin exigir inversiones previas. “Si alguien quiere probar, puede venir. No es necesario comprar una máquina. Yo las presto en el taller. Y si después les gusta, vemos cómo conseguir una. Lo importante es que descubran lo hermoso que es crear algo con tan poco material”.

 

María Luz explicó que existen distintos tipos de máquinas, desde las más simples hasta modelos con tarjetas perforadas o sistemas computarizados. “Hoy hay máquinas muy sofisticadas, con computadora y todo. Aquí en Paraná es difícil acceder a eso. Yo no tengo ninguna de esas, pero conozco colegas que sí. Aun así, con lo que tenemos se puede hacer maravillas”, señaló.

 

Incluso recibió propuestas desde el exterior. “Desde Turquía me ofrecieron hilos y máquinas increíbles. Las veía y decía: ‘¡Dios mío, qué hermosas!’. Pero no es posible económicamente. Igual, eso no me quita las ganas. Me encanta lo que hago”, confesó.

Tejer como forma de vida: pasión, enseñanza y comunidad

Prendas para cuerpos reales

Más allá de la técnica, lo que realmente la emociona es ver a sus alumnas luciendo lo que crearon. “Lo que más me gusta es cuando una prenda le queda perfecta a alguien real. Este es un taller real, no trabajamos con cuerpos de modelo. Las chicas vienen y hacen ropa para ellas mismas”, explicó.

 

Sus ojos se iluminan cuando describe ese momento. “Cuando las veo ponerse lo que hicieron y les queda justo como querían, me encanta. No son talles ideales de pasarela, son talles reales, y eso es lo más lindo”.

María Luz Montiel

 

El proyecto tomó forma colectiva bajo el nombre “Tejiendo Luces”. Junto a su socia Inés Pautasso, dedicada al tejido y crochet, y con la reciente incorporación de Teresita Rosembrock como profesora de corte y confección, el taller se convirtió en un espacio integral de creación y recordó que quienes quieran participar del taller puede contactarse al 3436233176

Tejer como forma de vida: pasión, enseñanza y comunidad

Un refugio donde también se comparten historias

Pero el tejido no es solo técnica ni moda. Para María Luz es un refugio emocional. “El tejido es paz, es bienestar. Nos sentamos, tejemos y también nos contamos nuestras cosas. A veces lloramos, a veces reímos. Es un espacio donde compartimos la vida”, relató.

 

Cada punto es paciencia, cada prenda es dedicación y cada clase es un acto de transmisión cultural. Después de más de 50 años, María Luz Montiel sigue sosteniendo el mismo entusiasmo del primer día.

Taller Tejer