REDACCIÓN ELONCE
La Iglesia comienza el tiempo de Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza, que este año se conmemora el 18 de febrero y marca el inicio de un período de cuarenta días de preparación espiritual hacia la Pascua.
La Cuaresma constituye uno de los tiempos litúrgicos más significativos para los cristianos, ya que invita a la conversión, la reflexión y la renovación del compromiso bautismal. Se trata de cinco semanas orientadas a preparar el corazón de los fieles para la celebración de la resurrección de Cristo.
Durante la misa del Miércoles de Ceniza, luego del Evangelio y la homilía, se bendicen e imponen las cenizas obtenidas de los ramos de olivo y otros árboles que fueron bendecidos el año anterior al inicio de la Semana Santa.
El significado de la imposición de cenizas
Al colocar la ceniza en la frente de los fieles, el celebrante pronuncia una de estas fórmulas: “Conviértete y cree en el Evangelio” o bien “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”. Estas palabras subrayan el llamado a la conversión y a la toma de conciencia sobre la fragilidad humana.
El gesto externo de recibir la ceniza expresa el deseo de iniciar un camino de penitencia y renovación interior. La tradición litúrgica vincula este signo con la humildad, el arrepentimiento y la búsqueda de una vida más coherente con el mensaje evangélico.
Con el Miércoles de Ceniza comienza formalmente el tiempo de Cuaresma, que se extiende hasta el Jueves Santo, excluyendo la Misa de la Cena del Señor. A lo largo de este período se modifican algunos aspectos de la celebración litúrgica.
Ayuno y abstinencia: normas vigentes
El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo (que este año será el 3 de abril) son los dos únicos días del año en que los cristianos practican tanto el ayuno como la abstinencia.
El ayuno consiste en privarse de alimentos corporales como forma de penitencia y oración. Según la normativa vigente, quien ayuna puede realizar una comida completa y dos comidas más pequeñas que, juntas, no equivalgan a una comida completa. La obligación alcanza a los mayores de edad desde los 18 hasta los 59 años cumplidos.
La abstinencia de carne, en tanto, rige para quienes hayan cumplido 14 años. No obstante, la Conferencia Episcopal Argentina, haciendo uso de las facultades que le otorga el canon 1.253, permite reemplazar la abstinencia de carne por la abstinencia de bebidas alcohólicas o por una obra de caridad o práctica de piedad.
El camino espiritual del desierto
La Cuaresma tiene como trasfondo espiritual la imagen bíblica del desierto. Este simboliza la experiencia del pueblo de Israel tras la salida de Egipto, así como el ayuno y la oración de Jesús antes de iniciar su misión pública.
En la Sagrada Escritura, el desierto aparece como un lugar de prueba, purificación y encuentro con Dios. Jesús, luego de ayunar cuarenta días, enfrentó y venció las tentaciones de Satanás, reafirmando su fidelidad al Padre.
Estas experiencias inspiran el camino cuaresmal, tiempo en el que los cristianos están llamados a renovar la alianza bautismal y a crecer en la fidelidad a la Palabra de Dios.
Cambios en la liturgia durante la Cuaresma
Desde el inicio del tiempo de Cuaresma hasta la Vigilia Pascual, no se canta el “Aleluya” que precede al Evangelio, ni se lo menciona en antífonas o cantos litúrgicos. Esta omisión responde al carácter penitencial y sobrio del período.
Asimismo, durante estas semanas no se adornan los altares con flores y los instrumentos musicales se utilizan únicamente para sostener el canto, evitando expresiones festivas. Se exceptúan el cuarto domingo de Cuaresma, denominado “Laetare”, y las solemnidades y fiestas señaladas por la Iglesia.
Durante las cinco semanas que van desde el Miércoles de Ceniza hasta la Pascua, tampoco se celebran misas de difuntos, salvo la misa exequial y el primer aniversario del fallecimiento, que pueden realizarse en días de semana, pero no los domingos, publicó AICA.
Con el inicio de este tiempo litúrgico, la Iglesia invita a los fieles a vivir un proceso de conversión profunda, marcado por la oración, el ayuno y la caridad, en preparación para la celebración central de la fe cristiana: la Pascua.