Sociedad Prevención de las enfermedades cardiovasculares

Cinco hábitos para cuidar el corazón: claves del doctor Ariel Gómez para reducir los riesgos

Cinco hábitos para cuidar el corazón pueden contribuir a prevenir enfermedades cardiovasculares incluso antes de que aparezcan síntomas. El doctor Ariel Gómez explicó a Elonce qué cambios incorporar, cuáles son los valores que conviene conocer y por qué “el segundo mejor momento es este”.

25 de Agosto de 2026
Cinco hábitos para cuidar el corazón y reducir riesgos. (Elonce).

REDACCIÓN ELONCE

El corazón puede latir unas 100.000 veces por día sin que prácticamente reparemos en ese trabajo permanente. A partir de esa imagen, el doctor Ariel Gómez, especialista en Clínica Médica del Sanatorio Adventista del Plata, de Libertador San Martín, explicó cinco hábitos para cuidar el corazón y puso el foco en una idea central: la prevención debe comenzar antes de que aparezcan señales de enfermedad.

 

“Tenemos que aprender a cuidar nuestro corazón para que nuestro corazón nunca nos dé síntomas, que esté sano, fuerte para acompañarnos”, expresó Gómez. Según detalló, el órgano puede realizar alrededor de “100.000” latidos diarios, lo que representa aproximadamente “35 millones de veces por año”. La frecuencia cambia durante el descanso o el ejercicio, pero el corazón continúa trabajando sin que sea necesaria una acción consciente para regularlo.

 

El especialista advirtió que justamente ese funcionamiento silencioso puede llevar a subestimar los riesgos cardiovasculares. No sentir molestias no garantiza que todo esté bien. “Muchas veces el daño se va haciendo lento, progresivo, gradual y cuando tengo síntomas es un síntoma grave, con una angina de pecho, un infarto”, sostuvo. Por eso recomendó controles periódicos aun cuando la persona se considere saludable.

 

Moverse todos los días, aunque no sea posible hacer ejercicio formal

 

La actividad física apareció como la primera herramienta de prevención. Gómez reconoció que una parte importante de la población ya incorporó caminatas, bicicleta, gimnasio o algún deporte a su rutina, pero señaló que todavía existen muchas personas que permanecen gran parte de la jornada sentadas, ya sea por las características de su trabajo, falta de tiempo o ausencia de hábito.

 

“Todos los días deberíamos movernos aunque sea un poquito”, resumió. El planteo no quedó limitado a cumplir una determinada rutina deportiva. Si no resulta posible reservar 40 minutos para caminar o realizar una actividad programada, explicó, cualquier oportunidad para sumar movimiento puede resultar útil: caminar algunas cuadras, dejar el automóvil más lejos, bajarse antes del colectivo o elegir las escaleras.

 

“Yo sé que hoy no voy a poder salir a caminar porque llego tarde. Camino aunque sea una parada, si es que tomo colectivo; me bajo una parada antes, dejo el auto un poquito más lejos, subo por las escaleras. Todo detalle vale”, enumeró. De esta manera, buscó correr el ejercicio de una lógica de “todo o nada”: no poder completar una rutina extensa no significa que deba elegirse el sedentarismo.

 

La advertencia para quienes hacen deporte intenso solo el domingo

 

El médico hizo una consideración especial para las personas sedentarias que deciden comenzar a entrenar. En esos casos aconsejó hacerlo progresivamente y, especialmente cuando existen factores de riesgo o un largo período de inactividad, consultar previamente con un profesional para evaluar el estado general.

 

“Para la mayoría de nosotros que tenemos trabajos sedentarios, comenzar gradualmente. Si no lo hemos hecho, hacer una consulta médica para que nos revisen la auscultación cardíaca, un par de detalles en nuestro examen físico y algún estudio que nuestro médico nos puede pedir hace que lo podamos hacer con tranquilidad”, explicó.

 

También introdujo una advertencia destinada principalmente a quienes no realizan actividad durante la semana y concentran un gran esfuerzo físico en un partido ocasional. Con humor, Gómez lo definió como “el síndrome de Messi”: personas que permanecen sedentarias varios días y el domingo pretenden jugar dos horas al fútbol con elevada intensidad.

 

“Especialmente si tenemos unos kilitos de más, si ya sabemos que tenemos el colesterol un poquito alto, si tenemos un poquito de presión, si fumamos, a veces ese tipo de actividad física una vez por semana solamente nos puede conllevar algún riesgo”, alertó. La recomendación fue reemplazar esos esfuerzos aislados por movimiento frecuente, progresivo y adaptado a las condiciones de cada persona.

 

Más frutas y verduras y menos ultraprocesados

 

La alimentación constituyó otro de los pilares señalados por Gómez. El especialista describió una costumbre alimentaria muy arraigada en Argentina, caracterizada por una presencia elevada de carnes y pastas, y propuso ampliar considerablemente la variedad de alimentos de origen vegetal.

“Más frutas, más verduras, más legumbres, más cereales integrales”, enumeró. Entre las alternativas mencionó arroz integral, arroz yamaní, quinoa, trigo burgol y maíz, además de frutos secos. También aconsejó incorporar pescado y aceite de oliva con mayor frecuencia.

 

El objetivo, según explicó, no pasa necesariamente por establecer prohibiciones absolutas, sino por modificar progresivamente las proporciones. “Los argentinos tendemos a comer mucha carne, pero especialmente carnes rojas y pollo”, señaló. En ese marco, recomendó reducir el consumo de carnes rojas —entre ellas vacuna, porcina y ovina— y evitar que la carne constituya obligatoriamente el centro de todas las comidas.

 

El pollo tampoco debería convertirse en la única alternativa

 

Gómez se detuvo en una conducta habitual entre quienes intentan modificar su alimentación: sustituir automáticamente la carne vacuna por pollo. Aunque reconoció diferencias entre ambos alimentos, señaló que el cambio no debería traducirse simplemente en consumir pollo todos los días.

 

“Hay gente que reemplaza la carne roja por el pollo. Claramente tiene un poquito menos de contenido graso, pero cuidado por ahí también. No debemos comer carne todos los días”, sostuvo. El concepto volvió a poner el énfasis en la variedad y en una mayor participación de vegetales, legumbres, cereales integrales y pescado.

 

También aconsejó moderar algunos lácteos, particularmente los quesos. “Los quesos tienen mucho colesterol. Cuanto más estacionados, más sal, más colesterol”, explicó. A esa lista de productos cuyo consumo recomendó disminuir agregó las bebidas azucaradas y los alimentos ultraprocesados.

 

La sal mereció una consideración particular porque, como recordó durante la entrevista, no se encuentra solamente en el salero. Una cantidad significativa puede estar incorporada en productos elaborados industrialmente. Gómez recordó que la sal también se utiliza como conservante y, por ese motivo, reducir su consumo requiere prestar atención a los alimentos procesados que forman parte de la dieta cotidiana.

 

 

Dormir también es una forma de cuidar el corazón

 

La tercera gran dimensión abordada fue el descanso. Dormir adecuadamente no fue presentado solamente como una manera de recuperar energía para el día siguiente, sino como un componente de la prevención cardiovascular y metabólica.

 

“Dormir bien ayuda a nuestro corazón, lo cuida, lo mima, disminuye nuestra presión arterial, previene el riesgo de obesidad, previene el riesgo de diabetes y disminuye la inflamación”, explicó Gómez. Esa inflamación, aclaró, no necesariamente provoca dolor ni se manifiesta como la que puede observarse después de un golpe.

“Es una inflamación que nosotros no notamos. No es que nos duele como cuando nos golpeamos y se nos inflama el lugar del golpe, pero es una inflamación sistémica metabólica que está en todo nuestro organismo y que claramente, entre otras cosas, perjudica nuestras arterias y nuestro corazón”, desarrolló.

 

Horarios regulares y menos pantallas antes de acostarse

 

Entre las recomendaciones para favorecer un mejor descanso, Gómez mencionó establecer horarios relativamente regulares, reducir la exposición a pantallas antes de dormir y evitar la cafeína durante la tarde, especialmente cuando interfiere con la posibilidad de conciliar el sueño.

 

También recordó la importancia del denominado cronotipo, es decir, las diferencias individuales relacionadas con los horarios en los que cada persona tiende naturalmente a encontrarse más activa o predispuesta al descanso. Más allá de esas particularidades, el mensaje fue sostener rutinas que permitan un sueño suficiente y reparador.

 

Actividad física, alimentación y sueño aparecieron así como dimensiones estrechamente relacionadas. No se trató de recomendaciones aisladas: moverse regularmente puede favorecer el descanso; dormir adecuadamente ayuda a regular procesos metabólicos; y una alimentación equilibrada contribuye al control de factores que afectan al sistema cardiovascular.

 

La prevención, sin embargo, no termina en los hábitos que una persona puede percibir directamente. Gómez incorporó un cuarto aspecto que requiere ponerles números a variables que muchas veces pasan inadvertidas: presión arterial, glucemia, colesterol y perímetro de cintura.

 

 

Los números que conviene conocer aunque uno se sienta bien

 

“Controlar la presión arterial, muy importante”, señaló. Para las personas que habitualmente presentan valores adecuados, indicó que un control periódico permite realizar seguimiento. En cuanto a los valores de referencia, sostuvo que deben ser interpretados por el profesional de acuerdo con las características de cada paciente y remarcó que en determinadas situaciones los médicos establecen objetivos más estrictos.

A ese indicador agregó la glucemia y el colesterol. Ambos pueden evaluarse mediante análisis y permiten detectar alteraciones que no necesariamente producen síntomas durante sus primeras etapas. La recomendación general fue conocer esos números y analizarlos con un profesional, en lugar de esperar a que aparezca una molestia.

 

Pero hubo un cuarto indicador mucho más doméstico. No requiere un laboratorio ni equipamiento sofisticado: alcanza con un centímetro. Se trata del perímetro de cintura, una medida que suele asociarse principalmente con cuestiones estéticas, aunque Gómez destacó su relación con el riesgo metabólico y cardiovascular.

 

“Tomamos el centímetro que tenemos en casa de costura, exactamente en el cajoncito o en la cajita de costura, y nos medimos”, ejemplificó. Más allá de la escena cotidiana, el especialista explicó que lo importante es aquello que esa circunferencia puede representar: la presencia de grasa abdominal o visceral.

 

Por qué la grasa abdominal merece atención

 

“Si en las mujeres tenemos más de 88 centímetros o nos acercamos peligrosamente a los 88 centímetros, semáforo amarillo, consultamos a nuestro médico. Si en los varones llegamos a 102, de nuevo, luz amarilla, consultamos a nuestro médico”, indicó inicialmente Gómez durante la explicación.

 

El especialista aclaró inmediatamente que se trata de referencias generales y que las características físicas de cada individuo deben ser consideradas por el profesional. No es equivalente, ejemplificó, una persona de elevada estatura y físicamente activa que otra de menor talla y con un trabajo completamente sedentario.

 

El punto central no fue estético. “La grasa que se acumula, especialmente en la cintura, que nosotros llamamos grasa visceral, abdominal, es mucho más riesgosa para el corazón, para las enfermedades cardiovasculares, que la grasa que se acumula en la cadera”, explicó.

Gómez incluso apeló a una escena frecuente para llamar la atención sobre el problema: la “pancita” que algunos hombres comienzan a asumir con naturalidad al pasar los años. “A veces nos sentimos orgullosos de nuestra pancita después de cierta edad o lo decimos con simpatía y de manera casi jocosa. Bueno, esa grasita que está ahí en la cintura es perjudicial”, advirtió.

 

Dejar de fumar: “Todo cigarrillo genera daño”

 

El tabaquismo fue abordado sin matices. “Todo cigarrillo genera daño”, afirmó Gómez. Si bien reconoció que el nivel de exposición no es el mismo entre una persona que fuma dos cigarrillos y otra que consume 20 diariamente, sostuvo que no existe un consumo de tabaco que pueda considerarse inocuo para las arterias y el corazón.

 

“Todo cigarrillo causa daño a nuestras arterias, a nuestro corazón. Nunca es tarde para dejar de fumar, por más que hace 20, 30, 40 años que fumo”, expresó. Para quienes logran abandonar el hábito a partir de una decisión personal, recomendó hacerlo; mientras que para quienes encuentran dificultades, insistió en buscar acompañamiento profesional.

 

“Si puedo y me hace click y puedo hacerlo solo porque estoy motivado, porque tengo la fuerza de voluntad, lo hago. Si no, por favor, buscá ayuda. Hay médicos que saben mucho acerca de esto, así que lo van a poder asesorar y acompañar muy bien”, sostuvo.

 

 

El abandono del cigarrillo, agregó, puede traducirse con el paso de los años en una disminución considerable del riesgo. “Nosotros calculamos que una persona que fumó, más o menos unos 10 años después de haber dejado de fumar, entre 10 y 15 años, su riesgo cardiovascular es prácticamente igual al de alguien que no ha fumado”, afirmó.

 

El estrés y las herramientas sencillas para bajar “el ruido”

 

Dentro del último grupo de hábitos, Gómez incorporó otro componente de la vida cotidiana: aprender a manejar el estrés. Trabajos exigentes, dificultades familiares y diferentes problemas pueden generar períodos en los que la tensión cotidiana comienza a superar la capacidad habitual de afrontamiento.

 

Para esos momentos enumeró herramientas accesibles. “Las caminatas, los deportes, los hobbies, la buena lectura, el trabajo en la tierra”, mencionó. Y se detuvo particularmente en una actividad: “Qué terapéutica es la jardinería”.

 

Los momentos de descanso durante el día, leer, conversar con un amigo o compartir una reunión familiar también fueron señalados como formas de disminuir la tensión. “Siempre son elementos que nos ayudan a todo ese ruido que vamos teniendo a lo largo del día para poder bajarlo y que no nos haga daño físico”, expresó.

 

El ejercicio reapareció en este punto como un hábito capaz de actuar sobre distintos factores al mismo tiempo. Ante la consulta sobre si las caminatas pueden colaborar en el control del colesterol, respondió: “Ayuda muchísimo”. Y agregó: “La actividad física, la alimentación influye mucho. Hay un factor genético que no lo podemos controlar, pero allí está”.

 

El peligro de confiarse porque no existen síntomas

 

Uno de los conceptos más importantes de la entrevista apareció al momento de derribar mitos. Ante la idea de que una persona sin síntomas necesariamente tiene un corazón sano, Gómez fue categórico: “No, ese es un mito claramente. No necesariamente”.

 

La enfermedad cardiovascular puede desarrollarse durante años sin manifestaciones evidentes. “Muchas veces el daño se va haciendo lento, progresivo, gradual y cuando tengo síntomas es un síntoma grave, con una angina de pecho, un infarto. Entonces, aunque no tenga síntomas, una consulta periódica nos ayuda muchísimo”, insistió.

 

Ese carácter silencioso también se observa con la hipertensión. Gómez descartó que el dolor de cabeza sea un indicador confiable para determinar si la presión arterial está elevada. “No puedo decir que estoy estable porque no tengo dolor de cabeza”, remarcó.

 

Según explicó, para que aparezca una cefalea vinculada con la presión pueden intervenir valores muy elevados y las características particulares de la persona. Incluso hay pacientes que se acostumbraron a registros altos sin advertir síntomas claros. Por ese motivo, la única forma de conocer la presión es medirla y realizar el seguimiento correspondiente.

 

Las mujeres también pueden sufrir enfermedades cardiovasculares

 

Otro de los mitos abordados fue la idea de que los infartos constituyen fundamentalmente un problema masculino. Gómez aclaró que las mujeres también presentan enfermedad cardiovascular, aunque las diferencias entre ambos sexos varían según las etapas de la vida. “Los hombres hasta los 50 años somos, digamos, hay una tasa mayor de enfermedad cardiovascular”, explicó. En las mujeres, señaló, durante la edad fértil existen factores hormonales que modifican ese riesgo relativo.

 

Sin embargo, advirtió que esa diferencia disminuye con el paso de los años. “A partir de los 50 las tasas se igualan, así que no es excusa para no cuidarse desde ahora”, señaló. El mensaje volvió a ser preventivo: no esperar a determinada edad para comenzar a modificar los factores de riesgo.

 

La misma advertencia alcanzó a los jóvenes. Aunque estadísticamente tengan un riesgo menor que los adultos mayores, Gómez planteó que los estilos de vida actuales pueden favorecer la aparición temprana de problemas que antes eran menos frecuentes en esas edades.

 

Sedentarismo y ultraprocesados, también entre los jóvenes

 

“Los jóvenes tienen menos riesgo, pero claramente en nuestra vida sedentaria, con muchos ultraprocesados, con mala alimentación, aquellos que fuman más todavía, no ayuda en nada”, sostuvo el especialista.

El médico señaló que esa combinación puede generar factores de riesgo “desde edades en las cuales antes no encontrábamos problemas cardíacos”. Por ese motivo, insistió en que la prevención cardiovascular no debe comenzar cuando llega un diagnóstico, sino mucho antes.

La propuesta planteada por Gómez no consistió en transformar completamente la rutina de un día para otro. La caminata que reemplaza un trayecto corto en automóvil, una fruta que empieza a ocupar el lugar de un ultraprocesado, una mejor rutina de sueño, un control de presión o la decisión de pedir ayuda para dejar el cigarrillo pueden constituir puntos de partida.

 

El especialista buscó así convertir conceptos médicos en decisiones cotidianas. El centímetro para medir la cintura, las escaleras en lugar del ascensor, el auto estacionado unas cuadras más lejos o una conversación con un amigo frente a una jornada estresante fueron algunas de las imágenes concretas con las que describió la prevención.

 

“El segundo mejor momento es este”

 

Sobre el cierre llegó una pregunta que condensó toda la conversación: cuál es el mejor momento para empezar a cuidar el corazón. Gómez respondió inicialmente mirando hacia atrás. “El mejor momento es hace 10, 15, 20, 30 años atrás, depende de la edad de cada uno. Ese es el mejor momento para haber comenzado a cuidar su corazón”, reflexionó.

Pero inmediatamente completó la idea con el mensaje que sintetizó la entrevista: “Pero si de alguna forma no lo hizo, el segundo mejor momento es este”. “Si esta charla gatilla en nosotros alguna curiosidad y nos predispone a cuidar a partir de ahora, siempre nuestro corazón va a estar agradecido por eso”, añadió.

 

La síntesis quedó expresada en acciones conocidas, aunque no siempre incorporadas a la rutina: “Caminar, moverse, comer sano, dormir de manera saludable, controlar con ayuda de nuestro médico esos valores que ya acabamos de mencionar”. Y sumó las dos últimas recomendaciones dentro de un mismo objetivo: “No fumar y buscar los elementos necesarios para mantener nuestro estrés en una situación razonable”.

 

No se trata, según quedó planteado durante la entrevista, de esperar una advertencia del organismo para reaccionar. El corazón puede continuar latiendo silenciosamente unas 100.000 veces cada día mientras determinados factores de riesgo avanzan sin señales evidentes.

La prevención empieza justamente allí: cuando todavía no duele, cuando todavía no hay síntomas y cuando todavía existe margen para incorporar hábitos capaces de proteger la salud cardiovascular.

Cinco hábitos que protegen el corazón: recomendaciones del doctor Ariel Gómez
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